Las mujeres y la reforma protestante desde América Latina: diálogo con Rute Salviano Almeida, historiadora brasileña

Rute Salviano Almeida

Rute Salviano Almeida

Por Leopoldo Cervantes-Ortiz-

Rute Salviano Almeida nació en Belo Jardim, Pernambuco, Brasil. Casada, con tres hijos, es miembro de la Iglesia Bautista de Cambuí, en Campinas. Fue profesora de la Facultad Teológica Bautista de Campinas por casi 20 años. Es licenciada en Estudios Sociales, licenciada en Teología (especializada en Educación Cristiana), maestra en Teología (énfasis en Historia de la Iglesia) y posgraduada en Historia del Cristianismo por la Universidad Metodista de Piracicaba (Unimep).

Fue redactora de las revistas Celebrando o centenário, conmemorativa de los 100 años de la Primera Iglesia Bautista de Campinas, y de la Celebrando o passado, desafiados pelo futuro, conmemorativa de los 80 años de la Iglesia Bautista de Cambuí.

Ha publicado poemas en la Editorial Litteris. Escribió el libro Una voz femenina en la Reforma. La contribución de Margarita de Navarra a la reforma religiosa (2010), Una voz femenina sometida por la Inquisiçión: la religiosidad al final de la Edad Media. Las beguinas y Margarita Porette (2012), y Voces femeninas en los inicios del protestantismo brasileño. Esclavitud, imperio, religión y el papel femenino, 2014, por la Editorial Hagnos (São Paulo).

Su sitio web personal es: http://rutesalviano.com.br. Tres entrevistas con ella pueden leerse en: http://rutesalviano.com.br/category/entrevista.

Estimada Rute, háblenos de usted, de su experiencia como creyente bautista.

Nací en un hogar cristiano. Mi padre era un hombre temeroso de Dios que fue expulsado de casa por su conversión al Evangelio de Cristo. Pero, gracias a Dios pudo ver a toda su familia convertida. He vivido mucho tiempo en São Paulo, donde a partir de los 10 años, cuando fui bautizada, sentí alegría por participar en toda la obra de la iglesia. A los 13 años ya era maestra de niños, y ya más grande, ocupé otros puestos. Me encanta la iglesia bautista: sus doctrinas sólidas basadas en el Nuevo Testamento, su bautismo sólo después de una declaración personal de fe y su autonomía administrativa.

Díganos cómo surgió su vocación de historiadora, especialmente en el ámbito religioso protestante.

Cuando me mudé a Campinas, ya casada y con hijos, tuve la oportunidad de enseñar en el Colegio Teológico Bautista de la ciudad. Ya tenía un título en Estudios Sociales, suficiente para enseñar mi primer curso de historia sobre los bautistas. A continuación, hice una licenciatura en Teología y también enseñé otros temas. Me enamoré de la historia del cristianismo, pero siempre echaba de menos los relatos del sexo femenino. De modo que, al iniciar los cursos de maestría, decidí investigar más sobre ese tema y escribí una tesis sobre el papel de la mujer en la Reforma Protestante. De allí surgió mi primer libro, Una voz femenina en la Reforma. Puedo decir que soy una historiadora de la iglesia, sólo por ser protestante, debido a que esta es la historia que me apasiona, pues presenta los acontecimientos y personajes que hicieron la historia del cristianismo.

En su larga experiencia como docente, ¿considera usted que a las iglesias les interesa profundizar en lo sucedido en la historia anterior de las mismas?

Por desgracia, no. Ni las iglesias en su conjunto, ni las personas tienen interés en el pasado, con raras excepciones. Muchos ven la historia pasada como algo que ya ha ocurrido y que no les dice nada. Falta la visión de la función pedagógica de la historia, percibir cómo podemos aprender de ella y cómo podemos enriquecer nuestro presente y mejorar nuestro futuro con una comprensión de lo que hicieron nuestros antepasados. Escribí revistas sobre la historia de nuestras iglesias: Celebrando el Centenario, que conmemora el centenario de la Primera Iglesia Bautista de Campinas, y Celebrando el pasado, desafiados ante el futuro, en conmemoración del 80º aniversario de la Iglesia Bautista de Cambuí, mi comunidad actual. Fue impactante la visión de los logros de nuestros fundadores y de todo lo realizado, pero el acto se convirtió en una conmemoración restringida a la temporada y un recuerdo bastante fugaz.

