Mujeres indígenas de Antioquia ante violación de una niña: “NO MÁS a esta práctica histórica de guerra que nos humilla”

COLOMBIA-

La violación de una niña indígena de la comunidad Emberá por miembros del Ejército colombiano trascendió gracias a una denuncia de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), que relató lo ocurrido en la comunidad de Santa Cecilia, en el pequeño departamento de Risaralda (centro-occidente del país). El pasado lunes una niña de 13 años “fue secuestrada y abusada sexualmente por un grupo indeterminado de soldados del Ejército Nacional de Colombia, pertenecientes al Batallón San Mateo, quienes aprovechando el aislamiento y la situación generada por la pandemia acometieron el hecho”.

Las mujeres indígenas de Antioquia dieron a conocer un comunicado que transcribimos:

Hoy con más necesidad juntamos nuestros pasos, nuestras voces, nuestra fuerza colectiva como mujeres lideresas, para defender nuestro TERRITORIO-CUERPO y para luchar por una sociedad que respete los derechos de las mujeres y las niñas, llegó la hora de tener una vida libre de violencias.

Son múltiples las violencias que se manifiestan desde todos los niveles afectando la vida de las mujeres y las comunidades, la integridad y el derecho a pervivir como pueblos ancestrales.

Es inmenso el dolor, la  digna rabia y la  indignación  que sentimos hoy  todos los pueblos indígenas del país  y el repudio  de la sociedad en general,  por la agresión sexual a la menor de edad de 13 años de la comunidad Gito Dokabú – Embera Katío en el corregimiento de Santa Cecilia, del municipio de Pueblo Rico en el departamento de Risaralda. ES un hecho condenable  en sí mismo y que evidencia además las afectaciones que ocasionan los grupos armados en nuestros territorios.

Durante años, hemos vivido en una sociedad que ha tolerado y aceptado el maltrato como una práctica cotidiana, que ha visto la violencia sexual como algo habitual, permitiendo abusos y agresiones y dejando en la impunidad delitos que van en contra de los derechos fundamentales de las mujeres y las niñas, pero como mujeres indígenas decimos NO MÁS a esta práctica histórica de guerra que nos humilla.

El más reciente y doloroso caso, refleja la violencia, discriminación, el racismo estructural del que somos víctimas las comunidades indígenas en el país, pero también la oportunidad para exigir con vehemencia dar por fin paso  a la  desmilitarización de la vida y los territorios, es claro que la presencia de actores armados, más que representar una garantía de seguridad y tranquilidad en los territorios, se convierten en actores que ponen en riesgo la integridad y la armonía comunitaria, por lo que como colectivo de mujeres indígenas, exigimos su inmediata salida de nuestros resguardos y comunidades.

Que el silencio no te haga cómplice de las violencias” dice nuestra más reciente campaña, porque somos conscientes de que este tipo de realidades muchas veces no son denunciadas por la intimidación que ejercen los victimarios sobre las mujeres violentadas. Es hora que levantemos unidas nuestra bandera de lucha y logremos dejar en evidencia que este tipo de prácticas son una realidad a la sombra del miedo.

No consentimos que miles de mujeres y niñas sufran agresión sexual, no consentimos que las niñas violadas y abusadas sexualmente sean sometidas a interrogatorios de horror, no consentimos que a nuestras hermanas maltratadas y agredidas sexualmente, las instituciones les cierren las puertas cuando buscan ser atendidas, no consentimos que los jueces y fiscales traten a las agredidas como agresoras y no consentimos la estigmatización de quien se atreve a denunciar.

Como mujeres asociadas a la Organización Indígena de Antioquia y desde las Consejería de Mujer y Género y Generación y Familia haciendo uso de nuestro Derecho Propio y Derecho Mayor, exigimos que el caso en donde están involucrados los 7 uniformados del Ejercito Nacional, sea juzgado y castigado en primera instancia por la Justicia Especial Indígena y luego de purgar su condena, el mismo sea remitido a la Justicia Ordinaria, pero bajo ninguna circunstancia sea juzgado por la Justicia Militar. Este hecho no puede quedar impune, sino todo lo contrario, debe ser un caso ejemplarizante de castigo por tan aberrante hecho.

Todos los sectores sociales indígenas y no indígenas debemos unirnos, para que tampoco la justicia ordinaria desvíe la investigación, el abuso sexual se dio, y es sólo uno de los casos que logran salir a la luz pública.

Las niñas no se violan, no se matan, no se tocan, se respetan y por ello, no podemos desfallecer como mujeres, esto es racismo estructural y violencia patriarcal.

Nuestra voz debe hacer eco también para que denunciemos el silencio y digamos todas “No quiero callar, quiero gritar libertad”.
¡POR ELLA, POR ELLAS, POR TODAS!NUESTROS CUERPOS  SE RESPETAN

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *