Misioneras pioneras pentecostales en Cuba

ESTADOS UNIDOS-

Por Carmelo Alvarez-

Éste tenía cuatro doncellas que profetizaban. (Hechos 21:9)

Introducción

            Esta investigación intenta aportar algunos factores que coadyuvaron en la llegada del pentecostalismo a Cuba en 1920. Destacamos los intentos iniciales en su justa perspectiva, y el trasfondo para entender tanto al movimiento pentecostal del siglo XX en Estados Unidos, como sus dimensiones globales y las iniciativas voluntarias e independientes del trabajo inicial a nivel mundial, con algunas referencias en Latinoamérica y el Caribe, y de manera particular en Cuba. Examinare el papel de las mujeres en el movimiento pentecostal, resaltaremos algunos distintivos teológicos y la formación de nuevas iglesias pentecostales, herederas del movimiento de santidad, los avivamientos de los siglos XVIII y XIX y el movimiento de restauración en Estados Unidos.

El énfasis en la tarea de las misioneras pioneras pentecostales en Cuba, con la clara evidencia de su propio testimonio y el apoyo posterior de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos, nos ayuda a reconocer y entender los orígenes del movimiento pentecostal cubano y su impacto inicial. Debemos hacer justicia a las misioneras pioneras pentecostales en Cuba, que tuvieron la audacia de vencer múltiples adversidades y obstáculos, confiando en la guía y presencia del Espíritu Santa.

Orígenes del movimiento pentecostal en los Estados Unidos

Trasfondo del siglo XIX

Para comprender lo sucedido a principios del siglo XX en Estados Unidos y el surgimiento del movimiento pentecostal, es crucial trazar cuáles eran las corrientes doctrinales predominantes en el siglo XIX. Por un lado, el metodismo influyó como movimiento misionero que desde Inglaterra Juan Wesley había liderado, fuertemente influido por el pietismo y su expresión morava, el luteranismo y la experiencia que con “el ardor en el corazón”, cambió para siempre su espiritualidad. A ello se unían los avivamientos del siglo XVIII y XIX que con Jonathan Edwards y el calvinismo conformaron una oleada de eventos que marcaron la trayectoria de líderes como Barton Stone y su avivamiento en Kentucky, que llevaría a la conformación de un movimiento contestatario dentro de las iglesias presbiterianas, que unido al movimiento de restauración que dirigió Alexander Campbell, forjaron el movimiento de restauración del siglo XIX. [1]

Entonces, esas tres fuentes principales. el movimiento de santidad, los avivamientos de los siglos XVIII y XIX y el movimiento de restauración, marcan las rutas para el advenimiento del movimiento pentecostal del siglo XX en los Estados Unidos. [2]

Avivamientos de Topeka, Kansas (1901) y Azusa, Los Ángeles (1906)

            Cuando irrumpe en el escenario religioso de los Estados Unidos el avivamiento de Azusa, a principios del siglo XX, estos tres movimientos interrelacionados, se convirtieron en los pilares de lo que sería el crecimiento y desarrollo de lo que conocemos como el movimiento pentecostal.  Por un lado, Agnes Ozman, una sencilla y fervorosa hermana, tuvo una experiencia, el 1 de enero de 1901 en el Instituto Bethel, Topeka, Kansas, del bautismo en el Espíritu Santo, que repercutió como testimonio al hablar en lenguas. En la historia de la iglesia se han hecho referencias a experiencias similares, pero ahora en la efervescencia de lo que acontecía con el movimiento de santidad, este hecho marcó un hito importante. [3]

Por el otro lado, Carlos Parham Fox era un pastor metodista, muy ligado al movimiento de santidad y teólogo autodidacta que estableció un instituto bíblico en Houston, Tejas y otro en Topeka, Kansas. Allí en Houston, estudió William Seymour, un predicador afroamericano que como evangelista sintió el llamado para desplazarse hasta Los Ángeles, California. Allí ya estaba constituida la Misión Apostólica de la calle Azusa, ligada al movimiento de santidad y Seymour logró con su pasión evangelística convocar un número significativo de inmigrantes que conformaron un grupo impresionante de diversas culturas desde mexicanos, pasando por filipinos, chinos, coreanos hasta afroamericanos en 1906. [4]

La vitalidad de aquella comunidad carismática comenzó a recibir la atención de diversos líderes religiosos, incluyendo a Charles Parham, quien se acercó para enterarse de lo que sucedía. [5]  William Seymour era un tímido y desconocido pastor, que incluso no podía entrar al salón de clases por el prejuicio racial, y tomaba notas desde el pasillo en el instituto bíblico de Parham. Muy pronto en Azusa Seymour asumió un liderato que lo convirtió en líder indiscutible del movimiento pentecostal de Azusa. [6]

El movimiento pentecostal de Azusa ha sido llamado la “Meca Pentecostal” por el peregrinaje que provocó en el mundo entero. De todos los continentes peregrinos venían a experimentar y participar en sus reuniones y retiros. De allí salieron evangelistas, misioneros y misioneras voluntarios e independientes que dentro de Estados Unidos y en Canadá, iniciaron obras que fueron evolucionando hacia comunidades de fe locales y en la constitución de iglesias nacionales, como fue la fundación de las Asambleas de Dios en Hot Springs, Arkansas en 1914. [7]

En las primeras tres décadas el movimiento pentecostal llegó a convertirse en lo que varios historiadores describen como “la Tercera Fuerza de la Cristiandad”, en el escenario mundial a inicios del siglo XX. [8]  Es de vital importancia identificar cuáles fueron las iniciativas de misioneros y misioneras voluntarios e independientes, que sintieron llamados y tuvieron visiones especiales. La mayoría de esas iniciativas estaban mediadas por la membresía activa de aquellas hermanas y hermanos en denominaciones inspiradas por el movimiento de santidad como la Alianza Cristiana y Misionera con A. B. Simpson, su fundador, muy identificado con la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo con las señales del hablar en lenguas.

La Unión Cristiana, una denominación muy identificada con el movimiento de santidad, fue impactada por el movimiento de Azusa, cambió su nombre y afirmó plenamente lo que llamaron “el evangelio completo”. Hoy la conocemos como la Iglesia de Dios del Evangelio Completo, Cleveland, TN, con una obra internacional amplia y activa en todos los continentes como una iglesia pentecostal. [9]  Otras denominaciones pentecostales fueron establecidas en las primeras décadas del siglo XX que denominamos iglesias del “pentecostalismo clásico”, para distinguirlas de iglesias nacionales autónomas y criollas. [10]

Distintivos teológicos pentecostales

            Algunos de los distintivos teológicos del movimiento pentecostal del siglo XX incluyen:

  1. El énfasis en el bautismo del Espíritu Santo y el hablar en lenguas como señal. El libro de los Hechos de los Apóstoles es una fuente esencial para ubicar el nacimiento de la iglesia, su tarea evangelizadora y la militancia misionera.
  2. Hay una relación estrecha entre la conversión, la santificación y el bautismo en el Espíritu Santo que se muestra en la vida cotidiana y en los valores morales y éticos.
  3. La adoración es la expresión de una “energía marcada con gozo”.
  4. El don de sabiduría es fuente de conocimiento espiritual y el don de discernimiento es el ejercicio para detectar la verdad evangélica que ilumina el camino de fe.
  5. La iglesia es comunidad de los redimidos nutrida por los dones del Espíritu en la edificación del cuerpo de Cristo.
  6. El horizonte escatológico aguarda el retorno de Cristo como promesa hacia el fin de los tiempos que están bajo su sola potestad.
  7. El ministerio pastoral guía, orienta, enseña y sirve para que el cuerpo de Cristo madure en la fe. [11]

Es de vital importancia resaltar que el movimiento pentecostal fue una búsqueda de renovación y restauración en el poder del Espíritu Santo desde estructuras eclesiásticas existentes que en muchos casos evolucionaron a nuevas formaciones eclesiásticas, otras adaptaron gobiernos eclesiásticos y sus modelos pastorales y algunas advinieron estructuras eclesiásticas hibridas, i.e. Metodista Pentecostal, Fe y Santidad, Pentecostal Reformada, etc. Walter Hollenweger destaca que las comunidades pentecostales tienden a buscar en el Nuevo Testamento modelos eclesiales que orienten su práctica y gobierno eclesial. [12]

Pentecostalismo: “Una religión hecha para viajar”

            Una de las dimensiones más importantes del movimiento pentecostal del siglo XX es su globalización. Hay una frase que ha sido acuñada: “Pentecostalismo: una religión hecha para viajar.”  Ese énfasis intenta reclamar como desde Azusa en Los Ángeles, CA hubo una oleada expansiva que cubrió todos los continentes y que desafió lo que había sido el “Gran siglo protestante” del siglo XIX, que el gran historiador bautista Kenneth Scott Latourette había reclamado para el movimiento misionero protestante.

Las estadísticas sobre el crecimiento de las iglesias pentecostales y su despliegue en el establecimiento de instituciones educativas y otros servicios sociales claramente colocan a estas iglesias en algunos casos como en Latinoamérica y el Caribe y África, con membresías que hasta triplican los adherentes a la fe pentecostal frente a las iglesias protestantes. [13]

            En relación con Latinoamérica y el Caribe debemos destacar las iniciativas de misioneros voluntarios e independientes, que, con la experiencia pentecostal, sintieron el llamado urgente de viajar a diferentes países, bajo el impulso y la visión del Espíritu. G. F. Bender, un estudiante de origen alemán, del Nyack College en Nueva York de la Alianza Cristiana y Misionera, recibió el bautismo del Espíritu Santo, acompañado de una visión y convocatoria para ser misionero voluntario e independiente a Venezuela.

Parte de la visión incluía el nombre de una importante ciudad en Venezuela, Barquisimeto. Habiendo consultado mapas y haciendo contactos con misioneros de la Alianza Cristiana y Misionera en Venezuela, llegó a Caracas, la capital, y de allí venciendo muchos obstáculos, finalmente llegó a Barquisimeto. Allí desarrollo una obra misionero que incluyó la iglesia Bethel, con un gran avivamiento en 1926. Un hogar para la niñez huérfana y un instituto bíblico. Entre 1914 y 1942, su liderato promovió el establecimiento de congregaciones y la colaboración con otros misioneros y misioneras, hasta que las Asambleas de Dios llegaron oficialmente a Venezuela en 1947. G. F. Bender fue ordenado por las Asambleas de Dios en 1937. Regresó a Estados Unidos en 1947. [14]

            El otro testimonio elocuente sobre los movimientos voluntarios de misioneros independientes, al recibir el bautismo del Espíritu Santo, examinaron mensajes proféticos y nuevas visiones, fueron Gunnar Wingren y Daniel Berg, inmigrantes suecos de origen bautista que por motivos comerciales llegaron a Chicago. En la obra establecida por Charles Durham transformaron radicalmente sus vidas, y con aquel mensaje que hablaba de Belém do Pará en Brasil, verificaron en un mapa el lugar y viajaron a Brasil. Inicialmente se unieron a una congregación bautista, pero al enfatizar su nueva experiencia pentecostal, se separaron. De allí surgió la Asamblea de Dios en 1918, apoyada por evangelistas suecos. En 1930 esa denominación había sido establecida en 21 estados de Brasil.[15]

Así se verifican las dos vertientes principales que explican la expansión del movimiento pentecostal en el siglo 20: La globalización y lo que llamaríamos la “geografía del Espíritu”. Las primeras generaciones de misioneros voluntarios e independientes que testifican de su experiencia pentecostal se orientaban mucho con visiones y profecías que muy frecuentemente destacaban zonas geográficas (ciudades y países) que les obligaban a estudiar mapas y enciclopedias para descifrar los lugares donde el Espíritu les estaba dirigiendo, como hemos ya examinado.

El papel de las mujeres en el movimiento pentecostal

            Desde los inicios del movimiento pentecostal del siglo XX, las mujeres jugaron un papel fundamental.  El testimonio público del bautismo en el Espíritu Santo y las funciones como pastoras, predicadoras y misioneras, contribuyo al avance del movimiento. En muchas ocasiones su visibilidad e influencia fue cuestionada y resistida, negándosele incluso, la ordenación al ministerio y el acceso a posiciones de autoridad en sus iglesias.

            En el movimiento de santidad del siglo XIX y XX se destacaron figuras como Phoebe Palmer, quien ejerció una gran influencia en grupos carismáticos con su predicación sobre la santificación. Ya he mencionado a la hermana Agnes Ozman que fue una activa líder en el movimiento pentecostal.

            Florence Crawford fue una destacada líder en la misión apostólica de Azusa y posteriormente con su propia Misión Apostólica en Portland, Oregón, 1907. Fue posteriormente miembro activa de las Asambleas de Dios en 1914. La otra figura pública e influyente fue Aimee Semple McPherson, con su habilidad oratoria, proyección carismática y convocadora de multitudes, fue una figura sobresaliente, aún en medio de serias polémicas. Ella fue miembro de las Asambleas de Dios hasta 1922, cuando creó su propia organización: Iglesia del Evangelio Cuadrangular. [16]

            La Iglesia de Dios, (Cleveland, TN) ha tenido un número significativo de pastoras, evangelistas, teólogas, consejeras y misioneras, alrededor del mundo. De igual forma, la COGIC (Iglesia de Dios en Cristo), una iglesia pentecostal predominantemente afroamericana y con una presencia importante en Estados Unidos, como la iglesia pentecostal con mayor membresía en Estados Unidos y una obra misionera alrededor del mundo.  [17]

            Desde el ámbito hispano-latino se puede mencionar a Romanita Carbajal de Valenzuela, migrante de México a Estados Unidos, quien habiendo recibido el bautismo del Espíritu Santo y congregarse en una iglesia de la Asamblea Unida (PAW), tuvo la visión y la urgencia de regresar a su Villa Aldama, Chihuahua, y convocar a un grupo de hermanos y hermanas, que, recibiendo el bautismo del Espíritu Santo, llegaron a formar la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús en 1914. [18]

            En Puerto Rico y desde allí, podemos destacar a Leoncia Rosado (Mamá Leo), quien recibe la sanidad y el bautismo en el Espíritu Santo, en el avivamiento de 1933 de los Discípulos de Cristo y viajó en 1935 como producto de una visión a Nueva York. Desde allí promovió un ministerio para la rehabilitación de drogadictos que evolucionó hasta llegar a ser parte del Concilio de Iglesias Cristianas fundado por el evangelista Francisco Olazábal. A la partida con el Señor de Francisco Olazábal en 1937, Mamá Leo formó con su esposo, Francisco Rosado, la Iglesia Cristiana Damasco en 1939. [19]

Misioneras pioneras pentecostales en Cuba

            El movimiento pentecostal en Cuba tiene tres momentos significativos en el siglo XX: La predicación del evangelista Samuel Clement Perry, que, habiéndose incorporado a la Iglesia de Dios, Cleveland, TN, visitó Cuba y predicó en una ocasión. Eso fue en 1910. El hermano Samuel Clement Perry se desenvolvió en tareas evangelizadoras y administrativas dentro de la Iglesia de Dios, desafiliándose en 1919 y uniéndose por algún tiempo a las Asambleas de Dios. Más adelante, retorno a la Iglesia de Dios. [20]

El segundo momento significativo  para evocar a las lideresas que con valor, sacrificio y audacia llegaron a Cuba a compartir su experiencia pentecostal, hemos de referirnos al testimonio del Rdo. Avelino González, de las Asambleas de Dios, y a partir de 1957, uno de los fundadores de la Iglesia Cristiana Pentecostal de Cuba., quien junto a su esposa Ofelia Zorrilla, desarrollaron un ministerio pastoral  en una congregación en La Habana, un ministerio radial, una tarea de acompañamiento a las comunidades de inmigrantes de chinos y coreanos  en La Habana y la participación ecuménica en Cuba y  otros países de Latinoamérica y el Caribe. [21]  

En conversaciones con Avelino González y Ofelia Zorrilla, fue evidente la influencia e impacto de la obra realizada por May Kelty, su madre y Ann Sanders. Allí en su apartamento en La Habana, me mostró fotos Ofelia, y expresó cantando la profunda gratitud que sentía por esas mujeres que tanto le inspiraron. Eso fue el año anterior de su partida a la presencia del Señor.

