Pablo Oviedo: “Cuando la democracia es garante de la injusticia social, la Laocracia es un desafío”

Pastor Pablo Oviedo

Pastor Pablo Oviedo

ARGENTINA-

Por Alejandro Apablaza Uribe, para ALC Noticias-

“Cuando la democracia es garante de la injusticia social, la Laocracia es un Desafío” afirma el pastor Pablo Oviedo, Licenciado en Teología ISEDET. Realizó estudios en Historia de  la Universidad Nacional de Córdoba. Presbítero de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina en Córdoba.

A: Pastor Pablo cual sería la visión desde la teología política de las democracias que se están dando en Latinoamérica y el debate entre la democracia aparente vs. democracia verdadera.

Cuando la democracia es garante de la injusticia social, de la desigualdad, de la participación formal y de la mentira es una realidad que atraviesa nuestra época a nivel global y local. Cuando la realidad se presenta en la apariencia de verdad -siendo mentira- no es una novedad en sí, ya lo han analizado diversos filósofos (como E. Levinas), y si vamos a la fuente de la fe, el testimonio bíblico –tanto el AT como en el NT- lo han gritado a voces. En Cristo la verdad es la presencia viva de Dios entre nosotros (Juan 1:14), una forma de vida, que muestra la fuerza del Espíritu de vida. No es una serie de afirmaciones o enunciados científicos, sino el seguimiento de Jesús: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). La verdad no es algo que poseemos, sino algo que buscamos bajo la guía del Espíritu: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13).

Hoy se venden como verdades lo que son solo apariencias que justifican el poder, la ambición, la violencia (¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!   Los medios de comunicación instalan mentiras o “medias verdades” y la ciudadanía muchas veces es colonizada en su opinión.

Es por ello que las Iglesias cristianas, como cuerpo de Cristo, debe defender la verdad no solo en la discusión teórica, sino cuando exhibe las consecuencias del pecado y la mentira en la vida de los seres humanos, especialmente de los más débiles, y de toda la creación. Debemos a través de nuestro servicio profético visibilizar a los excluidos y desplazados, los que quedan fuera de cualquier sistema de poder que margina.

 A: A su criterio cual seria los desafíos hacia una nueva democracia teniendo presente ´´Los derechos del pobre y de la Tierra como ejes de una nueva ciudadanía democrática”.

Para una nueva ciudadanía y militancia democrática- que transforme la actual democracia formal y aparente- es fundamental priorizar los que varios de los intelectuales de la democracia han llamado el tercer momento en la lucha por los derechos. Serían los derechos económicos, sociales y culturales de los art. 22 a 27 de la Declaración Universal y que varios sectores del cristianismo han enriquecido y apoyado y es el de la libertad o derechos de los pobres. Responde a las masas hambrientas, explotadas y discriminadas del Tercer Mundo. La relación de los cristianos y las iglesias a esta nueva fase de la búsqueda humana también ha sido diversa y no exenta de ambigüedades. En ciertos sectores del primer mundo hubo resistencias y en muchos casos la lucha por los derechos de los pobres se llevó a cabo bajo el impulso de ideologías que rechazaban y denunciaban a la religión como mecanismo de dominación social y económica. También, muchos cristianos han descubierto en su fe una base común para esa lucha, donde llevó al descubrimiento entre otras cosas, de la tradición profética de la fe judeo-cristiana tan proclamada por la teología latinoamericana de liberación. Esta dimensión de la fe cristiana que caló hondo en la conciencia de muchísimos cristianos-católicos y protestantes- en los últimos cuarenta años; cuando despertaron a la situación socio-política y económica de nuestros pueblos.

La Encarnación, el amor universal de Dios en Jesucristo indica un compromiso definitivo de Dios mismo con la humanidad, con cada ser humano y con toda la creación. Afirma Leonardo Boff: “La Tierra es el gran pobre que debe ser liberado junto a sus hijos e hijas condenados.”

Este significado universal de la obra de Jesucristo es resignificada de acuerdo a la interpretación de los derechos del pobre, no restringido a ellos, pero sí definido e ilustrado en la prioridad concreta de los “ausentes de la historia” como gusta decir a Gustavo Gutiérrez, de los pobres, protagonistas preferidos de su Reino. Pero hay que decir que estas herencias de la fe cristiana recién comienzan los cristianos y las iglesias a redescubrirla y a reclamarla en esta nueva etapa de la historia, cuando son impulsados a ello por movimientos que no siempre acompañaron.

A: Nos da algunos parámetros de nueva democracia, que plantea como teólogo protestante

La Laocracia es un concepto (viene de Laos=pueblo) que se viene reflexionando desde la filosofía y teología política, que plantea que lo que está en juego es la construcción de una nueva democracia, no funcional al capitalismo financiero de libre mercado ( y sus medios de comunicación aliados).  Una nueva democracia que necesita consolidarse con la incorporación y participación de todos, en especial de los que han sido silenciados y marginados en nuestras democracias formales.

