La Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba llega a los 130 años

CUBA-

Mensaje de la PP Dora Arce Valentín, Moderadora de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba, a propósito del 130 Aniversario.

Inspirado en el texto bíblico: Mateo 10:40-42.

Hace apenas unos minutos nuestra Iglesia ha arribado a 130 años de presencia en esta tierra cubana a la que tanto amaron nuestros misioneros patriotas, nuestros fundadores, aquellos que fueron a ser iglesia a la manigua porque allí recibieron también el llamado de ser testigos de Aquel que prometió recompensa a los justos. Nada más reconfortante para esta celebración que recordar con sano orgullo nuestras raíces patrióticas por evangélicas, cubanas y dignas como nuestras palmas.

Soñábamos con una celebración magna, (a la que no hemos renunciado). Soñábamos con tener un Sínodo especialmente dedicado a celebrar nuestro pasado, regocijarnos con el presente y dibujar los pasos para el futuro. Pero Dios nos recordó que sigue siendo Señor de la Historia y que somos, como seres humanos, vulnerables e interdependientes tanto de otros seres humanos como de la Naturaleza.

El texto que nos corresponde este domingo que se aproxima parece uno de esos que pueden perderse en el Evangelio, pero lo cierto es que es uno más que pertinente para nuestro aniversario. Porque nos recuerda la vida nos ha sido dado para disfrutarla más en su sencillez y en los pequeños detalles de la cotidianeidad, que en cualquier otra cosa, por muy grandiosa que pueda parecer.

Han sido meses difíciles. Hemos tenido que repensar nuestra manera de ser iglesia, hemos encontrado fortaleza en los espacios y las personas que menos imaginábamos, hemos recuperado la amistad en Cristo que tanto necesitamos, la alegría por sabernos una familia, la solidaridad con las personas necesitadas, ya sean de nuestras comunidades o aquellas a las hemos continuado sirviendo contra viento y marea. Hemos orando juntos, reído juntos, llorado juntos. ¡Qué mejor manera de celebrar nuestro legado, afirmar nuestro presente y encaminar nuestro futuro!!

Ningún Sínodo Extraordinario pudiera habernos enseñado lo que nos han enseñado estos meses en los que a pesar del aislamiento físico hemos estado más unidos como iglesia que nunca.Hemos recordado en estos tres meses que cualquier ser humano tiene un valor a los ojos de Dios y más que eso, que no hay tarea, trabajo o servicio, que no merezca reconocimiento a los ojos de la comunidad humana en la que lo desarrollamos y por ende no merezca respeto.

No todos podemos ser profetas, no todos tenemos facilidades para predicar la Palabra de Dios; pero toda persona que sea capaz al menos de ofrecer hospitalidad al mensajero o la mensajera, será tan recompensado, dice el texto, como el profeta mismo. Pueden existir personas que por sus dones o su preparación, o las oportunidades que han tenido, llegan a ser figuras públicas, de reconocido prestigio; pero esas son las menos. Sin embargo, detrás de cada una de esas grandes mujeres y esos hombres de la historia humana, siempre han existido muchas más personas que les han allanado el camino para llegar dónde han llegado. 

La grandeza de un ser humano, a los ojos de Dios, nunca es la de una sola persona con todos sus triunfos, por muy lejos que haya logrado llegar; sino siempre sumada a la de todas aquellas que, la mayor de las veces en el anonimato, han hecho posible tales triunfos.

Yo quisiera aprovechar este momento para que meditemos en todas aquellas personas que de alguna manera han coadyuvado a que alcancemos estos 130 años con vitalidad y esperanza en lo que podemos continuar aportando a la familia cristiana cubana y a nuestra sociedad en general. Hemos de elevar una oración de acción de gracias por todas ellas, por nuestra historia, por los pastores y pastoras que nos trajeron hasta aquí, por el hermoso y talentoso grupo de presbíteras y presbíteros gobernantes y diaconos, que han sostenido con su trabajo y su sacrificio la misión de la iglesia, por los jóvenes que se han crecido ante los reveses y se han levantado dignos y dispuestos a continuar ofreciendo sus dones a la comunidad. Por la niñez que alborota nuestras celebraciones con su risas y su pureza de corazón. Por las ancianas y los ancianos que dan a nuestras congregaciones su experiencia, su historia, su sabiduría, su amor por lo que nos han legado como herencia. 

Ciertamente, no todos podemos ser profetas; pero cada una de las personas que conformamos nuestra  IPRC, podemos incentivar, inculcar, educar, en todos aquellos que están a nuestro alrededor, incluyendo nuestros propios hijos e hijas; un espíritu de justicia y bondad que les capacite para vivir dignamente. Saben por qué. Porque hemos recibido el mensaje de Dios en Jesucristo, tenemos la fe como regalo divino, conocemos el rasero de Dios para medir la justicia, que es el amor; adoramos y servimos a un Señor que proclamó el Reino, anuncio esperanza, mostró bondad, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos para darnos de vuelta la vida plena y abundante para la que fuimos creados. Por el sencillo y humilde acto de ayudar en todo lo que podamos a hacer de el entorno en el que vivimos, uno de justicia y de bondad, también tendremos recompensa.

La de saber que como Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba, Dios nos ha plantado como semillas que en algún momento, en algún tiempo y lugar, podrán continuar dando frutos. Esos frutos del Espiritu que merece la Creación de Dios para Gloria de su Nombre.¡ A El sea sólo!


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