Matrimonio anticipado del nuevo cielo y la nueva tierra: Oración apocalíptica en el Espíritu

COLOMBIA-

Jeferson Rodríguez-

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido.

 Oí una potente voz que provenía del trono y decía: « ¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir». El que estaba sentado en el trono dijo: « ¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza». También me dijo: «Ya todo está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo. 

Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos recibirán como herencia el lago de fuego y azufre. Esta es la segunda muerte».

Apocalipsis 21:1-8

¿Será el COVID-19 una muestra del fin del mundo? ¿Será este virus muestra de la venida de Jesucristo o del colapso de la historia? ¿O Será más bien una pandemia sospechosa que traerá una oportunidad a que las farmacéuticas de las grandes potencias ganen más dinero? ¿Será una estrategia de temor para dominar los cuerpos de las personas? ¿Tiene que ver esta realidad tan difícil y actual  con el libro del Apocalipsis de Juan de Patmos en la Biblia?

Yo creo que sí, al menos en lo última pregunta. Pero no como tradicionalmente vemos el Apocalipsis de Juan de Patmos en la biblia. Este, generalmente se asocia  como el acabose de la historia y de la realidad, sin embargo el enfoque que quiero ofrecer es el que considera la “revelación” (apocalipsis en griego)  de algo que está oculto que es básicamente  la vida de Dios que estaba escondida desde el principio de  los tiempos y que en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo se hace evidente. Es, esta revelación que tiene una cuota muy grande de rebelión, para no permitir que sea este estado actual  de cosas, determinen y aplasten, la vida plena que Dios quiere dar a toda la creación. Es la revelación de la manera como Dios quiere que vivamos los seres humanos y el cosmos entero, que por supuesto es de manera plena, agradable y perfecta.

Para asomarnos a esta intención de Dios que está desde el inicio de los tiempos no tenemos otro camino que la oración. Pero un tipo de oración que no es solo dar gracias, que no es repetir frases, sino que fundamentalmente es unión intima, cada vez más fuerte con Dios mismo que va creando en nosotros su nuevo mundo como anticipación de esta manera nueva de vivir. La imagen que ve el apocalíptico Juan de Patmos es la del matrimonio. Por eso dejemos que sea esta metáfora la que nos haga soñar realistamente, con que otro mundo sí es posible y no habrá COVID-19, ni codicia, ni violencia humana que lo pueda destruir porque lo podemos ir  viviendo, en esperanza, en la actualidad.

Es la oración en el Espíritu la anticipación de este matrimonio cósmico.  Estos ocho primeros versículos del capítulo 21, están en estrecha relación  hasta el capítulo 22:5. Ya que presenta una nueva realidad de cielo y tierra, una nueva Jerusalén y un nuevo paraíso sucesivamente. Pero toda esta novedad de vida está impregnada de una realidad muy fuerte, que es la realidad del Espíritu. Yo diría algo más fuerte: no se puede ver nada de este nuevo mundo sino es por el Espíritu.  Este “ver” y este “oír” que se mencionan en estos versículos,  no es otra cosa que la promesa hecha realidad que: “después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones” Joel 2:28. Todas estas visiones y sueños de Juan de Patmos, el apocalíptico, existen en el éxtasis provocado por el Espíritu en oración en el día del Señor (1:10). Ahora en el versículo 10 del capítulo 21 lo va decir de manera explícita: “así que me llevo en el Espíritu” De manera similar, otro apocalíptico, como es el apóstol Pablo, que puede ir hasta el tercer cielo (2 Corintios 12), y desde allí  conocer cómo debemos vivir bajo su voluntad aquí en la tierra.

No existe libro más extático que el  Apocalipsis, pero tampoco existe libro tan agudo en su crítica política  de su época. Así que la disyuntiva entre oración profunda y extática y crítica política acá y ahora no es real.  Antes los contrario, sin oración profunda no existe autentica mirada crítica de la realidad. En este sentido no es una oración intimista, hipersubjetiva, sino íntima y profunda que se proyecta al cosmos entero, hasta su articulación completa, Es decir una oración que haga que el rollo de la voluntad de Dios se realice en la historia y le ponga juicio.

Es por ahí  que toma relevancia cada vez más el  Espíritu Santo  como motor de la transformación de la historia, motor que viene desde abajo, desde los excluidos y las  excluidas por el poder político, social y comercial,  que han sido centrales en el Apocalipsis.  Esta perspectiva de la historia real y concreta, en el “aquí” y en el “ahora” se la ha dado el Espíritu que no es una realidad ahistórica y meramente sobrenatural, así nos lo quieran mostrar así.

Entonces es  en la oración del alma, del cuerpo y por sobre todo en el espíritu  que existe una anticipación, por medio del Espíritu Santo, de la realidad futura realizable a plenitud, el día que Dios reúna todas las cosas en Él por medio de Jesucristo. La única o mejor manera de vivir la realidad apocalíptica del nuevo mundo, de la revelación (rebelión también) del nuevo mundo es por medio de una entrega a la oración, no como un ritual, sino como un auténtico matrimonio entre lo celestial y lo terrenal. O dicho de otra manera,  una anticipación de la vida de Dios en todas las esferas físicas de la vida. Este tipo de oración anticipa, la vida eterna, permite que vivamos el futuro en este momento, y por sobre todo permite la ruptura de los paradigmas mentales que nos aprisionan de esta realidad sin Dios.

Es por eso digo con todas las letras: la oración real, profunda y en el Espíritu,  es el medio  para crear nuevos mundos y ante todo es el medio para compartir la vida de Dios mismo. Es en este tipo de oración que el Espíritu clama en nosotros al Padre con gemidos indecibles por toda la creación, esperando el día de su rescate. Es esta oración que luego lleva a una vida de acción que se parece a una unión matrimonial.  Son  los gemidos inarticulados del Espíritu Santo  que solo pueden ser comparados con los gemidos de los amantes, donde las palabras son insuficientes.

Es el matrimonio, entonces metáfora privilegiada en la oración para describir una nueva realidad. Ya lo expresaba la gran maestra de la oración Teresa de Ávila, cuando explica lo que sucede en la oración, en esta unión matrimonial con Dios que toda la realidad del futuro escatológico se anticipa en la actualidad, dice Teresa: “Dios se desposa con las Almas espiritualmente. ¡Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar! Y aunque sea grosera comparación, yo no hallo otra que más pueda dar a entender lo que pretendo que el  matrimonio. Porque aunque de diferente manera, porque en esto que tratamos jamás hay cosa que no sea espiritual (esto corpóreo va muy lejos, y los contentos espirituales que da el Señor, y los gustos, al que deben tener los que se desposan, van mil leguas lo uno de lo otro), porque todo es amor con amor, y sus operaciones son limpísimas y tan delicadísimas y suaves, que no hay cómo se decir, más sabe el Señor darlas muy bien a sentir.”

De esto seguiremos hablando.

Si la oración es la anticipación de este matrimonio, el contexto de este matrimonio entre Dios y la creación es un nuevo cielo y una nueva tierra. Esto implica la superación del viejo orden: “…porque el primer cielo y la primera tierra pasaron.” del capítulo 20.  Pero ¿qué es lo novedoso en esta nueva creación que permite este matrimonio, si notamos que  nada cambie radicalmente en nuestro mundo lleno de maldad?

