Umbanda, religión y resistencia

BRASIL

Por Paolo Moiola para Noticias Aliadas

Sobre la puerta de entrada, en la pared verde, reza la inscripción: “Casa de Productos de Umbanda São Jorge”. En el interior, los estantes están repletos de inciensos y productos naturales para propiciar todo género de propósitos (desde amor hasta dinero), y estatuas de varias dimensiones con los rasgos de santos católicos o de otras personas.

En Floriano, pequeña ciudad del estado de Piauí, en el nordeste, hay dos tiendas que venden artículos para la umbanda. Sin embargo, según las estadísticas oficiales o simplemente las respuestas de la gente, las personas que siguen esta religión en Brasil serían muy pocas.

Tampoco es fácil identificar un terreiro, el lugar donde se celebran las ceremonias. Ademar José Soares, un hombre de 76 años con una vitalidad muy por encima de lo esperado para su edad, organiza en su casa ubicada a pocos metros de la orilla del río Paranaíba, el bumba-meu-boi, una notable fiesta popular de antigua tradición. Ademarzinho Soares es un pai-de-santo, responsable de un terreiro de la umbanda.

Religión sincrética por excelencia, la umbanda es considerada monoteísta —Dios es llamado Olurum o Zâmbi—, aún si la creencia en orixás (de derivación africana) y en los elementos de la naturaleza (heredada del panteísmo indigenista) podría hacer pensar lo contrario. Así, se cantan el Padre Nuestro y el Ave María. La umbanda tiene incluso fecha de nacimiento: 1908, en Rio de Janeiro.

Ya sea por los rituales especiales o por la tipología de los seguidores, o incluso por legados históricos malinterpretados —la esclavitud, en particular—, la umbanda y las religiones afrobrasileñas en general son todavía hoy miradas con recelo. O hasta con odio por algunas denominaciones cristianas.

“Por ser religiones del trance, del culto de los espíritus y en algunos casos de los sacrificios de animales, se les ha asociado con estereotipos como ser ‘magia negra’, supersticiones de gente ignorante, prácticas diabólicas”, escribió la historiadora Alessandra Amaral Soares Nascimento en el artículo “Candomblé e umbanda: praticas religiosas da identitade negra no Brasil”, publicado en la Revista Brasileira de Sociologia da Emocão  en diciembre del 2010.

Cabe mencionar que los cultos africanos llegaron a este país latinoamericano con los esclavos durante un periodo de más de 300 años. En Brasil, la práctica del esclavismo duró —al menos oficialmente— de 1559 a 1888.

Como señala Soares Nascimento, “el esclavo debía ser bautizado dentro de un máximo de cinco años después de su llegada a Brasil”. Se trataba esencialmente de la aplicación práctica del principio “Cuius regio, eius religio”, es decir, la obligación del esclavo de conformarse a la religión del amo.

Forma de resistencia
Las religiones afrobrasileñas se desarrollaron entonces como una forma de “resistencia” a las imposiciones de los amos blancos y como afirmación de la propia identidad. La umbanda es una evolución a la luz del orgullo de “ser brasileño”, es decir, una mezcla de blanco, negro e indígena.

Según Reginaldo Prandi, otro estudioso y especialista en religiones afrobrasileñas, “silenciosamente, hoy asistimos a una verdadera masacre de las religiones afrobrasileñas”. Un hecho muy grave, explica el profesor de la Universidad de São Paulo, porque su contribución “a las diversas áreas de la cultura brasileña es riquísima”.

Aparte de las consideraciones de los estudiosos, vale la pena recordar las palabras de Gilberto Gil, uno de los más notables músicos brasileños, que en una estrofa de una canción escribe: “Cuando los pueblos del África llegaron aquí / no tenían libertad de religión. / Adoptaron al Señor de Bonfim / tanto por resistencia como por rendición”.

Con la colaboración de la biopedagoga Rosa Maria Duarte Veloso

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