Alberto Linero: Dios no tiene nada que ver con el coronavirus

Alberto Linero, conferencista y autor de libros como “El man está vivo” y “Vive y déjame vivir”, habló con Sentiido sobre el uso religioso que algunas personas le han dado al coronavirus-COVID-19 y sobre la relación entre religiones y diversidad sexual.

El cinco de septiembre de 2018 varios medios de comunicación publicaron que el padre Linero dejaría de ser sacerdote. A muchas personas la noticia les sorprendió porque se habían acostumbrado a verlo con su pinta de sacerdote, en distintos espacios, compartiendo reflexiones para la vida diaria.

En diciembre de ese año, en una entrevista para El Tiempo, Linero afirmó que dejó la comunidad eudista, a la que estuvo vinculado durante 33 años, porque dejó de sentirse representado en muchas de las narrativas de la Iglesia católica. Por ejemplo, en unos ejercicios evangelizadores que mantienen a los sacerdotes lejos de la gente y que les llevan a creer que todo lo que hacen es perfecto.

Su decisión, dijo, también tuvo que ver con otras lógicas de la institución como su posición frente a las personas LGBTI. “Esto me molesta y me lastima porque, ¿cómo se puede rechazar a una persona por su condición humana?”.

En esa entrevista señaló que está convencido de que el papa Francisco tiene que hacer cambios estructurales en la Iglesia católica. “Ha hecho algunos en el lenguaje, pero se necesitan transformaciones de fondo pronto. El celibato obligatorio, por ejemplo, no resiste más. La Iglesia se está perdiendo de una gran cantidad de jóvenes extraordinarios que no pueden con el celibato”.

Otro de los motivos por los que tomó esa decisión, explicó en 2018 en la emisora Blu Radio, fue llegar a los 50 años, un momento para replantearse su vida. “En los últimos años me sentí muy solo y viví experiencias muy duras y eso me golpeó bastante”, señaló.

Sin embargo, su camino de líder espiritual ya estaba abierto. Para la muestra, el éxito de sus libros: ¿Qué tiene ella que no tenga yo? (2013), Los milagros de la Madre Laura (2013), No mendigues amor (2013), Señor, ahoga mi dolor (2014), Sin libertad no hay amor (2014), El poder de las decisiones (2014), La luz al final del túnel puedes ser tú (2015), Si estás enamorado, no te cases (2016), Mi venganza es perdonarte (2017), la serie El Man está vivo (2017), Dios es Mujer (2018), Mi vida de otra manera (2018), Mi mundo en oraciones (2019) y Vive y déjame vivir (2020).

En estos momentos de cambio e incertidumbre que vive el mundo producto del coronavirus-COVID 19, Sentiido habló con él.

Sentiido: Algunas personas dicen que el coronavirus-COVID 19 es un “castigo de Dios” por las leyes que reconocen los derechos de las personas LGBTI y ciertos derechos sexuales y reproductivos. ¿Qué decir al respecto?

Alberto Linero: No sería capaz de entender a Dios castigando. Eso implicaría que no es un Dios de amor sino que necesita del miedo y que nos comportemos como Él quiere para darnos felicidad. Dios crea, no destruye. Los relatos de destrucción son producto de acciones humanas. Yo no me imagino a Dios desquitándose por algo con los seres humanos.

Dios no está en contra de que todas las personas tengan los mismos derechos o de que puedan realizar su plan de vida. Yo no me imagino a Dios persiguiendo a las personas LGBTI por tener orientaciones sexuales e identidades de género válidas.

Nadie, sin importar si es homosexual, bisexual, heterosexual o trans, tiene por qué sentirse amenazado o acusado por Dios. Primera de Juan 4 -18 dice que donde hay amor no hay miedo. El Dios que se nos revela en Jesús de Nazaret ama a todas las personas.

“EL CORONAVIRUS NO TIENE NADA QUE VER CON DIOS SINO CON LA AUTONOMÍA DEL SER HUMANO”.

El coronavirus no tiene relación con Dios sino con las equivocaciones humanas. Sin embargo, lo que está pasando es una oportunidad para mirarnos hacia adentro. La metáfora de estar encerrados es preciosa porque es dejar de estar afuera para realizarnos interiormente.

S: Algunos pastores cristianos han publicado en sus redes que en tiempos de coronavirus es cuando la gente más debería diezmar. ¿Qué opina?

A.L.: Yo respeto todas las prácticas religiosas pero no creo en el diezmo. No creo que a Dios se le compre. Yo creo que el Señor no me pide un porcentaje de mis ingresos y no entiendo los textos bíblicos de Pablo de siembra como “comprar gracia”.

Entiendo las dinámicas de algunos grupos religiosos que requieren de donaciones para sostener sus iglesias pero pensando siempre en el bienestar de las personas que forman parte de esa comunidad.

S.: Algunos pastores cristianos han planteado la relación: “diezmo – milagro para que el coronavirus desaparezca”. ¿Qué opina?

A.L.: Respeto todas las experiencias religiosas pero para mí no hay una relación entre ofrenda y milagros porque sería pretender comprar a Dios. Estoy de acuerdo en ayudar pero eso no significa “comprar una bendición”.

Dios ayuda a todas las personas: a las que dan y a las que no. En Segunda Corintios 9-7 Pablo dice que cada uno dé según su corazón, pero no pensando en comprar milagros.

Lo que cualquier persona debe hacer para enfrentar el coronavirus es cumplir con las medidas que las entidades de salud reclaman, confiar en la ciencia y ser solidario. 

S: En estos tiempos de ansiedad, incertidumbre y miedo, ¿qué tanto ayuda tener una práctica espiritual?

A.L.: Ahora –y siempre– es fundamental tener una actitud espiritual, pero por estos días aún más porque necesitamos control de emociones, ser más tolerantes, poder relacionarnos con el otro en medio de nuestras diferencias y, con mayor razón, cuando tenemos que compartir días enteros en espacios pequeños. Pero entendiendo esta experiencia espiritual no como una contraprestación con Dios. Se trata, fundamentalmente, de trascender y de encontrar sentido, esperanza y fuerza para salir adelante.   

S: Muchas veces quienes se oponen a la diversidad sexual y de género dicen: “Dios no está de acuerdo con la homosexualidad”. ¿Qué opina de atribuirle a Dios una personalidad y, además, autoritaria?

A.L.: Estas son afirmaciones producto de una mala lectura de la Biblia. Debemos enfocar nuestro esfuerzo en descubrir cuál es el sentido de la vida desde nuestra opción de fe y no centrarnos en prácticas culturales que no corresponden con nuestra época.

“YO NO ME IMAGINO A DIOS HUSMEANDO EN LAS CASAS Y EN LAS CAMAS DE LA GENTE”.

Algunas personas no han entendido que un tema es la verdad de salvación y otro las costumbres en la que esa verdad de salvación se comunicó. Yo no puedo volver dogma de fe una costumbre. Uno lee Levítico y otros libros y encuentra, por ejemplo, que en ese contexto la poligamia era permitida.

S: Para oponerse a la diversidad sexual y de género, algunas personas citan frases sueltas de la Biblia. ¿Qué opina de sacar frases de contexto para argumentar contra ciertos temas?

A.L.: Hace unos días leía a John Shelby Spong, obispo retirado de la Iglesia episcopal, quien decía que el fundamentalismo destruirá al cristianismo. Sacar frases de la Biblia para argumentar contra ciertos temas son prácticas fanáticas que desconocen contextos históricos y culturales, así como el hecho de que la ciencia nos abre a otras verdades que debemos aceptar.

S: Hay biblias que incluyen la palabra “homosexualidad” cuando este concepto, entendido como orientación sexual, es relativamente nuevo. ¿Qué tanto influye la traducción y el financiador de esa traducción en que una Biblia incluya palabras como esta?

A.L.: La Biblia fue escrita en idiomas que no son los nuestros y en momentos históricos distintos a los actuales. Por esto, así como es palabra de Dios también es palabra humana porque refleja un contexto histórico.