Lo nuevo no es en el sentido de “recientemente fabricado”, sino en el sentido de novedad. No es una nueva camisa que me compré es una nueva manera de vestir que comencé adoptar.  Y esta novedad no es solo una cosa que pase en el final-final del mundo como muchas veces lo pensamos, esta novedad del cielo y la tierra se puede vivir ahora por el empujón del Espíritu.  Es solo el Espíritu que puede crear todas las cosas nuevas, y hacer que de la muerte suceda la vida. Es por eso que el  Espíritu es la rotura de la cadena causal, significa que el método científico occidental, la historial en sentido lineal, espiral o circular no son suficientes para explicar con todo el detalle los quiebres y las irrupciones que puede generar el Espíritu de Dios. Estas irrupciones no necesariamente son venidas todas eventos espectaculares, muchas veces vienen de las víctimas que han entregado su vida para que haya un nuevo mundo.  

Por eso, este nuevo mundo necesita de un nuevo cielo y nueva tierra, ya que estos dos  están hechos el uno para el otro. En la resurrección de Jesús esta nueva reconfiguración del cielo y la tierra se hace evidente. El cielo se relaciona con la tierra de forma tangencial, de manera que aquel que está en el cielo puede estar presente simultáneamente en la tierra de manera justa, tierna y santa. Es como si el cielo fuera una oficina de dirección para la tierra.

Lo que quiero decir, es que desde la resurrección de Jesús, como primicia de esta nueva creación,  el cielo y la tierra ahora están unidos por un lazo que es imposible de romper y que también nosotros por derecho propio somos ciudadanos de ambos lugares. La vida de la tierra depende del cielo y más aún, uno  solo puede entender el correcto funcionamiento de la tierra  la tierra cuando está conectado con el cielo. Dice otra vez Teresa de Ávila: Cuando nuestro Señor es servido haber piedad de lo que padece y ha padecido por su deseo esta alma que ya espiritualmente ha tomado por esposa, primero que se consuma el matrimonio espiritual métela en su morada; porque así como la tiene en el cielo, debe tener en el alma una estancia adonde sólo Su Majestad mora, y digamos otro cielo

¡Venga tu reino así en la tierra como en el cielo!

Si la oración es la anticipación del matrimonio, el contexto es un nuevo cielo y una nueva tierra; la novia, tan bellamente vestida, es una ciudad que desciende. Y mejor aún una ciudad que desciende de Dios mismo. Es decir una nueva comunidad. 

¿Qué es lo impresionante de esto?

¡Que todo baja y nada sube!

 Bueno, tal vez es la oración lo único que sube, pero me da fuerza para que la ciudad baje. La oración no es para alimentar mis  fantasías mentales, sino para tener la fuerza y la valentía, (recuerden que los cobardes no entran en esta ciudad), para hacer realidad la voluntad de Dios de manera anticipada en el aquí y en el ahora, en un abrazo eterno y tierno del  nuevo cielo y la nueva tierra.

Baja una ciudad que viene de Dios, es decir está tan vinculada con Dios que se parece mucho a Dios, pero no son idénticos. Es por eso que la metáfora matrimonial es tan sugestiva, es tal la unión que se relacionan de manera novedosa los binomios: Dios, mundo; varon, mujer; adentro y afuera; lo puro y lo impuro, lo santo y lo profano, el futuro y el presente, todo esto se entretejen de manera bella y compleja a la vez.

Sin embargo con el descenso de la nueva ciudad se  inauguración  un nuevo “adentro” y un nuevo “afuera”: un replanteamiento de los límites. En esta ciudad  “no todo vale.” ¿Serán estas nuevas fronteras éticas? ¿Cuáles serían? Esta  ciudad tiene unas dimensiones (el resto del capítulo 21), es decir no es infinita. ¿Estaremos frente a una nueva contingencia histórica?

Quedan afuera los perros, los impuros y todo el que ame la mentira. No habrá mar, como lugar donde reside la muerte (20:13), con todas sus amenazas a la vida abundante de Dios.