Como gusta decir al teólogo Néstor Míguez, “pasar de la democracia a la laocracia”. Del pueblo libre, propietario, culto y urbano de la tradición griega al pueblo-multitud de las afueras, de los esclavos, los necesitados que avanzan socialmente en el reclamo por sus necesidades hasta apoderarse de herramientas políticas que les permitan disputar la distribución de las riquezas.

Esta atención del excluido es el desafío laocrático para la democracia actual colonizada por el imperio neoliberal. N. Miguez y J.Mo Sung aclaran este punto en su reciente  libro (Nestor Miguez-Jung Mo Sung- J. Rieger, Mas alla del Espiritu Imperial,  (BsAs, Ed. La Aurora, 2016)

Por ello es urgente no sólo una nueva comprensión de participación democrática sino también un ejercicio de prácticas alternativas laocráticas que reflejen aquella. Por ejemplo; la democracia señala y asume las cuestiones conflictivas, las discute, las pone a debate, y va descubriendo los antagonismos, las tensiones, los intereses. Por mucho tiempo nos han señalado desde el poder que el conflicto y el antagonismo no son buenos y se nos instó a “no conflictuar, a someternos”. El autoritarismo es un sello cultural muy fuerte en América Latina y es necesario desaprenderlo ejerciendo la práctica de la mediación, la negociación, el consenso, etc. Qué bien les haría a nuestras relaciones políticas el reconocer al otro con sus diferencias como un colaborador y no como una amenaza que hay que eliminar o descalificar.

Por ello es importante una transformación cultural y subjetiva. No bastan solamente los cambios institucionales, sino que el ser humano debe estar siempre presente como sujeto participante, para que donde él interactúe vivan y crezcan los ideales democráticos: en la familia, en la escuela, en el trabajo, en las asociaciones diversas. Es lo que nos hemos referido como las revoluciones moleculares, es decir las transformaciones realizadas en el microcosmos social. Aquí se capitalizan experiencias y se gestan visiones capaces de forzar progresivamente las modificaciones estructurales.

Es por esto que junto a aquellas nociones es urgente transformar la comprensión antropológica. El ser humano debe ser entendido como aquello que es, a imagen y semejanza del Dios Trino, un nudo de relaciones y dimensiones: es biológico e histórico, racional e intuitivo-emocional-espiritual, individual y social. Como ser de relaciones- a imagen del Espíritu Creador y Renovador- él solamente se realiza cuando es sujeto de su propia práctica, cuando incluye la alteridad del otro que también es sujeto y juntos co-laboran, actúan en su historia colectiva.

Sin abandonar una conciencia crítica macrosocial del imperio- para no caer en un repliegue al intimismo funcional al sistema-, como también volver a fundar la economía política como proyecto histórico; esta valoración de las microesferas, de los pequeños relatos es clave. Allí el lugar de las iglesias, asociaciones y movimientos sociales es fundamental, ya que pueden aportar con sus prácticas al cambio cultural político del conjunto social.

La Iglesia que se diga cristiana está determinada a continuar apoyando todas aquellas medidas que coadyuven a la ampliación de derechos y democratización de espacios reales de participación.

Anuncia lo verdadero al denunciar proféticamente los abusos y corrupción de los poderosos, pero especialmente cuando vive, ora y actúa en la esperanza del Reinado de Dios.

En el ensayo publicado en la reciente Revista Tiempo latinoamericano de Córdoba, presentamos modestamente estos desafíos hacia una nueva democracia. Los derechos del pobre y de la Tierra, la democracia como laocracia en la tensión teológica permanente de escuchar e incluir lo excluido. Y en la tarea siempre por delante, siempre futurible de construir una democracia abierta a todas la voces y conflictos, abierta a lo que ocurre más allá del marco institucional, para generar participación, deliberación, comunalidad, es decir “pueblo” capaz de intervenir en la construcción de la democracia como laocracia.

One comment on “Pablo Oviedo: “Cuando la democracia es garante de la injusticia social, la Laocracia es un desafío”
  1. La verdadera democracia jamás puede ser garante de las injusticias y de la pobreza. Por definición, la democracia genuina busca el bien común. Si no lo hace es cualquier otra cosa que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
    Por otra parte, el verdadero capitalismo no es contrario a estos valores. Los Estados verdaderamente capitalistas son aquellos en que las injusticias sociales han sido disminuidas a su mínima expresión (Noruega, Suecia, FinlaNadia, Holanda, etc .).
    El concepto de “laocracia” pareciera asimilarse al de demagogia. …Un constructor ideológico más que Teológico, tal vez..

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