Eran misioneras voluntarias, que se inspiraron en la acción del Espíritu Santo en sus vidas.  May Kelty fue ordenada al Santo Ministerio por las Asambleas de Dios. May Kelty y su madre Harriet L. Kelty llegaron a Cuba en 1920. De acuerdo con Luisa Jeter de Walker: “Las Kelty aceptaron el reto de ir a Cuba y sembrar allí la Palabra de Dios. Trabajaron por dos años en la provincia de La Habana celebrando campañas evangelísticas en varios lugares.”  [22]  Sus primeros relatos misioneros aparecieron sucesivamente en la revista oficial, Pentecostal Evangel, de las Asambleas de Dios en Estados Unidos.  En un breve relato sobre sus actividades en Cuba, May Kelty comparte con entusiasmo el impulso que percibe en los intentos iniciales de su trabajo misionero. Destaca que Cuba es un “campo abierto” para la misión. Aprecia el apoyo de la Junta de los Amigos (Cuáqueros). Observa que hay un ávido deseo y ferviente oración en la búsqueda del bautismo en el Espíritu Santo. [23]  En el relato misionero del mes de junio de 1920, May Kelty insiste que hay “sed y búsqueda del bautismo en el Espíritu Santo” con hermanos y hermanas en ferviente oración. [24]   En Cuba hay una gran apertura para la misión, “An Open Door”. [25]   Recalca la necesidad de un instituto bíblico en Cuba. [26]

Luisa Jeter de Walker, en su análisis sobre el movimiento pentecostal en Cuba y el papel preponderante que cumplieron estas misioneras pioneras de Pentecostés en Cuba, destaca con gran admiración y exclamación:

Dos mujeres intrépidas. ¡Dos mujeres solas con una carpa para campañas evangelísticas en un país donde no existía obra pentecostal! (Subrayado nuestro). [27]

El reconocimiento como misioneras de las Asambleas de Dios le permitió ser ordenadas y reconocidas bajo el Distrito Latinoamericano de las Asambleas de Dios, junto a la misionera Ann Sanders que se unió a ella para retomar la tarea misionera en Cuba, en 1931, con la supervisión del Rdo. H.C. Ball. [28] Ann Sanders regresó a México a sus 80 años en 1948. May Kelty trabajo en Cuba hasta 1957. [29]

Una misionera de origen canadiense, Alice Wood, pionera en la difusión del Evangelio, con la impronta y testimonio pentecostal en Argentina, tan temprano como el 1909, sirvió como modelo e inspiración, a estas hermanas Kelty, al extremo de unirse a la pastora Alice Wood, y trabajar con ella por espacio de siete años y medio. [30]  Alice Wood pertenecía a una iglesia del movimiento de santidad y su tarea pionera la llevó a colaborar con otras denominaciones y sus misioneras y misioneros en Gualeyguaychú, Entre Ríos, Argentina.

Harriet May y Harriet L.  y su madre, tuvieron que regresar de Cuba a Estados Unidos debido a la enfermedad de esta última, que lamentablemente falleció en 1928. Pero su hija, mantenía viva en su mente y corazón, el retornar a Cuba. En 1931, Harriet May Kelty y Anne Sanders, danesa-canadiense, una de las pioneras del pentecostalismo en México, llegan a Cuba para retomar el trabajo misionero pentecostal en Cuba. Esa década sería determinante en el avance de la obra pentecostal en Cuba. Llegarían misioneros y misioneras puertorriqueños que contribuirían a la expansión y afianzamiento del pentecostalismo cubano.

En 1933 llegaron Francisco Rodríguez (Panchito) y su esposa Esther, puertorriqueños procedentes de Nueva York para reforzar la presencia de las Asambleas de Dios en Cuba. Se hicieron cargo de la obra en La Habana y sus alrededores hasta constituir la Iglesia Evangélica Pentecostal en Cuba, como fue conocida las Asambleas de Dios en Cuba. Bajo la supervisión de H. C. Ball. [31]

Conclusiones

 A través de la historia del pentecostalismo cubano, hemos tenido mujeres cubanas llamadas al ministerio activo que deben ser reconocidas y honradas. Estas misioneras pioneras pentecostales inspiraron a muchas mujeres, que han sido misioneras, pastoras, educadoras y evangelistas, y que reconoceremos en un futuro cercano. Resaltaré en otro artículo el papel protagónico de mujeres pentecostales de Cuba. Bástenos aquí reiterar la prominencia, la audacia y el sacrificio de estas pioneras de Pentecostés en Cuba. Ellas fueron auténticas misioneras que, bajo la dirección del Espíritu Santo, sembraron la semilla en el surco que ha dado fruto abundante.


[1] Mark G. Toulouse, Joined un Discipleship> The Shaping of Contemporary Disciples Identity (St. Louis, MO: Chalice Press, 1997), 32.

[2] Carmelo Alvarez, Santidad y compromiso: El riesgo de vivir el evangelio (México. CUPSA, 1985), 25-43.

[3] Ibid., 41.

[4] Rufus G. W. Sanders, William Joseph Seymour 1870-1922: Black Father of the 20th. Century Pentecostal Movement (Sandusky, OH: Alexandria Publications, 2001), 61-73.

[5] Douglas Jacobsen, Thinking in the Spirit: Theologies of the Early Pentecostal Movement (Bloomington, IN: Indiana University Press, 2004), 18-50.

[6] Rufus G. W. Sanders, William Joseph Seymour 1870-1922: Black Father of the 20th. Century Pentecostal Movement, 97.

[7] Carmelo Álvarez, “Hispanic Pentecostals: Azusa Street and Beyond”, Cyberjournal for Pentecostal-Charismatic Research, (February 1999).

[8] Carmelo Álvarez, Santidad y compromiso, El riesgo de vivir el evangelio, 42- 43.

[9] Carmelo Alvarez, Sharing in God’s Mission: The Evangelical Pentecostal Union of Venezuela and The Christian Church (Disciples of Christ) in the United States 1960-1980 (Ph. D. Dissertation (Free University: Netherlands 2006), 61, 71.

[10] Ibid., 61-67.

[11] Carmelo Alvarez, Santidad y compromiso: El riesgo de vivir el evangelio, 45-53

[12] Ibid., 49-50.

[13] Murray Dempster, Byron D. Klaus, Douglas Petersen, eds., The Globalization of Pentecostalism: A Religion Made to Travel.  Eugene: Oregon: Wipf and Stock Publishers. 2011. Alan Anderson, Introduction to Pentecostalism: Global Charismatic Christianity. Cambridge: Cambridge University Press, 2004.

[14] Carmelo Álvarez, Sharing in God’s Mission: The Evangelical Pentecostal Union of Venezuela and The Christian Church (Disciples of Christ) in the United States, 90-100, 109, 116. 135.

[15] Ibid., 65-66.

[16] Para una sólida biografía,  recomiendo: Edith Blumhofer, Aimee Semple McPherson, Everybody’s Friend, (Grand Rapids: W. B. Eerdmans, 2003).

[17] R. M. Griffith, D. Roebuck, “Women, Role of”, Stanley  M. Burgess and Eduard M. Van Der Bass, eds. New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements,  (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 1203-1209.

[18] Daniel Ramírez, Migrant Faith: Pentecostalism in the United States and Mexico in the Twentieth Century. Chapel Hill, NC: The University of Carolina Press, 2015. Sobre Romanita Carbajal de Valenzuela, véase, Deyssy Jael de la Luz García, El movimiento pentecostal en México. La Iglesia de Dios, 1926-1948 (México.  La Editorial Manda, 2010), 51-53.

[19] Conocí a Mamá Leo en 1961. Mi tía Eva Santos la invitó al avivamiento del 1933 entre los Discípulos de Cristo en Puerto Rico. La entrevisté en varias ocasiones, particularmente en el McCormick Theological Seminary en 1992.

[20] “D. G. Roebuck, “Samuel Clement Perry 1875—1960”, New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements, 982-983.

[21] Carmelo Álvarez, ed. Cuba testimonios y vivencias de un proceso revolucionario (San José: DEI, 1989), 55-63

[22] Luisa Jeter de Walker, Siembra y cosecha, Tomo 3 (Deerfield, FLA, Editorial Vida, 1996), 150.

[23] May Kelty  “Missionary Gleanings” en Pentecostal Evangel, 15 de mayo 1920.

[24] May Kelty, “Missionary Gleanings” en Pentecostal Evangel, 26 de junio de 1920.

[25] May Kelty, “Missionary Gleanings” en Pentecostal Evangel, 22 de enero de 1921.

[26] May Kelty, “Missionary Gleanings”, en Pentecostal Evangel, 27 de agosto de 1927.

[27] Luisa Jeter de Walker, Siembra y cosecha, Tomo 3, 149.

[28] Luisa Jeter de Walker, Siembra y cosecha, Tomo 3, 151.

[29] G. Espinosa, “Anna Sanders”, The New International Dictionary of the Pentecostal and Charismatic Movements, 1037.

[30] Luisa Jeter de Walker, Siembra y cosecha, Tomo 2, (Deerfield, FLA: Editorial Vida, 1992), 20-21.

[31] Luis Jeter de Walker, Siembra y cosecha, Tomo 3, 151.

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