En la lista de los que no entran, en primer lugar están los cobardes que ya había mencionado de manera implícita. Y es que hay una valentía singular en las personas que viven con la seguridad que Dios mismo les ha llamado a amar y se meten en causas que parecen perdidas, como el cuidado de la tierra y los más desprotegidos. Se requiere de mucha valentía para discernir hasta por encima de las agendas políticamente correctas y avanzar en lo que es justo y tierno a la vez. Está lista de males, no es otra cosa que la lista contextual de amenazas que están viviendo las iglesias de Asia menor en un momento de persecución imperial. En ese sentido se destacan lo que en español se traduce como inmorales (pornoi) que debe entenderse  como prostitución sagrada y más aún, la relación inmoral de los que se vinculan con la “gran ramera”,  que no es otra cosa que la  compra y tráfico de la vida por parte de los poderosos. En el versículo 21:8 dice que el destino de estos es la vida tal cual está en este mundo: una  vida corruptible, la vida que se degrada y se desgasta y que termina es una segunda muerte. Como  notamos es una ciudad que  tiene sus límites, pero estas  limitantes no son exclusión, son más bien garantía de bienestar y protección.

La ciudad no es algo cerrado o exclusivo, los primeros versículos del capítulo 22 nos dan a entender que el río del agua que sale de Dios mismo, llega a alimentar a los árboles que son para la sanidad de todas las naciones. Es la voluntad que esta ciudad esté siempre abierta para que todas las naciones de la tierra sean benditas. La historia que comenzó en un huerto en un principio, da  un salto, tal vez en espiral, hasta llegar a una ciudad- paraíso. El edén se urbanizó sin dejar de ser paraíso. Allí hay plenitud de amor y libertad. Ha sido liberado el deseo humano de la captura por parte de la codicia y la violencia.

Por otro lado esta novia-ciudad es ante todo, comunidad- no solo individuo, que está asentada sobre un terreno rico en minerales preciosos, que no se explotan. ¿Cuáles serían las fuentes de sustento de esta novia-ciudad? ¿Qué propone el hecho de que está sentada sobre un subsuelo tan rico que no se explota industrialmente? Es posible que aquí haya una interacción con los medios y modos de producción económica que más dañan la creación. -una ciudad que no se dedica a la minería, -una ciudad que no controla el tiempo (sin sol ni luna); deja que el tiempo sea tiempo

Al final de cuentas es una ciudad que se parece Dios mismo, pero que no lo es idénticamente.

Y para ir completando este matrimonio nos falta el novio. El novio no es otro que el mismo Dios que habita en la ciudad-novia. Y aquí no me voy a extender mucho porque el texto es tan bello que lo explica el cómo Dios habita en medio de nosotros de como mínimo  cinco maneras distintas: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir». El que estaba sentado en el trono dijo: « ¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza». También me dijo: «Ya todo está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo

Es un Dios que regresa a habitar entre la creación, a morar con su pueblo, con sus hijos e hijas.  En últimas un esposo que restaura y reconcilia  todas las cosas en El mismo.  

Esto no es otra cosa, que el cumplimiento cabal de las intenciones y promesas de Dios para el mundo, incluyendo a todos los que lo habitamos.

 Y sorprendentemente,  ¡Dios es un habitante más!

Dios no patrulla, porque cuando  el Espíritu Santo es ley de las personas, de las comunidades y la creación  no necesitan más de la ley. Por esa razón  no hay templo alguno, ni centro de control.

Al final es un Dios que se parece mucho a la ciudad-novia, pero no soy idénticos.

No más lágrimas  es decir que no hay más guerra y no hay más violencia. Así que con esta oración en el Espíritu podemos decir: NO MAS ASESINATOS EN NUESTRO PAÍS.

¡NUNCA MÁS!

 Es desde ahí que podemos vivir para toda buena obra día y noche: ¡Oh hermanas y hermanos míos! …Para esto es la oración, de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras.

Permita Dios que está cuarentena por el COVID-19 sea un momento propicio para orar profundamente, y que sea este matrimonio,  tan real que nos permita cambiar la realidad de dolor y miseria que nos rodea aquí y ahora. Amén

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