#25N: SEDI considera una prioridad y un deber trabajar por la justicia de género

Mujeres participantes en el ENM- (SEDI)

Mujeres participantes en el ENM- (SEDI)

ARGENTINA-

Por Pilar Cancelo-

El Servicio Evangélico de Diaconía-SEDI, junto a sus iglesias socias, considera una prioridad y un deber, trabajar por la justicia de género. Adhiriendo a la propuesta de la Federación Luterana Mundial, denominamos  justicia de género  a  la búsqueda de relaciones de poder equitativas y balanceadas entre hombres y mujeres, como así también la eliminación de sistemas de privilegio y opresión institucionales, culturales e interpersonales que sostienen dicha discriminación.

Desde nuestros Programas, acompañamos propuestas y brindamos oportunidades para que las mujeres puedan desarrollar  proyectos de vida personales, deseados, de vinculación sana con las familias y las comunidades. Algunas estrategias utilizadas han sido, por ejemplo, acompañar a grupos de mujeres a participar en el Encuentro Nacional de Mujeres –ENM-, transitando juntas un camino crítico tanto antes como después de los eventos.

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En otras oportunidades, cuando el entorno lo ha permitido, apoyamos la conformación de grupos que problematizan sus realidades a través de la metodología de “Teatro del oprimido/a”, haciendo un camino subjetivo pero también comunitario de concientización y desnaturalización de las violencias. Finalmente, desde el apoyo a los emprendimientos productivos, son las mismas mujeres quienes reconocen un valor adicional al de la puesta en marcha de un pequeño negocio,  que está en relación a salir de la soledad y encontrar en el vínculo con otras mujeres, un apoyo vital, una fuerza para salir de las situaciones de dolor pidiendo ayuda. En todos los casos, el protagonismo de las mujeres es la característica diferencial. SEDI solo cumple un rol de generador de contextos favorables, pero la participación de las mujeres es la que logra que el texto liberador se produzca.

Haber tipificado a la violencia doméstica como un crimen, probablemente haya sido  el mayor avance de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), aprobada por Naciones Unidas en 1979. Resulta muy relevante decir  que algo que parece solo una costumbre, algo del orden de la vida privada, de la intimidad, es en realidad un crimen.

Por otro lado, el Consejo Nacional de las Mujeres, organismo responsable en Argentina del diseño de las políticas públicas  para dar cumplimiento a las disposiciones de la ley 26.485, presenta por estos días un nuevo Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las mujeres (2017-2019). La potencia del movimiento de mujeres en nuestro país es innegable, se trata tal vez de la fuerza viva más activa, del actor social que más crece y se consolida en sus demandas y en sus propuestas. No obstante no es suficiente. Se necesita una fuertísima red estratégica de actores sociales e instituciones para enfrentar y erradicar la violencia hacia la mujer, y todas las violencias.

Rita Segato, quizás la más importante antropóloga feminista de nuestros tiempos, nos señala en sus últimas investigaciones, que el ejercicio de la crueldad sobre el cuerpo de las mujeres es un signo de los tiempos, y que no es otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen. Se trata pues, de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza. Podemos definirla como una pedagogía de la crueldad, que tiene como sustento una filosofía del “dueñismo”,  la violencia de un  dueño, de los dueños  de todo, de la tierra y sus recursos, de la vida, de los cuerpos y vidas de las mujeres.

Avanzamos y retrocedemos. Damos algunos pasos adelante, pero la tarea es mucha, y no podemos darnos el lujo de considerar que este tema está terminado, que ya no es una preocupación. Las iglesias sabemos que debemos continuar sin claudicar en procura también de esta justicia.

 

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La autora es es la Directora Ejecutiva de SEDi. Es Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, y con estudios de posgrado en Comunicación Institucional, tiene además una Diplomatura en Estudios Interdisciplinarios de Género.

 

 

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