#WCC70: Una oración de salud y sanación

Intervención de la Dra. Erlinda N. Senturias en la reunión del Comité Central del CMI en 2005. Foto: Peter Williams/CMI

SUIZA-

En 2018 celebramos el 70º aniversario del Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Con el fin de crear un animado relato de primera mano de la comunidad ecuménica y de nuestro camino común, las iglesias miembros han aportado historias de las personas, los acontecimientos, los logros e incluso los fracasos que han acentuado nuestra búsqueda colectiva de la unidad cristiana.

Oración escrita por la Dra. Erlinda N. Senturias de la Iglesia de Cristo Unida en Filipinas.

Las opiniones y los puntos de vista expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente las políticas del CMI.

Que toda la gloria, la alabanza y el honor sean para Dios, el sanador y dador de vida abundante para todos. En efecto, Dios es nuestro Creador, Redentor y Sustentador.

Venimos ante tu sagrada presencia para agradecerte que hayas guiado al Consejo Mundial de Iglesias (CMI) como un movimiento ecuménico que crea espacios seguros para que las iglesias hablen de unidad en medio de la diversidad y busquen el consenso respecto a problemas críticos de nuestro tiempo.

Agradecemos que ya en 1986, el CMI empezara a hablar del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) con ayuda de la Organización Mundial de la Salud. Era una época en la que muchas iglesias preferían guardar silencio o incluso que se interrumpiera la investigación sobre el VIH. A través del foro inicial sobre el VIH que tuvo lugar en la reunión del Comité Central del CMI de 1986, organizado por el Programa de iglesia y sociedad, dicho Comité emitió una declaración sobre el VIH.

La Comisión Médica Cristiana llevó la labor adelante produciendo materiales didácticos para que el virus fuera más comprensible para los miembros de nuestras iglesias, tanto clérigos como laicos.

Poner el foco en saber más sobre el VIH cuestionó nuestras actitudes sentenciosas que “propagaron el virus mucho más rápido que el propio virus”. Por eso, oh Dios de Amor, acepta la insuficiencia de nuestras iglesias.

Te damos gracias por las mujeres y los hombres abnegados que fueron pioneros en la creación de esos materiales de educación básica para facilitar la comprensión del VIH y el sida a los feligreses de iglesias de los distintos continentes del mundo. Por aquellos que consideraron que esos materiales eran de gran utilidad y los tradujeron a su respectivo idioma local con apoyo del CMI. También estamos agradecidos por nuestros asociados de financiación y demás personas que invirtieron tiempo y recursos para difundir mensajes de prevención del VIH con palabras y acciones que hicieron evolucionar nuestra comprensión de las diversas dimensiones del virus más allá de la cosmovisión científica.

En la década de 1990, el CMI formó grupos consultivos de representantes de varias regiones y luchamos juntos para comprender la problemática que planteaba la pandemia del VIH en términos de teología, ética, atención y asesoría pastoral, derechos humanos y justicia. Yo viví esos años de acompañamiento a iglesias de varios continentes, del Pacífico a África y aquí en Europa. Tengo amigos que me acompañaron en la planificación de reuniones y que no podrán venir a esta reunión, pues fallecieron a causa de infecciones oportunistas. Un teólogo laico acortó su vida pensando en el debilitamiento de su cuerpo cuando la cura no era todavía tan eficaz. Lamentamos la pérdida de sus vidas y recordamos las oraciones y canciones que aportaron para que nos diéramos cuenta de que tenemos que armarnos de valor para trabajar en la misión divina de salud, sanación e integridad.

En nuestros estudios vimos la necesidad de explorar la sexualidad humana utilizando el Instituto Ecuménico como laboratorio para discutir ideas sensibles de las cuales, las iglesias aún no estaban dispuestas a hablar. Agradecemos a los colegas de misión y evangelización, así como a la oficina de publicaciones del CMI por haber publicado esa labor.

Recibimos ayuda cuando incorporamos en forma significativa a personas que viven con el VIH, pues comprenden mejor la situación. Aprendimos mucho trabajando con otras organizaciones no gubernamentales y ONUSIDA para enfrentar juntos el reto del VIH.

Personas que viven con el VIH nos desafiaron a abordar los problemas básicos del estigma, la vergüenza, la negación, la discriminación, la inacción y la mala acción. Para nuestro deleite, es la participación significativa de líderes religiosos que viven con el VIH y se ven afectados personalmente que nos llevó a comprender mejor lo que había que hacer. Gracias a la medicación disponible y un mayor conocimiento de cómo enfrentar el virus son más activos en evangelizarnos sobre su poder de sanación y salvación.

La labor en África dio un salto adelante en el ministerio sobre el VIH con la participación de personas en instituciones de teología y la atención pastoral, así como de asesores. En la región se elaboraron muchos materiales y se formaron muchas organizaciones.

Agradecemos la labor de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial (AEAM) que desde el año 2000 se centró en el VIH y la Red Internacional de Líderes Religiosos con VIH y Sida o personalmente afectados (INERELA por su sigla en inglés), así como la expansión de la labor no solo en África, sino también en otros continentes del mundo como Asia y Norteamérica. Damos gracias que el VIH se convirtiera en un terreno de convergencia donde las organizaciones interreligiosas hablaran entre ellas de la pandemia. También estamos agradecidos por el aporte de la Red Interreligiosa Asiática sobre el VIH y el sida que contó con el apoyo de la Conferencia Cristiana de Asia (CCA), el CMI y la AEAM.

Que los avances de la ciencia médica beneficien a todas las personas y hagan que el tratamiento esté al alcance de todo el mundo.

Oh Dios de gracia, estamos sumamente agradecidos de tu amor por cada uno de nosotros. Creemos que la mejor muestra del mandamiento de amarte y amarnos los unos a los otros es tu misión de abordar el VIH.

A medida que vamos avanzando hacia el quincuagésimo año del VIH en 2030, que el movimiento ecuménico siga siendo un faro de apoyo para la continua labor en el campo de la salud y la  sanación. No podemos permitirnos bajar la guardia, oh Dios. Es preciso hacer mucho más. Haz que seamos audaces para ir, predicar, bautizar, enseñar y sanar en Tu nombre. Nos aferramos a la gran promesa de que Tú estarás con nosotros. Haz que seamos canales de tus bendiciones y tu sanación con los menores de nuestros hermanos y hermanas. Bendícenos querido Dios y danos poder con tu Espíritu.

Por eso oramos en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

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