El Pecado Ecológico y la Conversión Ecológica

BRASIL-

Por Afonso Murad-

Queridos amigos y amigas:

En el documento final del Sínodo para la Amazonia se dice:

Proponemos definir el pecado ecológico como una acción de omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el medio ambiente. Es un pecado contra las generaciones futuras y se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción del medio ambiente, transgresiones contra los principios de interdependencia y la ruptura de redes de solidaridad entre las criaturas (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 340-344) y contra la virtud de la justicia (Sínodo, 82).

Presentaré, en forma de párrafos numerados, una reflexión sobre el Pecado Ecológico. Es una obra abierta, aún en construcción. Pensaremos juntos. El título es deliberado, porque creo que sólo podemos entender y utilizar este concepto si el incluye el cambio personal y colectivo, de la mentalidad y estructuras, es decir, una conversión. 

En la primera parte, explicaré cómo aparecen las nociones de pecado y conversión en la Biblia y sus implicaciones sociales. Como el tema es muy amplio, hice un corte y seleccioné unas palabras-claves. Luego voy a mostrar como el pecado ecológico deriva del pecado social o estructural, utilizando los documentos de los obispos latinoamericanos en Medellín, Puebla y Aparecida. En tercer lugar, vamos intentar responder a una pregunta crucial para la pastoral: ¿por qué gran parte de los cristianos tiene dificultad para aceptar los temas del pecado y la conversión ecológica? Cuarto, recordaré la propuesta de conversión ecológica en Laudato Si. No incluiré el Sínodo para la Amazonia, ya que el merece otra reflexión. Para concluir, hay conclusiones abiertas, especialmente en el horizonte de iglesias y minería.

I. Una síntesis de la visión bíblica sobre el pecado y la conversión

Escrituras judías

1. En las Escrituras judías (Antiguo Testamento), el tema del pecado se entiende a partir del pacto de Dios con su pueblo elegido. Yahveh mira a la gente que sufrió la esclavitud en Egipto, se compadece y lo libera, por las manos de Moisés (Ex 3,7-10). Junto con la liberación y la promesa de la tierra prometida, Dios propone un pacto: “Seré tu Dios y tú serás mi pueblo” (Ex 6, 6-8; Jer 31,1). Dios también educa a los antiguos esclavos para que sean una comunidad. Tal es el propósito de la larga caminata en el desierto, durante aproximadamente 40 años: fortalecer los lazos con Dios, entre los clanes y sus miembros (Deut 8, 2-6).

2. En este largo y doloroso camino en el desierto, las personas pasan por varias tentaciones. Como el nombre indica, las tentaciones son intentos fallidos, para desviarse del camino de la vida. Entre ellos: un ídolo (el becerro del oro) (Ex 32, 1-10), la ilusión de que la vida en Egipto era mejor que en el desierto (Num 11,4-9), la negativa a la comida del desierto, el pesimismo, el desánimo de seguir caminando (Núm. 20.4). Siempre existe el riesgo de no escuchar el llamado de Dios, endurecer el corazón y alejarse (Salmo 95.8): “Ojalá escuchen hoy la voz del Señor; no endurezcan su corazón, como ocurrió en el día amargo, el día de la tentación en el desierto, donde tus padres me tentaron, poniéndome a prueba” (Heb 3,7-9).

3. El pecado se manifiesta en gestos y acciones que rompen el pacto con Dios. Por lo tanto, las palabras hebreas relacionan el pecado con “errar el blanco”, “mantenerse alejado”, que está precedido por “desviar el corazón”. En la opinión de los profetas, los grandes pecados son:

– Idolatría: abandonar la fidelidad a Dios y adorar a otros dioses y diosas, normalmente vinculados a cultos de fertilidad, dependientes de los ciclos de la naturaleza (Deut 6.6-10). “Mi gente cometió dos crímenes: ellos me abandonaron, a mí que soy la propia la Fuente de Agua Viva; e intentaron cavar sus propias cisternas, pozos agrietados que no pueden retener agua “(Jer 2,13)

– Practicar la injusticia contra los pobres, los huérfanos, las viudas y extranjeros (= los más débiles). Y esto tiene consecuencias sociales y ecológicas: “Así dice Yahvé de los ejércitos: haz un juicio verdadero, y cada uno trate a su hermano con amor y compasión. No oprimas a la viuda y al huérfano, al extranjero y al pobre; y que nadie, en su corazón, conspire el mal contra su hermano». Sin embargo, ellos no querían prestar atención, me dieron la espalda y endurecieron sus oídos para no escuchar. Endurecieron sus corazones para no escuchar la Ley y las palabras que Yahweh había enviado por su espíritu a través de los antiguos profetas. Todo esto enfureció a Yahvé y dijo: «Como llamé y no escucharon, ahora también pueden gritar que no escucharé. Los dispersé a todas las naciones que no conocían, y detrás de ellos la tierra estaba vacía, sin transeúntes. Convirtieron esa tierra encantadora en un desierto” (Zac 7, 9-14).

Estos pecados están entrelazados. Según los profetas, los que practican la injusticia contra los débiles, aunque sean muy piadosos, están lejos de Dios. Es una religión falsa (Isaías 1,10-20). La fuente para hacer el bien es permanecer fiel al Dios vivo y verdadero. Los ataques de los profetas, contra ese culto falso, están dirigidos a aquellos que tienen el poder (Am 6,1), a los comerciantes que explotan a los pobres (Am 8,4-6) y a la comunidad creyente (Am 5,21-25). Raramente a un individuo solo. Aquí está la raíz de lo que hoy llamamos pecado social o estructural. La gente se olvidó de Dios, abandonó su pacto. Las relaciones están contaminadas, deterioradas, podridas. Al denunciar este escenario, los profetas son perseguidos (Am 7,10-15) y amenazados de muerte.

4. Hay una tensión en las Escrituras judías entre la visión de los profetas (y del Deuteronomio) y la de los sacerdotes. La corriente profética enfatiza el carácter social del pacto y la fidelidad del corazón. La corriente sacerdotal, que ganó espacio después del exilio en Babilonia, enfatiza el cumplimiento de la Ley, que es tanto religiosa como social. La Ley incluye preceptos cultuales y de convivencia humana e introduce una serie de reglas de pureza ritual. La “Ley” es ambigua y permite una doble interpretación: la adhesión a Dios, traducida en gestos y actitudes (personales y comunitarios); o también, el someterse de manera infantil a las determinaciones legales.

5. En el libro del Deuteronomio, especialmente en el capítulo 30, el contraste entre “pecado” y “fidelidad al pacto” se encuentra en las expresiones “elegir el camino de la muerte” y “elegir el camino de la vida”. La muerte aquí no tiene un sentido biológico, sino ético y espiritual. “Si obedeces los mandamientos de Yahweh tu Dios, que hoy te ordeno, amando a Yahweh tu Dios, caminando en tus caminos y guardando sus mandamientos, estatutos y reglas, vivirás y multiplicarás. Yahweh tu Dios te bendecirá en la tierra donde estás entrando para tomar posesión de ella. Sin embargo, si tu corazón se desvía y no obedeces, si te dejas seducir y adorar y servir a otros dioses, hoy te declaro: ¡es seguro que perecerás! No prolongarás tus días en la tierra, donde entras, al cruzar el Jordán, para tomar posesión de ella. Hoy tomo el cielo y la tierra como testigos contra ti: te ofrecí vida o muerte, bendición o maldición. Escoja la vida, por lo tanto, para que usted y sus descendientes puedan vivir, amando a Yahweh su Dios, obedeciéndole y aferrándose a él, porque él es su vida y la extensión de sus días. De esta manera podrás vivir en la tierra que Yahweh juró dar a sus antepasados ​​Abraham, Isaac y Jacob (Deut 30,16-20)“.

6. No es suficiente tomar posesión de la tierra. Tenemos que cuidarla. El libro del Deuteronomio ofrece una serie de preceptos sobre el cuidado de la creación. Los Diez Mandamientos incluyen el descanso para el ganado y los animales domésticos, reconociendo así su dignidad (Deut 5,14). Los animales deben ser tratados bien, evitando el sufrimiento (Deut 25,4;) y el esfuerzo excesivo (Deut 22,10). Los animales perdidos deben ser llevados y devueltos a su dueño (Deut 22, 1-4). Es necesario preservar aves con crías, garantizando así la continuidad de su existencia (Deut 22,6-7). Los árboles frutales no deben ser destruidos, incluso en situación de guerra (Deut 20,19-20). Se deben conservar las plantas cultivadas (Deut 20,6; 23,25-26; 24,19-21). Las plantaciones son una bendición divina y todos tienen derecho a alimentarse de las cosechas.

7. El pueblo de Israel tenía una conciencia ecológica diferente a la que tenemos hoy. Los profetas muestran que practicar el pecado, desviarse del camino de la vida, tiene terribles consecuencias sociales y también para la tierra, que será devastada (Is 1,7). La infidelidad a Dios y la degradación de las relaciones conducirán a la destrucción del país y el medio ambiente. Había un sentimiento de armonía, la percepción de solidaridad entre la tierra y la gente. En el retorno de los exiliados, los árboles y las montañas aplauden con sus manos (Is 55,12). En la oración de alabanza, el mar, los ríos y las montañas están invitados a regocijarse con el salmista, porque Dios viene a juzgar al mundo con justicia (Sl 89,7-9). El mismo Dios que crea el mundo, libera a las personas de la esclavitud y las salva. Su amor dura para siempre (Sl 136).

8. Sin embargo, no es fácil recorrer el camino del bien y la justicia, ya que hay grupos de personas malvadas en la sociedad, que practican el mal contra los demás. Varios salmos muestran el clamor de los justos (= uno que vive de acuerdo con el pacto), frente a las persecuciones de los malvados (los impíos). Ver, por ejemplo, Salmos 3, 4, 5, 7, 10). El tema del pecado individual aparece sobre todo en el Salmo 51: “¡Lávame de mi injusticia y límpiame de mi pecado! (..) Porque reconozco mi culpa y mi pecado siempre está frente a mí (..) Oh Dios, crea en mí un corazón puro y renueva un espíritu firme en mi pecho (Sl 51,4.5.12). Este salmo fue luego atribuido a David cuando el rey se apropió de la esposa de su soldado Urías y causó su muerte (2 Sam 11,2-15).

9. Cuanto más importante es el papel de una persona en la sociedad (como el rey, el profeta, el sacerdote, el antepasado), mas grande es la bendición que se extiende a las personas y sus descendientes (Gn 12,1-3). O, por el contrario, la maldición, si se incurre en pecado grave. La bendición y la maldición son personales, comunitarias y sociales. Afectan el presente y el futuro.

10. Se consideraba también que los pecados cometidos por una generación tendrían consecuencias en la comunidad actual y en las próximas generaciones. A pesar de que el profeta Jeremías enfatiza la responsabilidad individual de la culpa (Jer 31,29-31), tal punto de vista permanece aún en el tiempo de Jesús. Por esta razón, los discípulos preguntaron acerca del hombre ciego: “¿quién pecó, él o sus padres”? (Jn 9,2). Esta concepción parece mágica, pero muestra que existe una solidaridad intergeneracional.

11. Hay un llamado insistente para aquellos que detentan el poder (el rey y los sacerdotes) y para toda la gente para que se conviertan y se vuelvan a Dios (1 Reyes 8: 33-34). Dios conoce los corazones de todos (1 Re 8,39-40) y escucha la solicitud de perdón (1 Re 1,46-50). Si cada una y todas las personas escuchan la voz de Dios, abandonan el mal camino, mejoran sus hábitos y prácticas (Jer 8,8.11; Jer 26,3), Dios cumplirá su promesa, y concederá la paz, la posesión y cultivo del suelo y la fertilidad.

Nuevo Testamento

12. El evangelista Lucas enseña que Jesús se prepara para la misión rehaciendo el camino que Israel trazó después de la liberación de Egipto. Jesús pasa cuarenta días en el desierto y luego es tentado por Satanás. Pero él resiste todas las tentaciones (Lucas 4,1-13) y así fortalecido, comienza su misión.

13. En la época de Jesús, la religión dominante estaba controlada por los escribas y fariseos en los pueblos pequeños, y por los saduceos y la élite sacerdotal en el templo de Jerusalén. Ellos clasificaban varias categorías de personas como “pecadores “. Estos eran mal vistos y en algunos lugares no tenían acceso a la sinagoga, el lugar de oración semanal y lectura de los textos sagrados. Entre los pecadores públicos, los evangelios citan prostitutas y recaudadores de impuestos (Mt 21,32), quienes además de servir a los romanos, se apropiaron de parte de los impuestos. La insistencia en el pecado de los demás fortalecía la posición de los que se consideraban “los justos”.

14. En este sistema de exclusión y pureza ritual, los enfermos también entraron en la lista de impuros y pecadores. Por eso, en Marcos 2,3-12, Jesús comienza perdonando al paralítico sus pecados, y hace que él venza la parálisis y camine. Como una señal de que el Reino de Dios se acerca, Jesús sana a muchos enfermos. Además de la restauración de la salud, don fundamental para vivir, eso era una forma de llevar las personas de vuelta a la convivencia social y anunciar la venida del Nuevo Tiempo (Mt 11,4-6).  Así se comprende la escena en que Jesús sana a Bartimeo, el ciego de Jericó (Mc 10,46-52). Bartimeo estaba literalmente “al margen del camino” (v.46). Después de la curación, “sigue a Jesús en el camino”.

15. Jesús no está interesado en agregar más pecados a la larga lista que ya existía, ni en condenar a nadie. En una sociedad con rasgos teocráticos, las personas consideradas “pecadoras” fueron marginadas. Por eso, el gesto de Jesús de sentarse a la mesa junto a los pecadores (Lc 5,27-31) tiene mucho sentido. El compartir la mesa (la “comensalidad”), era un gran signo de inclusión, comunión y restauración de lazos cortados. Diríamos, en lenguaje de hoy, que perdonar pecados y convivir con pecadores también era promover la pertenencia social y rescatar su ciudadanía.

16. Una de las novedades de la enseñanza y da la práctica de Jesús consiste en anunciar que Dios es el papá amoroso (Abba). No es el Dios de la Ley, sino de la misericordia, como se muestra en las tres parábolas de la alegría en Lucas 15. Dios es como la pobre mujer que se regocija con sus vecinas cuando encuentra una moneda perdida. Se asemeja al pastor que, en lugar de romper la pierna de la oveja que huye, la carga sobre sus hombros y llama a amigos y vecinos para celebrar. Sobre todo, es el amable padre quien acoge con un abrazo al hijo inmaduro e ingrato. El hijo reconoce que ha pecado (contra el cielo y contra el padre, versículos 18 y 21).

17. Jesús está indignado con las personas y los grupos religiosos (y sociales) que colocan la Ley religiosa y el precepto del sábado por encima del ser humano necesitado. Esta es su enseñanza, por ejemplo, cuando los discípulos recogen espigas en el día de reposo, que son restos de la cosecha reservada a los pobres (Mc 3, 23-28). El evangelista Mateo recoge una serie de discursos de Jesús denunciando la simulación, los esquemas de dominación, la mentira, la inversión de valores de los “doctores de la ley” y los fariseos (Mt 23). Pero la palabra “pecado” se usa raras veces. Por otro lado, los evangelistas advierten que “el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado” (Mc 3,28-30). Esta expresión parece indicar el rechazo total del ser humano a la propuesta de Jesús.

18. Si leemos los Evangelios sinópticos en su conjunto, lo más importante es la venida del Reino de Dios en Jesús y con Jesús. Jesús no predica la justicia retributiva (dar a cada uno lo suyo), pero la justicia recreadora (dar a cada quien lo que necesitan para ser felices y fieles a la alianza con Dios). “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33). En los evangelios, predomina las acciones de Jesús para: anunciar el evangelio a los pobres; perdonar lospecados; curar de enfermedades físicas, psíquicas y somáticas; liberar de las ideologías dominadoras, que en su época eran principalmente religiosas; y recuperar la esperanza en Dios y su reinado.

19. El pecado, como rechazo a Dios y al Reino de Dios, debe ser perdonado y combatido. La conversión exige la humildad (reconocer su pecado), la fe (confiar en Dios y creer que es posible ser diferente), un cambio de mente y nuevas actitudes. Jesús comienza su predicación así: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1,15). A veces, la conversión requiere reparar el daño causado. El ejemplo típico es Zaqueo, rico y jefe de recaudadores de impuestos. Jesús va a su encuentro, a su casa. Zaqueo se convierte y devuelve, en proporción mucho mayor, todo lo que explotó de los pobres (Lc 19,1-9).

20. El apóstol Pablo extiende la reflexión sobre el pecado, poniéndolo en contraste con la gracia. Se anuncia que Jesucristo nos ha liberado del dominio del Pecado (en singular), con su muerte y resurrección redentoras. Para esto, usa la imagen del esclavo que logra la libertad (=redención) (Rom 6,3-10). Sin embargo, permanece en nosotros la ambigüedad de luz y oscuridad. Somos nuevas criaturas en Cristo (Gal 6,15), pero debemos tener cuidado de no caer de nuevo en la esclavitud (Gal 5,1). Pablo también opone “vida según el espíritu” y “vida según la carne” (Gal 5, 16-26). La palabra ” según la carne” (kata sarx) no significa el cuerpo humano, o la sexualidad, como se interpretó más tarde. Y sí, el ser humano frágil y autosuficiente, que no se abre a Dios. Más que hablar de “pecados” (en plural), Pablo usa el término “Pecado”, para indicar un contexto negativo amplio, que deshumaniza y aleja a las personas de Dios y de su proyecto. Él confía en la victoria de Cristo resucitado sobre las fuerzas del mal en la historia: ” “donde abundó el Pecado, sobreabundó la Gracia”(Rom 5,20).

21. Según el evangelio de Juan, el rechazo a Jesús y a su propuesta no ocurre solo en el ámbito de cada persona individual. Hay un conjunto de fuerzas negativas que se oponen a Jesús, hasta el punto de llevarlo a la muerte. Si Cristo es la luz de Dios que viene a este mundo, estas fuerzas son tinieblas que intentan eclipsarlo (Jn 1,9-11). Quien practica el mal odia la luz, porque revela sus acciones. Y quien practica la verdad viene hacia la luz, para que sus acciones se manifiestan, porque esas están hechas en Dios (Jn 3.20 a 21). La oscuridad, las fuerzas del mal en la historia, ciega los ojos de las personas (1 Jn 2,11b). En una controversia con sus contemporáneos, que quieren asesinarlo, Jesús dice que “todo el que peca es su esclavo” (Jn 8,34). Es inútil confiar en la mera pertenencia religiosa, como si eso les hiciera libres. El diablo, el príncipe de este mundo, es asesino y mentiroso. Él es el padre de la mentira (Jn 8,44). Entonces, hay otra dimensión del Pecado y de los que lo difunden. El pecado no solo se justifica a sí mismo, se esconde, huye de la luz, sino que también lucha con argumentos falsos, promueve mentiras y busca aniquilar a los que están en el camino de la luz.

22.  En resumen, hay una constelación de conceptos interdependientes y esenciales para entender el pecado desde la Biblia: la prioridad del llamado de Dios (pacto, discipulado); la peregrinación en la fe y sus riesgos; la necesidad de escuchar la voz de Dios y seguir el camino de la vida; las tentaciones que nos seducen y nos pueden llevar por mal camino; la misericordia de Dios que siempre es mayor que nuestros pecados; la simultaneidad de la dimensión personal, comunitaria y política del pecado; la superación del pecado pidiendo perdón, la conversión y reconstrucción de las relaciones; la ambigüedad del ser humano como creatura iluminada y oscura, santa y pecadora; el pecado como ruptura de la amistad con Jesús y la pérdida de armonía con la creación; el pecado como un contexto, una situación, un clima que condiciona actitudes negativas y destructivas de personas, comunidades y el ecosistema.

