Un camino de Esperanza para la Colombia Humana

Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo Torres

COLOMBIA-

Rafael Castillo Torres-

Quiero dirigir esta reflexión, una vez conocido el resultado de las elecciones presidenciales en Colombia, a mis amigos y amigas que en este momento necesitan, juntamente conmigo, una palabra de esperanza que, en el tiempo, nos sigan dando razones para vivir y razones para esperar.

Se del desaliento que podemos sentir al finalizar el día de hoy y conocer este resultado. Sentimos que nuestro esfuerzo por una Colombia más humana y decente no tuvo el éxito esperado. ¿Qué va a pasar? ¿Tiraremos por la borda un proyecto esperanzador que ha crecido significativamente por haber puesto al centro la dignidad humana y el cuidado de nuestros ecosistemas naturales y ambientales como nuevas formas de pensarnos y de crecer juntos?

En lo personal me queda la lección de que cuanto sigue para la Colombia Humana es un trabajo de largo plazo que necesariamente tendremos que realizar con realismo, paciencia y una confianza muy grande. Los caminos nuevos de la Colombia Humana no se abren de cualquier manera ni dependen exclusivamente del resultado de unas elecciones. Viene bien preguntarnos: ¿El sujeto social y político de la Colombia Humana, con qué criterios se ha de mover de ahora en adelante, hasta poner la última piedrecita, “petrificadora”, que haga falta en el proceso?

Vamos a vivir con el compromiso de la siembra y no con el privilegio de la cosecha. Partamos del sano principio de que nuestra tarea de ahora en adelante es solamente sembrar antes que cosechar. Dejemos de lado los resultados que no pocas veces sólo son éxitos transitorios y triunfos aparentes. Que no nos encandilen la eficacia de los resultados o los éxitos inmediatos. Nuestra tarea es seguir sembrando y, no de cualquier manera esta apuesta política. Dado que debemos conquistar por convicción y atracción muchos otros sectores de Colombia, susceptibles de engaños y mentiras, creo que la primera y gran tarea es recuperar el gesto humilde de la siembra que valoran tanto nuestros campesinos y a los cuales se refirió insistentemente el Dr. Gustavo Petro. Por ahora es muy necesario abandonar la lógica del cosechador, que sale siempre a recoger frutos, y entrar en la lógica paciente del que siembra el mejor futuro de la Colombia Humana.

La siembra de la Colombia Humana tiene que ser una siembra humilde. Esto inició no por una gran coalición de intereses, mermeladas y clientelismo, sino por una gran convicción de un hombre del caribe que hace política, que no miente, que le apostó a los pequeños y excluidos y que no es corrupto. De un hombre consciente de sus limitaciones y posibilidades al que no idolatramos pero que si respetamos. Simplemente porque se merece nuestro respeto.

Cuando se habla de la Colombia humana se está hablando de un proyecto político que se siembra en el corazón del ser humano que es donde germina este proyecto de nueva nación. Por eso este proyecto no tiene nada de espectacular ni de clamoroso. Nació como algo muy pequeño que se ha ido desarrollando y aún no termina de crecer porque no es la hora de los frutos. Una vez que esta buena siembra germine en el corazón profundamente humano de la Colombia que queremos, y lo haga con toda su fuerza transformadora, entonces ya no dependerá para nada de quienes con entusiasmo decidimos sembrar. Será un proyecto que, en su alma, lleva la fuerza de la vida nueva que necesariamente va a brotar y nos va a desbordar.

La Colombia Humana debe penetrar con mayor profundidad. Cuando las cosas buenas las acogemos con el corazón, por lo general comienza a crecer en nosotros algo muy grande que nos supera y nos desborda.

Entiendo y considero por demás muy normal que frente al impacto de los resultados no sepamos tal vez cómo actuar y por donde orientarnos. No sé quien tenga la receta tampoco sé exactamente lo que hay que hacer. Pero de lo que sí estoy convencido es de que necesitamos seguir buscando caminos nuevos en el arte de las cosas que son posibles y que debemos hacerlo humildad y confianza. No perdamos la oportunidad de volver a lo esencial de la política. Los principios se nutren de la coherencia y el tiempo que sigue es un momento de verdad. No desfallezcamos en nuestras convicciones de una Colombia mejor para todos.

Seguir sembrando con humildad es creer en la acción transformadora de este proyecto que nos demanda lo mejor de cada uno. Reciban mi abrazo que sostiene la esperanza: Padre Rafa.

El autor es sacerdote católico, Vicario de Pastoral de Cartagena y coordinador del programa de Desarrollo y Paz del Canal del Dique y la Zona Costera

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *