Menonitas alivian a víctimas del conflicto armado

Pablo_Stucky_Coordinador-CEAS

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COLOMBIA-

Por Angela Castellanos Aranguren- 
Bogotá, agosto (SEMlac).- Con la finalización de las negociaciones de los Acuerdos de Paz entre el gobierno de Colombia y las FARC, la mayor guerrilla de este país, se conoció el texto final, en el cual se establece como una de las medidas de reparación integral de las víctimas la ampliación y fortalecimiento de las estrategias de atención psicosocial.

Son seis millones 800.000 las personas que se han visto forzadas a desplazarse para poner a salvo su vida o la de sus hijos, según la autoridad gubernamental Unidad para las Víctimas.

De estas, casi cuatro millones son mujeres y cerca de un millón y medio menores de 18 años; en su mayoría campesinas que tuvieron que dejar sus parcelas tras vivir hechos violentos por parte de los diversos grupos armados.

Para promover la salud mental, la Organización Mundial de la Salud recomienda brindar a las víctimas de hechos violentos y de calamidades naturales atención psicosocial, la cual se basa en que la afectación que sufren estas personas es normal frente a hechos que no lo son.

Por eso, tanto instituciones gubernamentales como no gubernamentales, y también organizaciones eclesiales están aliviando con apoyo psicosocial a las personas desplazadas.
Entre estas últimas destaca la labor de las iglesias menonitas en diversas regiones de la geografía colombiana, incluyendo algunas zonas muy peligrosas por la presencia de actores armados, como las Bacrim, bandas criminales herederas de los paramilitares, y por guerrillas minoritarias.

Las personas desplazadas generalmente huyen a ciudades capitales. Al llegar, no cuentan con nada y están afectadas emocionalmente por las experiencias de violencia vividas y por la pérdida de todo su entorno social, recursos productivos y patrimonio básico de subsistencia.

Marina, cuyo verdadero nombre omitimos por voluntad de ella, cuenta su experiencia de huida y asentamiento en Bogotá. ¨Yo vivía en el Cauca (departamento al suroccidente de Colombia) con mis siete hijos y mi esposo. Pero un día me dijeron (no dice cuál actor armado) ´nos vamos a llevar a su hermano´.
“Yo dije que no. Entonces me dijeron ´o nos llevamos a su hermano o a sus hijos, usted escoge. Tiene 72 horas´. Y a mí me tocó irme para que no se llevaran a mis hijos. La guerrilla se llevó a mi hermano y a mi marido lo cogieron porque él era presidente de junta (que representa a la población frente al gobierno municipal). Y hasta ahora no sé qué le hicieron, ni dónde está”, relata.

“A las personas que han vivido experiencias de violencia muy fuertes, de trauma, se les dijo que la víctima no vale, que mejor estuvieran muertas o que se fueran de sus tierras. El mensaje que se quiere comunicar desde las iglesias es lo contrario: que todo el mundo vale y sí es bienvenido aquí. Y que tiene derecho a estar y a ser”, explicó Pablo Stucky, coordinador de CEAS, Coordinación Eclesial de Acción Psicosocial, y PhD en psicología.

CEAS es un proyecto de la Iglesias “Menonita”, “Hermanos Menonitas” y “Hermandad en Cristo”, cuyo objetivo es acompañar a las iglesias en sus iniciativas de apoyo psicosocial a las víctimas del conflicto armado y de otras fuentes de violencia.

También ofrece atención psicosocial y espiritual a victimarios, “de manera que estos perpetradores de violencia puedan cambiar la orientación de sus vidas, reparar a las víctimas si es el caso, lo que en términos cristianos sería una conversión, con miras a la reconciliación y construir paz en el país”, agrega Stucky.

En tanto, la Fundación Menonita Colombiana para el Desarrollo, Mencoldes, fundada por la Iglesia Menonita de Colombia y la Asociación de Iglesias Cristianas Hermanos Menonitas, desarrolla desde hace casi dos décadas proyectos para la población desplazada, entre los que incluye estrategias de atención psicosocial para afrontar el impacto emocional derivado de los hechos violentos experimentados en el marco del conflicto armado.
Ricardo Pinzón

Ricardo Pinzón


“Solo trabajamos a nivel de la emergencia, no es una intervención psicosocial propiamente dicha”, aclara Ricardo Pinzón, su director. Es un apoyo para mitigar los impactos emocionales, mediante el cual las personas hacen una especie de catarsis. Los horrores de la guerra tienen impactos diferentes. Es distinta la afectación si se trata de una persona que vivía donde ocurrió una masacre, de aquella que sufrió violencia sexual, o de otra que es familiar de un menor que fue reclutado a la fuerza por alguno de los actores del conflicto”.

¿Cómo encaja el enfoque de género en la atención psicosocial?
Tanto CEAS como la Fundación Mencoldes coinciden en la importancia del trabajo grupal para superar los impactos emocionales. “La atención psicosocial se da en el espacio comunitario para que las personas puedan reconocer las fortalezas que les permitirán salir adelante. Cuando se piensa en atención psicosocial se tiende a pensar en una relación individual, pero el espacio comunitario puede ser muy sanador y de empoderamiento, sin pensar en terapia colectiva¨, explica el Coodinador de CEAS.
Los talleres de la Fundación Mencoldes con desplazados se basan en tres enfoques, según explicó Johanna Angel, trabajadora social de la Fundación Mencoldes. El enfoque de “diálogo se saberes”, que reconoce que la población desplazada cuenta con habilidades y capacidades; el de “acción sin daño”, que plantea que toda interacción con la población desplazada tendrá un impacto, pero que estos efectos no deben generar perjuicios; y el enfoque “diferencial”, que tiene en cuenta las diferencias de etnia, edad y sexo.

Johanna Angel, trabajadora social de la Fundación Mencoldes

Johanna Angel, trabajadora social de la Fundación Mencoldes


En este último se incluyen las diferencias de género, que implican adaptar las metodologías a las diferencias entre hombres y mujeres de manera que tanto unos como otras tengan igualdad de oportunidades de beneficiarse de los talleres.
Por ejemplo, las mujeres encuentran allí un espacio para expresarse, como lo explica Johanna: “Los talleres también son espacios para que piensen en sí mismas, porque siempre están pensando en los otros. También para que se desahoguen. Esto redunda en mejores relaciones familiares, pues hay menos irritabilidad”.


Johanna, quien ha atendido a más de un centenar de familias, explica que la atención que brindan tiene tres aspectos: duelo, afrontamiento y resiliencia, fases que trabajan de manera simultánea o consecutiva según las familias. De allí que una persona no debe terminar de hacer el duelo, necesariamente, para empezar a desarrollar habilidades resilientes.
Según ella, el duelo tiene las etapas de negación, aceptación, reconstrucción y proyección, que no son consecutivas. A veces una familia avanza y luego retrocede a una etapa previa, o se salta otra.

En tanto que afrontamiento es el proceso de ver los hechos en perspectiva positiva y no quedarse en el dolor causado por lo sucedido. Es cuando las víctimas dicen “esto me dolió, pero también me ha fortalecido”. Esto va vinculado a la resiliencia, pues esta permite identificar y desarrollar habilidades para afrontar una situación perturbadora y, cuando esta cesa, salir del entumecimiento provocado por la perturbación.

“Empiezan a visibilizar los avances que han logrado frente a las situaciones adversas, las cuales no solo son los hechos de violencia armada, sino también afrontar las situaciones adversas en los lugares de asentamiento como robos, estigmatización y acoso sexual de jóvenes”, explica la trabajadora social.

Lo psico y lo social
Lo psicosocial está muy relacionado también con lo económico. Tanto el gobierno como las organizaciones eclesiales proporcionan ayuda humanitaria y atención psicosocial de manera paralela.
Según Stucky, las personas necesitan recuperar esa estabilidad económica, ya sea por restitución de lo perdido o empezando de nuevo; es decir, superar la falta de salud, de educación, de vivienda digna, de fuente de ingresos, de red social.


La interacción entre lo económico y lo emocional es también reconocida por la Fundación Mencoldes. Johanna Angel explica la relación de manera muy gráfica: “Yo no le puedo decir a una persona cálmese, si no tiene qué echarle a la olla. Por eso Mencoldes también brinda apoyo humanitario y un bono para el mercado.

“Pero, antes de dar esas ayudas para la estabilización económica, hacemos la reflexión sobre las capacidades resilientes para que, al terminar la ayuda humanitaria, las personas hayan identificado esas capacidades que les permitirán generar ingresos y reconstruir su vida en el nuevo entorno¨, agrega Johanna.

Mariana da testimonio de la ayuda económica recibida de Mencoldes. “Pasé de bus en bus y al fin llegué al terminal de buses de Bogotá, y yo no sabía para dónde coger. Ahí una señora me ayudó, me fui con ella y me dio posada, pero vivía en una pieza y yo tenía mis siete niños. Así que cambié de barrio. Luego fui a pedir unas ayudas (ayuda humanitaria). Me llamaron de la Fundación Mencoldes y me dijeron que primero había unas charlas. Yo fui. Y luego me dieron unos mercados para mí y mis hijos”, refiere.
“Empecé trabajando en abastos (mercado mayorista de víveres) con un bulto de arveja. Entonces Mencoldes me preguntó qué necesitaba. Les dije que no tenía báscula, ni bolsas, ni nada. Y fuimos con ellos y compramos todo eso, y arranqué¨, agrega Mariana.

“Fue difícil el cambio del campo a la ciudad. Yo allá trabajaba en el campo y llevaba a mis hijos conmigo, ellos jugaban o miraban cómo yo trabajaba. Aquí, en cambio, me toca dejarlos encerrados en la casa. Pero ahora yo me quiero quedar en Bogotá, seguir luchando para sacar a mis hijos adelante con su estudio”, puntualiza con optimismo esta mujer que superó el impacto de la pérdida de su esposo, su hermano y su entorno, potencializó sus habilidades de vendedora y se adaptó a la urbe capitalina.

Según establecen los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad creará espacios de audiencia pública para que las víctimas y los victimarios cuenten al resto de la población lo que vivieron, no solo en los espacios donde se da atención psicosocial, sino a lo largo y ancho del país. Esta sería una especie de catarsis masiva que, además de esclarecer lo ocurrido, promovería la convivencia en los territorios.
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