Los desafíos en el camino hacia la reconciliación

COLOMBIA-

Por Jeferson Rodríguez-

Si alguna vez tu hermano te ofende, ve a buscarlo y habla a solas con él para hacerle ver su falta. Si te escucha, ya te lo has ganado…

Mateo 18:15[1]

El desafío a resistir todo tipo de violencias, es un desafío que nos involucra todo el ser. No es suficiente la acción social hacía afuera, esto requiere una apuesta de toda la vida en rendición a una nueva manera de vivir, en el diálogo, la reconciliación como fruto de la ternura de Dios.

Este texto de Mateo es desafiante y por ende la realidad de reconciliación es desafiante también. Permítanme ir describiendo algunos principios del diálogo reconciliador, como los hemos experimentado en Colombia y que coinciden con el texto bíblico para hacer luego proponer una reflexión de carácter cada vez más personal.

La ternura de Dios como contexto para la reconciliación y el perdón.

Todo este texto tan práctico tiene un contexto. Sin este contexto que a traviesa todo el capítulo 18 de Mateo no se podría vivir la experiencia del diálogo genuino para el “Shalom”. Básicamente es la inmensa gratuidad de la ternura de Dios que le da soporte a una manera distinta de relacionarnos a través del perdón y la atención de los pequeños. Fuera de esta intención caemos en reglas puramente formales, abusos de poder y vida según las categorías mundanas que privilegian a los poderosos.

La ternura libre y gratuita de Dios, corazón de la revelación bíblica, es el fundamento y el sentido último de la comunidad de discípulos de Jesús, ésta debe ser expresión de ese amor en la historia.

Este contexto de la ternura de Dios se vincula muy fuertemente con al menos dos cosas, una en el arranque del capítulo y otra en el cierre: con dejar de lado toda búsqueda de privilegios y toda preferencia por personas de alto rango social. El mayor en el Reino es el menor en este mundo, el despreciado. Colocando a la niñez ante sus discípulos, Jesús le quita el piso a esta idea de prepotencia. Si este desprendimiento del orgullo es el arranque el cierre del capítulo es la compasión (desde las entrañas, dice literalmente el texto al final del capítulo 18:26) que experimenta el amo ante la angustia del criado por perdón, que en el texto es dejar ir, liberar de la carga. El fundamento de esta iniciativa de perdón parte de su libre voluntad, en la gratuidad de sus sentimientos. Al generoso comportamiento del rey se opone la mezquindad y la dureza del servidor que fue perdonado para con un compañero de trabajo que no fue capaz de perdonar.

La reconciliación es un camino largo.

Luego de este contexto que atraviesa todo el capítulo 18 de Mateo, uno se acerca más al texto en mención y nota que estos diálogos reconciliadores muestran un proceso que en algunos cosas en largo y complejo. La experiencia en Colombia, que es la que conozco más, refleja que este camino es por etapas, que tiene sus retrocesos que se debe evitar la precipitación. El texto de Mateo pone de primero un discreto pero eficaz diálogo de tú a tú. Si se es escuchado, se “ha ganado a un hermano”. Eso es lo que debe buscarse. Si esto no da resultado el asunto debe ampliarse hasta hacer todo lo necesario. Se trata de un proceso para toda la comunidad, que debe ejercerse con delicadeza, persuasión y diálogo fraterno.

El pacto social roto.

Esto no es otra cosa que el vínculo intersubjetivo roto. El texto dice “que sí tu hermano te ofende”, es decir que se rompe un espacio sagrado que es básicamente el espacio donde podemos vivir la ternura de Dios. El Dios cristiano que se nos ha revelado en Padre, Hijo, Espíritu Santo es un Dios profundamente uno, pero también profundamente relacional. A esta relación tan fuerte de ternura que les vincula, los teólogos del siglo IV le llamaron una relación de Pericoresis. Esta es una palabreja en griego que está compuesta de dos palabras “Peri”, que es la raíz de palabras como perímetro y otras que significa alrededor de, cercano de y “coreo”, que es parte de palabras como coreografía, que indica danza o baile.

Así que de fondo lo que están diciendo con la pericoris es que la relación de ternura de Dios es un baile amoroso entre tres donde hay una armonía infinita, donde no se invade el espacio del otro, porque cada uno ha salido de sí mimo para construir un espacio en conjunto, esto es esencial en la compresión del Dios al cual seguimos. Si ese espacio de amor se rompe se ha roto todo.

Por eso es que en la ofensa, en la violencia y en el maltrato lo que se rompe es ese espacio muy sagrado, ese vínculo que permite que coexistamos en armonía hasta con la creación. Esto no solo se aplica estrictamente a un “hermano”, es decir a alguien cercano, es más bien todo lo que te genere conflicto y ofensa. Si hay conflicto es porque hay un pacto roto. En Colombia y en los países que tenemos conflicto interno lo que se ha roto es precisamente este pacto social, este espacio vital.

La iniciativa es de la victima

“Ve a buscarlo”. Esta iniciativa de la víctima podría entenderse como una doble victimización de la víctima. ¿Cómo así que la víctima que recibe la ofensa y es la que busca el diálogo?

Sin embargo la experiencia en Colombia y el texto bíblico coinciden en afirmar que el único factor, que puede desencadenar reconciliación es la víctima, el victimario no puede hacerlo. En la gran mayoría de ofensas los daños son irreparables, estas deudas son impagables. No hay nada que puede hacer el victimario puede reparar completamente el dolor de la violencia. Así que no queda otro camino que la víctima inicie todo este proceso. Para eso, la no imposición del perdón de la víctima es fundamental, sino la libertad del proceso de dolor que libremente debe vivir la victima hasta que pueda enfrentar este dolor de manera libre.

Los relatos de las víctimas tienen que escucharse muchas veces, una y otra vez, resistiendo las tentaciones de querer cerrar los oídos. Pero el relato desde la víctima es crucial. Se necesita que la víctima se empodere. Si esa historia no se cuenta desde la victima, la victima será siempre víctima. 

La verdad histórica primero que la judicial.

“hacerle ver su falta”. El origen de poner la verdad histórica como central en los procesos de reconciliación nacional, es de origen cristiano. Viene de Sudáfrica con el arzobispo Desmond Tutu, quien luego fue nobel de la paz. Por supuesto este modelo ha tenido sus críticas fuertes por obligar en un sentido, al victimario a decir la verdad y luego a la víctima a perdonar. La verdad tiene sus límites. Esta frase de “hacerle ver su falta” es muy misteriosa ya que nos es una verdad científica, judicial la que se quiere reconstruir sino una verdad que pueda servir para reconstruir este espacio intersubjetivo roto. La verdad en el monopolio del victimario puede victimizar otra vez a la víctima.

La victima vuelve a contar la historia no para restregar la venganza sino para celebrar la victoria sobre la violencia.

Las relaciones por encima del triunfo de las discusiones

“Si te escucha, ya te lo has ganado” Una de las tentaciones más grandes en estos terreno de las conversaciones difíciles y conflictos es la pretensión de ganar un pelea, o que mi argumento gane sobre el otro. Eso es lo que nos tiene tan divididos y odiándonos. La real prioridad es ganar otra vez este espacio de relación y vinculo. Recuperar este espacio sagrado que nos permita el respeto. La idea es ganar otra vez al hermano y a la hermana. Una lección muy importante en la experiencia en Colombia es la confusión tan evidente entre víctima y victimario, o la simultaneidad en una misma persona de ser víctima de unos y ser victimario de otros, así que esta dimensión doble y ambigüedad del ser, nos debe animar a preferir restaurar este espacio roto que a ganar peleas ya que la tentación de la venganza siempre está acechando la vida como un león rugiente. 

Todo esto coincide con el llamado a la unidad de la confraternidad nos anima a lo mismo: nos comprometemos a entablar un diálogo directo y abierto con otras entidades sobre asuntos de tensión o conflicto, buscar soluciones constructivas que parezcan las mejores para todos los interesados y demostrar el poder de la reconciliación en Cristo. Así que preguntémonos, algunas cosas: ¿es la ternura de Dios el soporte para dar el primer paso en el diálogo? ¿Con quién debo tomar la iniciativa de diálogo en estos días? ¿Cómo comunicarme tiernamente en esta cuarentena?

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