Rafael y Celestina: Misión Pedagógica del Marginado

Celestina (Afroféminas)

Iraida Pizarro Figueroa, AETH

Cuando usamos nuestra influencia o cuando estamos oficialmente sentados en lugares de influencia y/o poder, traemos estos prejuicios con nosotros y afectan nuestra toma de decisiones para que asignemos menos o nada a aquellos grupos que no son como nosotros, en particular los que son brown y negros. Es a este punto que nuestro prejuicio se ha convertido en racismo porque hay un poder detrás del prejuicio que impide que los recursos lleguen a aquellos que son de las razas negras. Esta es una injusticia sistémica.

En el año 2013, se aprobó en las Naciones Unidas la resolución 68/237 mediante la cual se Proclama el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, a partir del 1 de enero de 2015 y culminando el 31 de diciembre de 2024, bajo el tema “Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo”. Este es uno de los muchos foros donde se expone la necesidad de revisitar la historia, no tan solo para analizarla desde las distintas perspectivas sino para hacer visibles a tantos seres humanos que por su condición social o por discrimen de raza, etnia o género fueron invisibilizados, no tomando en cuenta la riqueza y aportación cultural en la vida de los pueblos. La educación, producto de la colonización, ha sido parte del problema. La misma se convirtió en plataforma no tan solo para decidir quienes tenían derecho a educarse y quienes no, sino que también promulgaba la supremacía de la raza blanca como fuente de todo conocimiento y capacitad intelectual, discurso que nos encadena hasta nuestros días. Aún en medio de esa realidad, resurgen las historias mujeres y hombres que, contra viento y marea, y con su fe y convicciones puestas en Dios, le hicieron frente a los males sociales que aquejaban a sus pueblos.

Rafael Cordero Molina

Fue en la ciudad de San Juan, Puerto Rico, donde a principios del Siglo 19, una pareja de hermanos, hijos de esclavos libertos, encontraron en la educación basada en la fe, la manera de formar y educar a nuevas generaciones en las bases de la igualdad y la libertad de los seres humanos en medio de una sociedad esclavista. Sus nombres, Celestina Cordero Molina (1787-1862) y su hermano, Rafael Cordero Molina (1790-1868), este último conocido como el “Padre de la Educación Pública de Puerto Rico”. De sus padres, heredaron el amor por el aprendizaje a través de la lectura y la necesidad de una vida basada en la fe cristiana la cual daría a los puertorriqueños una visión de una sociedad de libertad e igualdad para todos. Es importante mencionar que, para esa época, la educación pública en Puerto Rico estaba reservada únicamente para los varones blancos que vivían en áreas urbanas. Pero en Celestina y Rafael ardía la pasión y el sentido de justicia social y decidieron emprender una misión muy particular desde las mismas salas de sus casas. En 1810, el maestro Rafael decide abrir una escuela para varones negros y mulatos en el pueblo de San Germán a quienes se les tenía prohibido asistir a la escuela por su condición racial y social. Una década más tarde, en el 1820, Celestina, decide abrir una escuela para educar niñas de todas las razas para que salieran del analfabetismo al que estaban destinadas.

