Las iglesias se preparan para ayudar a las personas refugiadas durante la pandemia del COVID-19

SUIZA-

CMI- Es duro vivir aislado en casa durante la pandemia del COVID-19 viendo el aumento de la cantidad de infectados con el virus y del número de muertos. Pero piense en las/los refugiados y las personas desplazadas del mundo.

ACT Alianza –la alianza mundial de más de 145 iglesias y organizaciones relacionadas que forman parte de la familia del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y trabajan juntas en más de 120 países– estaba tan preocupada por la difícil situación de los vulnerables que hizo público “Un llamado a una humanidad y gobernanza global más contundente”.

“¡Protegerse usted del #COVID-19 significa proteger a los demás! Ayude a quienes trabajan en la #primeralínea”, tuiteó ACT el 8 de abril mientras los interesados volvían la atención a zonas como Oriente Medio, el Cuerno de África, el Sahel y la República Democrática del Congo, donde abundan los refugiados y los desplazados.

Rudelmar Bueno de Faria, secretario general de ACT Alianza, dijo en su declaración del 7 de abril: “Con consternación, vemos cuánto el COVID-19 ha afectado a personas y naciones. Esta pandemia es una de las mayores crisis humanitarias en la historia moderna y se ha extendido a países frágiles y afectados por conflictos”.

Muchos de los conflictos mundiales han continuado mientras aumenta el número de muertos por el nuevo coronavirus. Apenas se ha prestado atención al llamado del secretario general de la ONU, António Guterres, el 23 de marzo a una cesación del fuego inmediata para ayudar a combatir la pandemia.

De Faria dijo: “Esta pandemia aumenta la vulnerabilidad de las personas que ya experimentan crisis humanitarias, pobreza, desigualdades y aprietos económicos. Las necesidades humanitarias se volverán más agudas y más difíciles de equipar y financiar, ya que los países de todo el mundo se centran en satisfacer sus propias necesidades relacionadas con el COVID-19”.

Tácticas de guerra económica

Expresó asimismo su angustia al ver a algunos gobiernos utilizando tácticas de guerra económica para controlar las cadenas de suministro de bienes que de repente parecen estratégicos, lo que socava una respuesta humanitaria justa, especialmente en países con menos recursos económicos.

Esas tácticas se aplicaban “en momentos en que todos los gobiernos e instituciones deberían estar garantizando el acceso pleno, seguro, inmediato y sin restricciones para el personal humanitario y médico, así como sus equipos y suministros, a las áreas más afectadas”.

“Las implicaciones para los países con sistemas de salud débiles pueden ser especialmente severas, y pueden afectar desproporcionadamente a personas altamente expuestas o confinadas, incluidos migrantes y personas desplazadas, solicitantes de asilo, refugiados y aquellos viviendo en asentamientos informales”, dijo De Faria.

El Departamento de Servicio a los Refugiados Palestinos del Consejo de Iglesias de Oriente Medio dijo que sus oficinas están cerradas en muchas zonas, excepto las oficinas principales de Gaza en el área bajo el control de la Autoridad Palestina.

Esas oficinas siguen funcionando a pesar de los diez casos del COVID-19 en la Franja de Gaza.

“La situación es preocupante no solo en la Franja de Gaza, donde solo hay disponibles 60 respiradores para una población de 2 millones, sino también en Cisjordania, que dispone de 205 ventiladores para una población de más de 2,5 millones”.

“El sistema de salud palestino está bajo presión y está llegando a un punto crítico. Esta razón está detrás de los estrictos cierres impuestos en este período por la policía palestina y las fuerzas del orden de la Autoridad Palestina”, dijo el Departamento de Servicio a los Refugiados Palestinos.

A continuación, añadió que el principal problema al que se enfrentan los palestinos ahora son los trabajadores que regresan de Israel, ya que algunos de ellos son portadores del virus.

Test insuficientes

“No hay bastantes test para distribuir”, dijo el Departamento de Servicio a los Refugiados Palestinos.

La Dra. Souraya Bechealany, secretaria general del Consejo de Iglesias de Oriente Medio, habló con motivo de la emisión por parte del CMI y las organizaciones ecuménicas regionales de una histórica declaración pastoral conjunta en la que afirmaban la urgencia de permanecer unidos para proteger la vida ante la pandemia del COVID-19.

“En estos momentos en que la crisis del COVID-19 desafía y cuestiona a toda la humanidad, es importante que las iglesias, juntas en el cuerpo de Cristo, hablen alto y claro para dar testimonio de nuestra fe y nuestra esperanza en Jesucristo resucitado, y osen la palabra profética que nos ha sido confiada”, dijo el 8 de abril.

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