Que nuestros rostros sean duros como el pedernal ante la barbarie reinante

CharlieHebdo

ESPAÑA

Por Ignacio Simal Camps

Ayer sentíamos dolor y estupefacción ante la noticia del acto terrorista perpetrado en Francia contra la revista “Charlie Hebdo”. Durante semanas y meses vamos escuchando las sangrientas tropelías de “Isis”, o de “Boko Haram” secuestrando, violando y asesinando a seres humanos por el mero hecho de pensar y creer diferente.

En otro orden de cosas, hace un par de semanas, Caritas alertaba de la cronificación de la pobreza en el Estado español. Amén de infinidad de situaciones que claman al cielo, como los diferentes recortes en derechos sociales que estamos padeciendo en este país. Y así podríamos seguir uniendo cientos de cuentas hasta formar un gran rosario del dolor social que nuestro mundo padece.

Y en el trasfondo que acabo de esbozar someramente, nos sale al encuentro la voz del antiguo profeta hebreo cuando escribe, “el Señor ha visto disgustado que ya no existe el derecho; ha visto asombrado que nadie pone remedio”(Isa. 59:15b-16a BTI). Isaías, el profeta que escribió las líneas transcritas, hace suyos el disgusto y asombro de Dios ante la espiral de violencia e injusticia social que los habitantes de nuestra aldea global sufren en su carne. Y como afirma el profeta, “nadie pone remedio” a tan grave situación.

No es de extrañar que el apóstol Pablo escribiera, “la ira de Dios se abate desde el cielo sobre la impiedad y la injusticia de quienes, actuando inicuamente, cierran el camino a la verdad” (Rom. 1:18 BTI). La ira de Dios se pone de manifiesto a través de su grito de disgusto ante la impiedad y la injusticia que impiden que la verdad actúe de forma liberadora para el ser humano. Ya dijo Jesús de Nazaret que si los seres humanos entráramos en comunión íntima con la Verdad, experimentaríamos la libertad de los padecimientos que sufrimos, y que circulan sin cortapisas por todas las fronteras de nuestro mundo.

¡Toda la creación gime a una! (Rom. 8:22), y su gemido se traduce en palabras que suplican liberación diciéndole a nuestro Señor, “¡oh! si rompieses los cielos, y descendieras” (Isaías 64:1a RVR1960) trayéndonos el mundo nuevo que anhelamos. Señor, danos la fuerza que nos permita hacer nuestro tu disgusto, y actuar en consecuencia como agentes de paz y justicia en medio de los diferentes ámbitos en los que nos movemos. Ayúdanos a dejar a un lado la cobardía, y haz que nuestros rostros sean duros como el pedernal en medio de la denuncia-lucha ante la barbarie social reinante.

Soli Deo Gloria

El autor es pastor y comunicador. 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *