El ecumenismo de la misericordia

(Antonio Spadaro)

(Antonio Spadaro)

VATICANO-

Marcelo Figueroa-L´Osservatore Romano-

«Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado». El lema elegido «Del conflicto a la comunión» es una definición en sí misma que marca una mirada esperanzadora del hilo invisible de estos casi quinientos años.

La conmemoración conjunta Luterano-Católico de la Reforma tuvo su espacio de comunión espiritual y epicentro de encuentro universal en las ciudades suecas de Lund y Malmoe, el pasado 31 de octubre. La declaración conjunta lo expresa en éstos términos: Pero para que la mirada sea completa, necesariamente debe poder ver el presente con los ojos del Señor de la Iglesia universal e intentar asomarnos al futuro por la mirilla profética del Espíritu Santo que nos une a todos, católicos y protestantes. Para éstas dos miradas, resulta necesario repensar, revalorizar y saborear el contenido de las palabras. Y la palabra que probablemente más sintetice el kairos divino del ecumenismo de hoy y probablemente del futuro próximo sea la palabra «Misericordia». El quinto imperativo del último capítulo del documento que lleva el mismo título del lema lo expresa claramente: «Católicos y luteranos deben dar testimonio común de la misericordia de Dios en la proclamación y el servicio al mundo» (art. 243).

El ecumenismo no es un tema más en la agenda del Papa Francisco, es un estilo, una sensibilidad profunda para todos aquellos que se sienten parte de la Iglesia, y esto se percibió claramente en palabras y gestos en el encuentro luterano-católico en Suecia. Y en este estilo, el Papa Bergoglio a menudo ha conceptualizado el ecumenismo de distintas maneras, como una invitación a comprender que su sentido espiritual se mantiene inalterable, pero los contextos de ese peregrinaje en común requieren una comprensión de los tiempos en el uso de su terminología. Si otrora ha hablado del «ecumenismo de la Palabra», del «ecumenismo de la oración», del «ecumenismo de la diversidad reconciliada» y en tiempos recientes con profundo dramatismo del «ecumenismo de la sangre», ahora habla del «ecumenismo de la misericordia».

En la Catedral de Lund, Francisco lo expresó de ésta manera: «Jesús intercede por nosotros como mediador ante el Padre, y le pide por la unidad de sus discípulos “para que el mundo crea” (Jn 17, 21). Esto es lo que nos conforta, y nos mueve a unirnos a Jesús para pedirlo con insistencia: “Danos el don de la unidad para que el mundo crea en el poder de tu misericordia”. Este es el testimonio que el mundo está esperando de nosotros. Los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros. Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta».

El Papa ha insistido en promover que el ecumenismo es un continuo caminar. En este sendero de encuentro, hay calles y avenidas. La calle de la doctrina es un sendero complejo pero importante. Los documentos de acuerdos teológicos y los constantes trabajos en este campo de la unidad eclesial son encomiables, habida cuenta que a menudo se han encontrado de ambas partes obstáculos que muchas veces parecen insalvables. Por otro lado, existen avenidas de tránsito más fluido, que por ser axiomáticos no dejan de ser teológicos, pero por su contexto se transforman en urgentes. Es la teología del rostro de nuestro único Cristo, reflejado en el la cara de los pobres, los marginados, vulnerables y excluidos de este mundo. Las calles y avenidas a menudo se pueden encontrar en una esquina cualquiera y marcar un punto de referencia para la brújula del caminar ecuménico. Y esa esquina hoy tiene un nombre «La esquina de la misericordia». Si la misericordia es el nombre de Dios, y ese nombre por serlo es predecesor a la doctrina, ésta es un capítulo de aquella y no viceversa. Si nosotros, católicos y protestantes, comprendemos este cambio de paradigma, este cambio de época, entonces el viaje en calles y avenidas irá impulsado por la esperanza, que no defrauda.

Luego de escuchar conmovedores testimonios en el estadio de Malmoe, Francisco expresó con profunda emoción pero con firmeza: «Para nosotros cristianos, es una prioridad salir al encuentro de los desechados y marginados de nuestro mundo, y hacer palpable la ternura y el amor misericordioso de Dios, que no descarta a nadie, sino que a todos acoge».

One comment on “El ecumenismo de la misericordia
  1. «Para nosotros cristianos, es una prioridad salir al encuentro de los desechados y marginados de nuestro mundo, y hacer palpable la ternura y el amor misericordioso de Dios, que no descarta a nadie, sino que a todos acoge». (Mientras no sean mujeres…)

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