Muchas veces leemos los textos bíblicos con nuestros prejuicios de hoy y terminamos haciéndole decir cosas que no dice. En el Nuevo Testamento aparecen listados que en ese momento se consideran pecados, pero hoy hay que ver qué dice la ciencia frente a muchos de esos temas. 

S: Desde 2016 pareciera que se hubieran creado dos bandos: los sectores conservadores-religiosos que hablan de “ideología de género” y los sectores progresistas reacios a todo lo religioso. ¿Cómo crear puentes ahí?

A.L.: Ambos extremos se tocan y terminan teniendo las mismas posiciones de exclusión. Yo sería incapaz de excluir a quien que no tenga mi misma orientación sexual o identidad de género, pero también les pido a los demás que respeten mi opción de fe porque es válida.

“EN MI LIBRO VIVE Y DÉJAME VIVIR INVITO A LA LIBERTAD COMO POSIBILIDAD PARA SER FELICES E INSISTO EN NO SER FANÁTICOS”.

Tendemos puentes cuando entendemos nuestros valores compartidos, la dignidad por ejemplo. Nadie tiene menos dignidad que otra persona. A cada quien hay que respetarlo por el simple hecho de ser humano.

“LA DIGNIDAD ES EL PRINCIPIO BÁSICO DE UNIDAD MIENTRAS QUE LA DIVERSIDAD ES RIQUEZA”

También es importante entender que unidad no es sinónimo de uniformidad, sino de construir relaciones sanas en medio de las diferencias. Esto nos enriquece. Que una persona sea atea y yo creyente no nos hace enemigos. Que una persona sea heterosexual y otra homosexual no implica que tengan que ser enemigas. Por el contrario, nos enriquece.

S: Muchas veces se señala a quienes hablan de “derechos humanos”, “justicia” e “igualdad” como “mamertos” o “guerrilleros”, ¿a qué le atribuye esto?

A.L.: Yo le tengo mucho miedo al concepto “la mayoría”. A mí no se me olvida que fue una mayoría la que crucificó a Jesús de Nazaret. Le tengo miedo a creer que mi verdad es absoluta y que quien no la comparta, está equivocado. Infortunadamente nos hemos ido a extremos y hemos rotulado a las personas, las llenamos de estereotipos. 

Hemos creído que el mundo se divide entre “ser” y “no ser”, pero hay cosas que son y no son al mismo tiempo. Vemos, por ejemplo, personas homosexuales de derecha. El mundo no funciona entre polaridades: “blanco” y “negro”, “bueno” y “malo” u “honesto” y “deshonesto”.

“LOS SERES HUMANOS SOMOS COMPLEJOS Y ESTAMOS LLENOS DE MATICES, DE GRISES”.

Creer en estas polaridades demuestra la inmadurez de nuestras sociedades. Eso es lo que hace mi sobrino de cinco años, quien está en una fase de pensamiento concreto y divide las cosas entre una u otra.    

S: Algunos sectores conservadores-religiosos que se oponen a la diversidad sexual y de género, practican las mal llamadas “terapias de conversión” para que, supuestamente, la gente cambie su orientación sexual o identidad de género, pero quienes han pasado por ahí hablan del dolor que vivieron. ¿Qué opina?

A.L.: Son prácticas criminales y deberían estar sancionadas por la ley. A la gente hay que permitirle ser en su esencia. Amar a otras personas es permitirles ser. Identificarse como cristiano implica tener una buena relación con Jesús de Nazaret. Es dejar que las personas sean en amor.

Necesitamos pastorales y trabajo espiritual para que las personas LGBTI sean incluidas y valoradas en las comunidades de fe.

S: Buena parte de los sectores conservadores-religiosos están enfocados en detener cualquier avance legal de la diversidad sexual. Sin embargo, investigaciones como Sodoma evidencian que hay muchos religiosos homosexuales. ¿No es esto una doble moral?