 Vemos que ha estudiado concienzudamente la historia de la Reforma Protestante. ¿Cuál considera usted que es su vigencia ahora que se acercan los 500 años de sus inicios?

Me alegra ver que la Reforma sigue siendo relevante para la mayoría de los protestantes. En Brasil, tenemos iglesias y movimientos que celebran todos los años este movimiento. Tuve la alegría de participar en el primer Congreso “Reforma Hoy”, en Caruaru, Pernambuco (mi estado natal) en octubre del año pasado. Fue un evento muy bueno pues llevó a mucha gente a celebrar la Reforma, y en especial a ser conscientes de la importancia de la gracia de Dios que otorga la salvación sólo en Cristo y es sólo mediante la fe, dado que solamente la Biblia es la Palabra de Dios y sólo a él se debe todo honor y gloria. Sin la Reforma, sabemos que no podríamos existir como iglesias.

livro-uma-voz-feminina-calada-pela-inquisicao-193x300 ¿Cómo inició su interés en las mujeres relacionadas con la Reforma Protestante?

Siempre me ha apasionado la Reforma, pues cuando tenía que hacer alguna prueba para enseñar en las escuelas seculares, elegía este movimiento como tema. Vibro mucho al leer acerca de cómo Dios guió a aquellos hombres tan valientes en sus cargos eclesiásticos a dejar todo por la simple fe en el Evangelio. Me emociona leer las historias de cómo, sólo leyendo la Biblia, sus ojos se abrieron a para verse por sí mismos los errores de la Iglesia, y sobre todo para entender la maravillosa gracia de Dios. Así que, al empezar mis estudios de posgrado, ya tenía la convicción de que la época que estudiaría sería la de los inicios de la era moderna y el movimiento de Reforma. Las mujeres surgieron ante mí como algo natural. Advertí que hacían falta relatos sobre ellas. Los historiadores positivistas, cuyos libros se utilizan más, no hablan nada sobre ellas. Algunos las citan únicamente cuando están asociadas a hombres poderosos. Necesitaba descubrirlas, me urgía conocerlas y eso fue lo que hice.

La figura de Margarita de Navarra, a la que dedicó usted un libro completo, no es muy conocida en América Latina. ¿Cómo la presentaría usted a las lectoras evangélicas?

Cuando “descubrí” a Margarita de Navarra, me quedé impresionada. A pesar de que era profesora de historia del cristianismo, no sabía nada al respecto. Estaba preparando una conferencia sobre Calvino y encontré a este maravilloso personaje, porque fue ella quien dio cobijo al reformador cuando huyó de la persecución en Francia. La presento como una mujer humanitaria, alguien a quien se le dio el título de “primera ministra de los pobres”, a pesar de que era la reina de Navarra. También la presenté como una escritora creativa. En una época tan inmoral, cuando la corte francesa se deleitaba con la lectura de los cuentos del Decamerón, de Boccaccio, ella escribió el Heptamerón, en el que denunció a los clérigos inmorales, por lo que se arriesgó a ser asesinada. Ése fue su recurso, introducir la moralidad, el modelo bíblico para un público que no leía la Biblia. Al final de cada cuento puso un comentario, un versículo de la Biblia. La presenté, además, como hija, hermana, esposa y madre dedicada, una mujer como nosotros. Se apegó mucho a los suyos, independientemente de sus defectos. Y finalmente la presenté como una reformadora que luchó por la causa, creando en su reino un ambiente propicio para el movimiento. Dio refugio a perseguidos reformadores, solicitó y consiguió de su hermano Francisco I, rey de Francia, a quien Calvino dedicó la Institución, el perdón y la cancelación de muchos procesos, incluyendo del propio Calvino, con quien mantuvo correspondencia. En su reino de Navarra, la cena se distribuía en sus dos partes, los sacerdotes podían casarse y llevaban ropa de calle, además de que el idioma para el culto no era el latín, sino el de la gente. Cuando murió, el tributo más importante que se le ofreció fueron las lágrimas derramadas por su pueblo alrededor de su tumba.

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También ha estudiado a las beguinas y, en particular, a Margarita Porette. ¿Qué importancia tienen movimientos femeninos como ése en la historia de la cristiandad en general?

Me encontré con las beguinas al final de la Edad Media, personajes sobre las que trata mi libro Una voz femenina sometida por la Inquisición. Las beguinas eran intensamente religiosas. Querían servir a Dios, no enclaustradas, sino en el servicio a los demás. Se reunieron en pequeñas casas llamadas beguinarias, donde daban la bienvenida a los grupos más necesitados, enfermos y despreciados por la sociedad, como las prostitutas y los leprosos. Fueron pastoras de rebaños sin pastor. Alimentaron el cuerpo, se hizo cargo del físico y también del alma, enseñando la Palabra de Dios en su idioma. Esto fue considerado un sacrilegio porque el lenguaje permitido para el mensaje sagrado era solamente el latín. Y, por escribir y predicar en el idioma de la gente fue la beguina itinerante Margarita Porette fue acusada por la Inquisición y llevada a la hoguera. Ella escribió el Espejo de las almas simples y aniquiladas por amor a Dios, que describe la trayectoria de un alma hasta la aniquilación total. Eran ideas contrarias a la predicación de la Iglesia e incluso contrarias a nuestra propia comprensión y a la posterior predicación de la Reforma sobre la salvación por la fe y no por obras. Para Porette, había que hacer un esfuerzo, un camino a seguir para que la persona alcanzase la salvación. No era un mensaje ortodoxo, pero tampoco debió ser razón para un castigo tan severo. Pero esa época fue de fuerte persecución contra todo pensamiento rebelde. Su libro fue quemado, y a ella se le prohibió difundir su mensaje, pero no obedeció y fue quemada por no retractarse de sus creencias. Serenamente llegó hasta la hoguera y muchos lloraron al verla en sus últimos momentos.

Sobre otra de sus obras, ¿qué conclusiones obtuvo usted luego de estudiar las “voces femeninas en los inicios del protestantismo brasileño”, tal como se titula su libro?

Mi tercer libro fue sobre Brasil, mi país, acerca del período del emperador Don Pedro II, sobre la esclavitud, y el difícil inicio del protestantismo: persecuciones, discriminación, epidemias y tantas otras cosas que sirvieron para desalentar a los menos constantes. Sin embargo, las mujeres que se estudian allí cumplieron ampliamente sus papeles como educadoras, esposas de pastores, evangelistas, misioneras a la gente del campo y de los indígenas, investigadoras, maestras de música, etcétera. Enfrentaron con fe la pérdida de hijos y de maridos, enfermedades, inundaciones, dificultades financieras, largas distancias a recorrer en lomos de caballos, barcos, etcétera, a fin de llevar el Evangelio. Creo que quienes aprenden más sobre esta historia son los investigadores. He aprendido mucho de estas mujeres. Aprendí a tener más fe, a no desanimarme tan fácilmente, a centrarme y desarrollar el don espiritual otorgado por Dios. Y aprendí que la vida en comunión con Dios es lo más preciado que tenemos en esta vida terrenal y que es lo que nos garantiza la paz, la alegría y la fe, mucha fe. Llegué a la conclusión de que las verdaderas cristianas sólo necesitan la autorización de Dios para llevar a cabo con excelencia sus ministerios. Ellas no buscan títulos, posiciones prominentes ni nada que las haga destacar aquí en la tierra. Como ciudadanas del cielo, buscan la santificación y están dispuestas a ayudar a los necesitados de cuerpo y alma.

¿Considera usted que algunas de esas mujeres pioneras pueden ser modelos para las mujeres evangélicas de la actualidad?

