Conferencia en línea reclama una economía de la vida durante la pandemia COVID-19

WCRC

ALEMANIA-

«Economía de la vida en tiempos de pandemia» fue el título de la conferencia en línea que giró en torno a los impactos socioeconómicos y ecológicos de la crisis causada por el COVID-19 y cómo ella ofrece al mundo la oportunidad de repensar y reestructurar los sistemas financieros y económicos para dar prioridad a la salud y al bienestar de las comunidades y del planeta.

Las conferencias reunieron alrededor de 25 personas especializadas en economía, teología, defensoría en el campo de la justicia social y liderazgo de iglesias, quienes debatieron respecto de los factores históricos y políticos que llevaron a la crisis y que continúan enmarcando la crisis.

Se pusieron en debate también las implicaciones teológicas, éticas y morales y las necesarias transformaciones a corto y largo plazo en las políticas, instituciones y sistemas necesarios para aliviar y para prevenir mayor sufrimiento. También, de manera más crítica, se abordaron las raíces de la crisis.

El secretario general de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR), Chris Ferguson, subrayó que el actual escenario global nos desafía «a mostrar y a llevar adelante las visiones y los temas centrales de la Nueva Arquitectura Financiera y Económica Internacional (NAFEI), y que estos tienen que ser necesariamente transformativos».

“Es necesario plantear preguntas sobre deuda e impuestos. Nuestros próximos pasos, incluidos aquellos en el corto plazo, no pueden ser sino radicales”, expresó Ferguson.

“A la cruda luz del COVID-19, vemos más claramente la enorme desigualdad de ingresos y riqueza. Vemos las grandes inequidades de género y las disparidades generacionales de nuestras economías”, sostuvo Isabel Apawo Phiri, subsecretaria general adjunta del Consejo Mundial de Iglesias (CMI).

«Nuestras respuestas a la pandemia podrían muy bien reescribir el mundo para mejor, y fundamentalmente transformar el modo en que vivimos, aquello que comemos y lo que compramos, lo que producimos y cómo distribuimos bienes y dónde invertimos», agregó.

Para el secretario general del Consejo para la Misión Mundial (CMM), Collin Cowan, “el perfil y la magnitud de la pandemia pueden habernos generado cierta confusión, pero los escritos, que han estado sobre el tapete durante mucho tiempo, ya apuntaban a una catástrofe global para la cual estaríamos poco preparados y preparadas, porque el nacionalismo egoísta, el desprecio insensible por las personas pobres y las actitudes y comportamientos xenófobos nos han mantenido arrinconados, encerrados y mal preparados para cualquier desastre de esta magnitud».

“Nuestros sistemas económicos deben priorizar a las personas por sobre las ganancias. No debemos olvidar la protección del sustento y de las necesidades básicas de las personas”, aportó Martin Junge, secretario general de la Federación Luterana Mundial (FLM).

“El COVID-19 nos está desafiando más aún hacia una renovación teológica y ética desde donde abordar la desigualdad, la pobreza y las políticas públicas para garantizar suficientes recursos e igualdad en el acceso a los servicios de salud. Ahora es el momento para revitalizar esta conversación”, agregó Junge.

Las sesiones en línea de la «Economía de la vida en tiempos de pandemia» fueron parte y fueron promovidas por la iniciativa NAFEI, programa auspiciado por las cuatro organizaciones (CMIR, FLM, CMI y CMM) que busca promover un sistema financiero alternativo que debería surgir de la imaginación desde los márgenes, desde quienes se han quedado fuera de la toma de decisiones socio-económicas y políticas.

Las dos sesiones de la conferencia, celebradas los días 17 y 24 de abril, derivaron en la elaboración de un mensaje común de las organizaciones convocantes, que también será la base del cabildeo ante las principales instituciones financieras y económicas, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial el G20 y las Naciones Unidas.

La iniciativa NAFEI tuvo su origen en la Asamblea General de Unificación de la CMIR del año 2010, como un modo de darle continuidad programática a la Confesión de Accra. Se sostiene con el apoyo financiero del Otto per Mille.

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