Ofelia Ortega: 50 años de ministerio pastoral

Ofelia Ortega

Ofelia Ortega

MÉXICO-

Por Leopoldo Cervantes-Ortiz-

El nombre de Ofelia Miriam Ortega Suárez es todo un símbolo en el ambiente cristiano y ecuménico mundial. Con una enorme trayectoria teológica, docente, eclesial y política, representa una vida completa dedicada al servicio y la promoción de los valores del Evangelio en el mundo. Recientemente celebró en su país, Cuba, 50 años de su ordenación al ministerio pastoral, motivo por el cual aceptó este diálogo. La Dra. Ortega ha sido una de las presidentas del Consejo Mundial de Iglesias, de la Alianza Reformada Mundial y rectora del Seminario Evangélico de Teología, en Matanzas. Su testimonio es ejemplar, como muestra del desarrollo eclesial de las mujeres dentro y fuera de América Latina. Una semblanza sobre su vida puede leerse en el sitio: www.ecured.cu/Miriam_Ofelia_Ortega_Su%C3%A1rez.

Estimada hermana: con enorme alegría estamos recordando en estos días que 1967 marcó tu vida para siempre al ser ordenada como la primera pastora presbiteriana en Cuba y en toda América Latina. ¿Qué remembranzas te produce el proceso que desembocó en esa histórica decisión?

El año 1967 fue un momento muy especial en la historia de la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba. Hasta ese año pertenecíamos al Sínodo de Nueva Jersey en los Estados Unidos. La Iglesia decidió independizarse y ser autónoma. En una ceremonia litúrgica muy especial se hizo realidad ese sueño de nuestra cubanía. En esa liturgia se incorporó otro sueño de nuestras mujeres presbiterianas, caribeñas y latinoamericanas: la ordenación de la primera mujer de la Iglesia Presbiteriana en Cuba. Y me tocó a mí que estuve en la iglesia local de la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas, desde los cuatro años de edad. Fue un acto lleno de emociones expresadas no solamente en la liturgia sino en los abrazos y la alegría contagiosa de la experiencia liberadora, al conseguir dos difíciles acuerdos que harían historia.

Sin exagerar, puede decirse que eres toda una leyenda en los recuentos de la historia del protestantismo latinoamericano. Háblanos de tu formación familiar y teológica, de tu vida en la iglesia antes de esa fecha singular.

Nací en un hogar pobre. Mi padre trabajaba en una fábrica de mosaicos y mi madre era sirvienta en distintos hogares, ayudando así al sustento familiar. Estudié en el colegio presbiteriano “La Progresiva”, con una beca, gracias a la labor de mi madre que lavaba la ropa de estudiantes residentes del colegio. A los 13 años tuve que salir de la escuela porque mi madre empezó a padecer de asma y la situación económica del hogar se hizo difícil. Pasé tres años en casa. Sabía que Dios tenía planes para mi vida, pero yo no sabía cómo se lograrían. A los 16 años el llamado de Dios fue muy fuerte y todavía recuerdo como caminé el largo camino a la escuela para pedir mi reingreso para terminar mis estudios de Bachiller en Letras. Fui aceptada con una beca que incluía trabajo en la biblioteca y apoyo académico a los estudiantes atrasados de otros años. Así terminé mis estudios, concluyendo el quinto año como la mejor estudiante del curso. El director de la escuela me ofreció una plaza de profesora y la posibilidad de realizar estudios superiores de Pedagogía en la Universidad de la Habana.

Era el año 1956, pero ya yo sabía que los planes de Dios incluían estudios en el Seminario Evangélico de Teología en Matanzas y rechacé la tentadora oferta de la escuela. Así que, después de muchas gestiones, mi iglesia local me presentó como candidata al bachillerato en educación cristiana. En aquella época el Seminario tenía dos escuelas, educación cristiana y teología. Las iglesias enviaban a las mujeres a la Escuela de Educación Cristiana y los hombres a la Escuela de Teología, y por supuesto, los únicos que podían ser ordenados al ministerio eran los hombres porque el bachillerato en teología era el título válido para la ordenación. Así que ingresé en la Escuela de Educación Cristiana como la única opción. Al terminar mis estudios en 1959 año del triunfo de la Revolución cubana, los misioneros que enseñaban en el Seminario fueron llamados por sus Juntas Misioneras a regresar a Estados Unidos. Por ese motivo empecé a enseñar Educación Cristiana en el Seminario en 1960.

Muy pronto fui nombrada decana de la Escuela de Educación Cristiana y aproveché la ocasión para solicitar a la Facultad y a la Junta Directiva que se cerrara la Escuela de Educación Cristiana para que las iglesias enviaran a las mujeres a estudiar a la Escuela de Teología y así pudieran ser ordenadas. Fue aceptada mi propuesta. Yo tenía solamente 24 años, pero creo que fue el comienzo de toda la trayectoria de mi vida, donde me comprometí, por la gracia de Dios, a defender los derechos de las mujeres invisibilizadas y marginadas en la sociedad y en la iglesia.

Así decidí entrar a la Escuela de Teología para terminar mis estudios teológicos y más tarde logré obtener la Maestría en Teología. Cursé también estudios en el Instituto Superior Pedagógico de la Universidad, obteniendo el título de Licenciatura en Lengua Inglesa. Creo que la etapa más importante de mi vida fueron los años 1959 a 1985, tres décadas de la Revolución cubana, donde tuve la oportunidad de dirigir el programa de educación cristiana, evangelización y mayordomía a nivel nacional de la Iglesia Presbiteriana- Reformada en Cuba.

En 2004 la Alianza Reformada Mundial me nombró vicepresidenta y moderadora de la comisión teológica y en el año 2006 fui nombrada presidenta del Consejo Mundial de Iglesias para América Latina y el Caribe. Recibí el doctorado Honoris causa en Divinidades en Gurukul Lutheran Theological College, en Madrás, India, y fui objeto de idéntica distinción por el Knox College, de Toronto, Canadá.

A mucha gente le causa extrañeza, por la historia de tu país, el tipo de trabajo que has desarrollado. ¿Quiénes han sido tus modelos de fe y de vida?

Tuve muchos modelos de fe y vida, mujeres y hombres, Francisco Norniella , quien nos enseñó a leer la Biblia con una hermenéutica sociológica  para la transformación de la sociedad y la iglesia; Sergio Arce , quien nos guio a apreciar los cambios en un sistema socialista y a vivir plenamente arraigados en la teología de la vida; Lois Kroehler, que con nacionalidad norteamericana, nos liberó de las liturgias impuestas por otras culturas , y nos guio a la creación de himnos cubanos enraizados en nuestra cultura; a Rafael Cepeda que cambió la interpretación de la historia de nuestras iglesias con su investigación sobre los misioneros patriotas y su valoración de la ética cristiana del apóstol de nuestra independencia, José Martí; a Blanca Ojeda, Clara Rodés, Nerva Cot, Dora Valentín, Clara Luz Ajo, quienes defendieron con astucia y valentía los espacios que ocupaban y los derechos de nuestras mujeres en todos los niveles de la sociedad y de la iglesia.

¿Con qué personajes de la Biblia te identificas más y por qué razones?

Me identifico con las 12 mujeres de Éxodo 1 y 2. Sí, es interesante que el libro de Éxodo en el capítulo 1, comienza mencionando 12 nombres de hombres que después no tienen grandes o pequeñas acciones en los dos primeros capítulos de Éxodo , pero fueron 12 mujeres en esos dos capítulos quienes logran salvar la vida de Moisés , el líder de la gran hazaña liberadora de Egipto: las comadronas Sifra y Fúa; la madre, la hermana de Moisés y la hija del Faraón y las siete hijas del sacerdote de Madián; exactamente 12 mujeres. ¡Qué maravillosa es la revelación de Dios! Ellas hicieron historia arriesgando sus vidas con propósitos bien definidos y con una astucia increíble. Me gusta mucho la inspiración de mujeres luchadoras, que avanzan sin temor, incluso frente al emperador, al imperio y a los poderes establecidos.

Siempre me ha impresionado Rizpa (2 Samuel 21: 10-14) quien confrontó el poder del rey David, y las hijas de Zelofehad , Maala, Noa, Hogla , Milca y Tirsa que demandaron sus derechos con increíble valentía. (Números 27:1-11). También me cautiva la historia de Miriam, hermana de Moisés, que demanda el derecho de la palabra como líder del pueblo y logra vencer el rechazo, la marginación y la enfermedad con un valor increíble (Números 12.1-2), pero tuvo el apoyo del pueblo que no caminó hasta que ella, lideresa de ese pueblo, no regresó al campamento (Números 12.15b).

Tu experiencia ecuménica ha sido muy amplia. ¿Consideras que tu perspectiva femenina le ha agregado un ingrediente propio al trabajo que has desarrollado?

Como muchas mujeres latinoamericanas, creo que es esa perspectiva feminista la que nos ha ayudado grandemente en nuestro trabajo ecuménico. Beatriz Melano Couch, fue nuestra inspiración cuando publicó su libro La mujer en la Iglesia, en 1973, y luego cuando en 1979 nos reunimos por primera vez en México las mujeres teólogas de América Latina y decidimos que ese era nuestro camino para poder ofrecer oportunidades a las mujeres para su formación teológica y las luchas en sus contextos sociales. Por eso no nos avergonzamos de llamarnos teólogas feministas de la liberación, porque nuestras demandas están vinculadas estrechamente con las teologías de la liberación.

Durante los años que colaboraste en el Consejo Mundial de Iglesias apoyaste a muchos estudiantes, hombres y mujeres, para seguir su carrera teológica, pastoral y eclesial. ¿Cómo es la satisfacción que tienes hoy por esa labor?

Trabajé en el Consejo Mundial de Iglesias de 1985 a 1997. Mi trabajo, primero fue en el Instituto Ecuménico de Bossey, Suiza, como profesora por tres años y después como Secretaria Ejecutiva del Programa de Educación Teológica para América Latina y el Caribe. Durante diez años organicé en Bossey seminarios de mujeres con distintos temas durante la Década de las Iglesias en solidaridad con las mujeres, organizada por el Consejo Mundial de Iglesias. Al terminar ese proceso tuve la oportunidad de realizar una síntesis teológica de esas reuniones incluida en la compilación del trabajo de varias autoras en el libro Women’s visions [1995], editado con mi nombre y publicado por el Consejo Mundial de Iglesias. Tuve un formidable director en el Programa de Educación Teológica, el Dr. John Pobee, de Ghana, que nos permitió y apoyó para dedicar 100% de los fondos del programa a la formación teológica de las mujeres en el Sur global.

Podemos mencionar muchos nombres, pero al menos quisiera incluir el de Elsa Tamez, que fue una de nuestras becadas en Lausana, Suiza, para la obtención de su doctorado, quien nos sorprendió con su tesis sobre Romanos, Contra toda condena. También facilitamos la organización del “Círculo de Mujeres” en África, dirigido por la Dra. Mercy Amba Oduyoye. Apoyamos también a algunos jóvenes, los hoy doctores Juan Sepúlveda, pentecostal de Chile, y Odair Pedroso Mateus, de Brasil, que dirige el Programa de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias y es profesor de teología sistemática del Instituto Ecuménico de Bossey. Durante 9 años de apoyo sistemático a nuestra juventud latinoamericana, especialmente a las mujeres, los resultados fueron de gran valor para las instituciones teológicas y las iglesias.

En América Latina hemos tenido pocas rectoras o directoras de seminarios evangélicos importantes. Durante tus años al frente del Seminario de Matanzas, ¿cuál fue tu enfoque de la educación teológica que requieren las comunidades de hoy?

Disfruté 8 años como rectora del Seminario Evangélico de Teología en Matanzas, Cuba (1996-2004). La primera decisión que tomé fue la de tratar de tener un modelo de dirección con un énfasis de mutualidad y consenso en las decisiones. Eso no quiere decir que no cometí errores. Nadie es perfecto en el ejercicio del liderazgo y para mí, era la primera vez que podía dirigir una institución con plenos poderes. Pudimos incluir en el currículo el curso de Teología y Género, no como un curso opcional sino regular, que todo estudiante debe tomar. Traté de practicar el énfasis del empoderamiento de otras y otros, que aprendí de la teología feminista y sobre todo basé la filosofía de la vida y obra del Seminario en la visión del profeta Ezequiel 47.1-12, donde el profeta enfatiza que las aguas salutíferas deben salir de los lugares sagrados hacia afuera para producir sanidad y vida; y nosotras y nosotros somos responsables de esa tarea.

Así que durante los 8 años de rectorado enfatizamos la labor de diaconía para servir a la sociedad. Propiciamos la edificación de un Centro cultural comunitario para los barrios vecinos al Seminario. Enfatizamos el cuidado de la creación organizando un jardín de producción de vegetales que llamamos organopónico y que presta servicios al Seminario, a hospitales y centros de cuidado infantil y logramos la reforestación de los terrenos de nuestra institución. Nos movimos hacia fuera del Seminario para ayudar a las iglesias en las zonas rurales con talleres de formación ecológica y el apoyo financiero y profesional para el comienzo de proyectos diaconales que han beneficiado a las iglesias y a la sociedad. La visión del profeta Ezequiel se hizo realidad en nuestro centro teológico. de educación teológica

Hoy, el Seminario tiene una Escuela de Diaconía que se ha organizado bajo la dirección de nuevos rectores y en colaboración con otros centros, como el Centro Ecuménico Martin Luther King, que también realizan ese trabajo de formación para los cambios y la transformación de la sociedad. Al terminar mi tarea en el Seminario, organicé el Instituto Cristiano de Estudios de Género (ICEG) en 2004 para continuar apoyando el trabajo de nuestras mujeres a lo largo de la isla.

¿Cuál es tu opinión acerca del desarrollo de las teologías feministas? ¿Consideras que están aportando suficientemente al cambio social y eclesial?

Tenemos algunas dificultades hoy en el desarrollo de las teologías feministas. Muchas de nuestras teólogas hoy tienen dificultades para encontrar espacios en las Instituciones Teológicas de nuestras iglesias en la América Latina y también en otros lugares del Sur global. Incluso la ordenación de las mujeres al ministerio es todavía un campo de acción de nuestras líderes no superado en la actualidad. Nos alegramos de que la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas acaba de aprobar una Declaración sobre la ordenación de la mujer en su reciente Asamblea General en Alemania.

Todavía nos queda mucho por hacer. Los fondos económicos para la educación teológica son cada vez más limitados y esto afecta mayormente a las mujeres que tienen menos posibilidades de conseguir becas para su formación académica. Tenemos que fortalecer las redes ecuménicas de información y formación teológica. Hay que apoyar la organización y publicaciones de la revista latinoamericana RIBLA, donde mujeres biblistas y teólogas tienen la oportunidad de escribir sus contribuciones. Hay que apoyar nuestras organizaciones de teología ecuménica. CETELA resurge bajo la secretaría ejecutiva de Dan González, de México. La Asociación Teológica ALIET se recupera bajo la orientación de un nuevo ejecutivo, y esperamos también que ASTE y ASIT continúen trabajando con el mismo entusiasmo de otras décadas.

Cuéntanos algo acerca de tu trabajo político en tu país. ¿En qué ha consistido y hasta qué punto se conecta lo que has hecho con la experiencia de otros hermanos en esa línea? Pienso en Sergio Arce y Raúl Suárez, diputados también en otras épocas.

En 2008, la Federación de Mujeres Cubanas me entrevistó para proponer mi nombre para el Parlamento cubano. Al principio dije, no sé si me será posible, pero después me percaté de que Cuba iba a entrar en un período de cambios, y siempre me ha gustado trabajar para intentar cambiar lo que tiene que ser cambiado, así que acepté mi candidatura. Fui situada para mi elección como diputada en una zona agrícola llamada Calimete. Es una zona campesina donde la producción es de arroz, azúcar y leche. No pensé que iban a votar por mi porque la propaganda electoral cubana se hace solamente situando la biografía del candidato en las zonas públicas y por supuesto mi biografía es mi vida en la iglesia y las acciones sociales de mi testimonio cristiano.

Me sorprendió la votación de 98.96%, fui elegida casi con la unanimidad de las y los electores. El Estado no paga salario a los diputados que viven de su trabajo en distintas áreas de la sociedad. Eso sorprende sobre todo a las iglesias de países del Norte. Así que no soy una asalariada del gobierno cubano. Tampoco tengo un presupuesto para ofrecer beneficios a los electores. Mi trabajo es de coordinación de sus esfuerzos para su sustentabilidad y ofrecerles toda la información posible sobre sus derechos y la mejor forma de organizar su trabajo de producción comunitario. Es lo que se ha denominado teología pública. He disfrutado grandemente estos 9 años de trabajo.

Ya estoy en el décimo año que es el último como diputada del Parlamento. He trabajado durante estos diez años en la comisión de asuntos internacionales del Parlamento y he podido contribuir con algunas de mis ideas a nivel municipal, provincial y nacional. Doy gracias a Dios por haberme ofrecido esta oportunidad de servir a mi Patria en una forma diferente, junto a la sociedad civil y en esa zona campesina donde he encontrado solidaridad y entrega sin límites para el bien común.

Finalmente, ¿qué le dirías a las mujeres jóvenes de las iglesias que sueñan con hacer una carrera amplia de servicio social, eclesial y teológico?

Mi primera sugerencia es formación: no se cansen de estudiar, de prepararse para las tareas que Dios pondrá en sus caminos. Segunda sugerencia: dignidad: No dejen que nadie lastime o menosprecie la dignidad que nos fue ofrecida por Jesucristo como mujeres y líderes de nuestras iglesias. Busquen apoyo: hoy nadie puede realizar esta tarea en soledad, necesitan una red de apoyo para realizar las distintas tareas. Recuerden las palabras del apóstol Pablo en I Corintios 15.10: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo. antes he trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

Todas y todos somos diferentes y cada una de nosotras es única, de manera que no permitan que las modelen al estilo de los que tienen el poder y el liderazgo, que no las atrapen en modelos de liderazgo patriarcales y de sometimiento, luchen como Sifra y Fúa, Miriam , Rizpa y tantas otras, así como las mujeres que Pablo saluda reconoce y estimula al final de la carta a los Romanos.

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