No hay duda. Estoy muy feliz, al comenzar a divulgar este libro, porque mi objetivo al escribirlo se está cumpliendo totalmente. Lo que deseaba al investigar y escribir, y todavía anhelo ardientemente, era exactamente eso: que las vidas de nuestras pioneras sirvan de inspiración y modelo para otras mujeres. La semana pasada recibí un mensaje de una lectora que presentó algunos personajes en un “Café de mujeres” y dijo que había sido un momento muy inspirador. Gracias a Dios, estoy desempeñando un papel asignado por Cristo al hablar de la mujer que lo ungió: “De cierto os digo: dondequiera que se predique en todo el mundo este Evangelio, también se contará lo que ella hizo, en memoria suya” (Mateo. 26.13). Cuento historias de mujeres cristianas, investigo y escribo sobre ellas para mantener vivo su recuerdo y como fuente de inspiración para todos los que vivimos en este siglo.

Finalmente, ¿qué le diría usted a las mujeres cristianas que en los diversos países latinoamericanos están en busca de identidad para consolidar una mayor presencia en el ámbito eclesial y pastoral?

Déjeme hablar primero de los libros que aún no han sido publicados. Para completar la serie “Voces femeninas en la historia del cristianismo”, falta el de Voces femeninas en el comienzo del cristianismo, que ya está escrito y se publicará en 2017, al que le seguirá Voces femeninas en los avivamientos, que aún estoy preparando. Bueno, lo que puedo decir a nuestras queridas mujeres a las cuales admiro mucho por la fe, por los servicios prestados a sus iglesias y porque no se desaniman, no importa cuáles sean las circunstancias.

Quiero decirles, amadas hermanas, que al aprender con la historia, con todo lo que ya hicieron aquellas que nos precedieron en el servicio del Reino, tengo una sola interpretación: independientemente de cualquier cosa, las mujeres entendieron que importa más obedecer a Dios que a los hombres. Las mujeres de los inicios del cristianismo no fueron destacadas sino hasta que colaboraron incluso en la traducción de la Biblia al latín, la Vulgata; Paula y Eustoquia fueron auxiliares competentes de San Jerónimo. Las mártires dieron sus vidas con alegría porque para ellas lo que importaba era ser reconocidas como cristianas.

Las mujeres de finales de la Edad Media que fueron perseguidos e incluso quemadas por la Inquisición, estaban preocupadas por socorrer a los más necesitados, por darse a sí mismas, por amar, y con ello demostraron que eran discípulas de Cristo. Las más eruditas en la época de la Reforma, que tuvieron acceso a los nuevos conocimientos, difundieron la fe cristiana en su forma más pura y con gran creatividad. Margarita de Navarra dijo que ansiaba una religión de amor, y que ella no le gustaban las discusiones ostentosas. Las mujeres son diferentes, sus discursos y escritos son diferentes, pero también presentan las buenas nuevas. Las mujeres de un pasado más reciente, pioneras en países que aún no conocían el protestantismo, entregaron sus vidas para evangelizar y civilizar a otros pueblos.

Todos ellas nos inspiran y nos dejaron una importante lección: “Mujer, no entierres tu talento, si se le impide ejercer su don espiritual por cualquier razón, sabe que Dios te dará la oportunidad de hacerlo, de acuerdo con su voluntad. Recuerda que su voluntad es buena, perfecta y agradable. En el tiempo de Dios y, por tanto, en el momento adecuado, creo que se abrirán más puertas para nosotros para ejercer nuestra vocación y sin tantos impedimentos. Si las puertas de nuestras iglesias se cierran para que el cuerpo de Cristo pueda ser construido por medio de nosotras, no te aflijas, Dios conoce todas las cosas y solamente en la eternidad será aquilatada la pérdida, el daño producido por la falta de libertad en el ejercicio de los dones espirituales dados también para todos los creyentes en Cristo. Dios es quien nos capacita, y a él se debe dar todo honor y gloria. Alegrémonos en Él y busquemos su gracia, que es suficiente para nosotras y su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Que Dios las bendiga”.

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