Dos cosas sorprenden de estos educadores afrocaribeños son las siguientes. En primer lugar, fueron los primeros en poner en práctica un sistema educativo ser libre de cualquier discrimen por lo que en la matrícula estaba compuesta de niños y niñas de diferentes razas y clases sociales. En segundo lugar, su propuesta educativa iba dirigida a la libertad holística del ser humano no conformándose con la alfabetización de los marginados y discriminados, sino que diseñaron una propuesta curricular cuyo objetivo era la formación integral del ciudadano y que todos tuvieran derechos y espacios en la sociedad. Por tal razón, en la escuela del Maestro Rafael, al esfuerzo de alfabetización se le añadieron programas de lectura, caligrafía, aritmética, civismo y doctrina cristiana pues era en esta última, donde se fomentaba la paz y la justicia. El producto de tal gesta curricular, se encuentra la contribución de varios de sus discípulos quienes luego se convirtieron en próceres de nuestra patria entre los cuales hay escritores y abolicionistas entre otros. Este fue el caso de varios de nuestros próceres como el “Patriarca de la Literatura Puertorriqueña” Alejandro Tapia y Rivera, el político y líder abolicionista, José Julián Acosta y Calbo y el líder autonomista y abolicionista Román Baldorioty de Castro. Fue a través de esa educación primaria y secundaria impartida por el Maestro Rafael que esas nuevas generaciones lucharon por la identidad y libertad una nación que luchaba por librarse no solo del efecto colonizador español, sino que se unía al clamor y lucha mundial en la erradicación de las leyes y prácticas esclavistas. Pasaron varias décadas antes de que los hermanos Cordero Molina fueran reconocidos como educadores. Celestina fue nombrada maestra 15 años después de la fundación de su escuela mientras que a Rafael le fue otorgado el título de “Maestro Incompleto” luego de 50 años en el ejercicio de su vocación y misión. A ambos, el final de sus días les llegó sin el reconocimiento gubernamental y poco son los documentos que registran sus aportaciones a la visión y currículo educativo. No existen fotos de Celestina y Rafael, solo una pintura del Maestro Rafael pintada por el ilustre Francisco Oller. Es solo cuando revisitamos la historia que podemos encontrarnos con esos gigantes de la fe y de la patria.

Educación teológica que trasciende la religión

En un momento donde nuestra sociedad está tan segregada de acuerdo con las razas, género, condición social, y hasta vacunados y no vacunados, es posible crear espacios educativos movidos por el amor, la justicia y la paz. El espacio educativo que se abre desde la teología cristiana debe ser uno donde el Reino de los Cielos sea encarnado. Es un espacio sagrado que desafía cualquier ley y práctica que no refleje los valores ejemplificados por nuestro Señor Jesucristo. Para lograr esta visión de educación teológica, es necesario analizar en las prácticas doctrinales y ministeriales que promueven y validan los discursos discriminatorios. Así como los hermanos Cordero Molina abrieron las salas de sus hogares, los espacios de educación teológica deben ser considerados espacios donde todos sean bienvenidos, incluyendo aquellos que forman parte de los grupos no discriminados. Una vez esparcida la fama de la formación que tenían los alumnos del Maestro Rafael, familias adineradas le rogaban aceptara a sus hijos como sus discípulos. No hay espacio para el resentimiento pues la educación teológica debe tener un efecto liberador en toda la comunidad educativa.

Entonces, ¿qué relevancia tiene el reconocer el rol de la educación teológica en el contexto histórico-social? Esto quiere decir, que es posible que se desarrolle, promueva y se le dé el lugar que corresponde a la teología cristiana desde la perspectiva hispana, cuya aportación histórica es una rica y abundante. Por tal razón, es necesario revisitar la historia cristiana para traer a la luz todos esos educadores cristianos que nos precedieron pagando un precio muy alto y el discurso discriminatorio los ha invisibilizado. Además, hay que revisitar la visión la educación teología hispana y pedir al Señor la revelación necesaria para provocar los cambios de contenido curricular tan necesarios para la transformación y redención de nuestros pueblos. Es por esto por lo que uno de los objetivos principales de la educación teológica hispana es la formación de un estudiantado teniendo en cuenta que es a través de esta que se están formando los futuros pastores, líderes ministeriales, y teólogos entre otros, quienes en sus diversos contextos tendrán que lidiar con las distintas manifestaciones del discrimen. En conclusión, en la celebración del decenio y mes del reconocimiento de la aportación afrodescendiente en nuestra sociedad debe invitarnos a levantarnos de los discursos que nos minimizan y silencian y de maneras osadamente creativas aceptar la convocatoria que nos hace Dios para alcanzar la justicia social a través de la educación. La obra de los maestros Celestina y Rafael Cordero Molina, traen un rayo de esperanza en el esfuerzo de la educación teológica hispana, pues apunta a la posibilidad de trazar y de ejecutar un plan educativo desde la perspectiva de aquellos que somos marginados y discriminados.

Fuente: https://www.aeth.org/noticias?language=spanish

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