A.L.: No solo es una doble moral sino incoherencia total. Y es una prueba de lo equivocada que está la Iglesia católica al respecto. Cuando uno lee la investigación Sodoma del periodista Frédéric Martel o el libro Dejad que los niños vengan a mí del periodista colombiano Juan Pablo Barrientos, uno siente vergüenza como persona religiosa, porque esto demuestra que muchos líderes religiosos les piden a otros que no hagan lo que ellos hacen.

Entonces, no solo es incoherencia y doble moral sino no haber comprendido lo que significa Dios. Pero todo esto también tiene que ver con poder.

S: Palabras más, palabras menos, la Iglesia católica dice que se puede ser homosexual pero “no ejercer”, sino vivir en castidad. ¿No es esto renunciar a una dimensión fundamental de muchas personas?

A.L.: Sí. Eso dice el catecismo de la Iglesia católica. Es una dicotomía difícil de entender. Pareciera que esa parte del catecismo la hubieran hecho dos personas distintas porque, por un lado, acepta que la diversidad sexual es parte de la realidad y, por otra, declara aberrante su vida sexual. Eso no tiene sentido, es una contradicción.

Para mí, en todo caso, castidad no es sinónimo de celibato. Para mí es vivir la sexualidad como parte de un proyecto de vida y de manera responsable. Entonces, mi tarea de liderazgo espiritual hoy, sin ejercer el presbiterado, es pedir que la gente sea casta lo que no significa renunciar a su vida sexual sino que tengan una sexualidad responsable, solidaria, acorde con su proyecto de vida y que le permita crecer como ser humano sin importar si la persona es lesbiana, gay, bisexual o heterosexual. 

S: ¿Qué podría decirles a las personas LGBTI que tienen miedo porque les han dicho que su orientación sexual o identidad de género es un pecado?

A.L.: Valoro y respeto sus vidas y su orientación sexual e identidad de género. Les digo: no tengan miedo. Les leo Primera de Juan 4 – 18: donde hay amor, no hay miedo. Siéntase amados por Dios.

Así algunas personas condenen la diversidad sexual, ustedes no deben sentirse rechazados sino amados por Dios: el Dios que reveló Jesucristo no es excluyente, no hace diferencias entre las personas.

“LA PEDAGOGÍA DE LA CULPA DEBE CAMBIARSE POR LA DEL AMOR”.

Yo insisto en el amor. Y particularmente en el amor en medio de la diferencia porque la veo como riqueza. Insisto en la experiencia de Dios como una que nos ayuda a crecer y no nos hace sentir mal.

S: ¿Pueden esperarse vientos de cambio en la Iglesia católica en temas como la diversidad sexual y de género, el sacerdocio para las mujeres y los métodos anticonceptivos?

A.L.: Es lo que sueño. Pero las instituciones –y más la Iglesia católica– le tienen miedo a asumir nuevos retos, al cambio y a ser completamente incluyentes. Pero aunque esos cambios pueden tomar tiempo, llegarán.

S: Después de renunciar al sacerdocio, ¿cómo es su vida espiritual?

A.L.: Sigo siendo una persona creyente y teniendo la misma vida espiritual de antes de renunciar al presbiterado, solo que ahora no presido ningún sacramento. Sigo orando, viviendo los sacramentos, leyendo la palabra, conversando de fe y predicando, finalmente así me lo permite la carta que me envió el Vaticano cuando solicité la dispensa.

S: Hablemos de otro gran problema en la Iglesia católica: la pederastia. ¿Qué hace falta para enfrentar esta situación con mayor contundencia?

A.L.: La Iglesia católica tiene que reconocer que se equivocó y que hubo encubrimiento. También debe revisar su moral porque a veces puede dar espacio para que estos crímenes, que me duelen y me avergüenzan, tengan lugar.  Si no reconoce su pecado, es muy difícil que esto pueda superarse. Entonces, lo primero es aceptar y asumir que la Iglesia se equivocó como institución, a través de personas concretas. 

Segundo, la Iglesia debe revisar la formación, la selección y el reclutamiento de presbíteros: quiénes están llegando y qué tipo de formación emocional les está brindando porque no fueron uno ni dos casos sino muchos. La Iglesia se equivocó en procesos de selección y formación emocional.

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