II. Entendiendo el pecado ecológico de la Biblia y Laudato Si

23. Creo que no debemos comenzar el discurso cristiano con el tema del pecado ecológico, sino con la gracia ecológica. Entendemos aquí que “Gracia” no es simplemente una serie de favores que Dios nos otorga (= gracias). Y sí, la Trinidad que se nos dona y nos invita a participar en la causa del Reino de Dios como discípulos y misioneros de Jesús.

24. El primer regalo de Dios es la creación. Dios crea la humanidad como parte de la Tierra. En las palabras del Papa Francisco, nuestro planeta es como la casa donde vivimos con otras criaturas, una hermana con la que compartimos nuestra existencia, una madre amable que nos recibe en sus brazos (LS 1). El mundo es más que un problema a resolver; es un misterio gozoso que contemplamos en alegría y alabanza (LS 12). Cada criatura y el conjunto de criaturas (ecosistema) tiene valor en sí mismos y son el primer evangelio (LS 69).

25. Existe una relación de reciprocidad responsable entre los seres humanos y la naturaleza. Cada comunidad toma lo que necesita de la Tierra y tiene el deber de protegerla y garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras (LS 67). El pacto de Dios con su pueblo, anunciado en las Escrituras, se extiende a toda la creación, tal como aparece en el texto de la alianza ampliada, después del diluvio: “Éste es mi pacto contigo y con tu descendencia, y con todos los animales que los acompañan: pájaros, animales domésticos y bestias, con todos los que dejaron el arca y ahora viven en la tierra” (Gen 9,9 -11). La gracia ecológica despierta en nosotros una actitud de gratitud a Dios, de alabanza, de encanto, de éxtasis ante la belleza de nuestra Casa Común. Y porque estamos encantados, queremos cuidarla.

26. El pecado ecológico es el rechazo a la “Gracia ecológica”, una desviación de la misión del ser humano de administrar, cuidar y cultivar el jardín de la Creación (Gen 1,26; 2,15). En palabras de Deuteronomio 30, en lugar de elegir el camino de la vida, uno opta por el camino de la muerte. La frase bíblica “apartar el corazón de Dios” se aplica aquí. El ser humano niega su dimensión de criatura limitada, de ser parte de la Tierra. Se considera propietario, dominador y saqueador (LS 2). En este sentido, el pecado ecológico significa también “falta de conciencia”, como lo entiende Paulo Freire. Incluso si la persona no es directamente responsable de ello. A su vez, la conversión ecológica se traduce en conciencia crítica-constructiva. Conduce a enfrentar la ideología del antropocentrismo desordenado (LS 69) y destructivo. Esta conciencia no se limita al conocimiento teórico. “El objetivo no es recoger información o saciar nuestra curiosidad, sino tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar’ (LS 19).

27. El pecado ecológico es similar al pecado social, o puede ser una expresión de él. Afecta no solo a las personas, sino también a las estructuras sociales, políticas y culturales. Y, especialmente, nuestro planeta. Pero también nos concierne a cada uno de nosotros, porque en nuestra vida diaria asumimos actitudes que impactan positiva y negativamente en el suelo, el agua, el aire y otros seres vivos. Cada uno puede medir, por ejemplo, su huella ecológica y reducirla. Al igual que con otras desviaciones humanas en relación con el sueño de Dios, la conversión ecológica incluye pedir perdón, cambiar la mentalidad, adoptar actitudes individuales y participar en acciones colectivas e institucionales. “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestro hogar común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a colaborar con Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y que corresponda a su proyecto de paz, belleza y plenitud (LS 53) “. Es ineficaz buscar primero el cambio del corazón, y luego luchar por nuevas estructuras. Los procesos están interconectados.

28. El pecado rompe al ser humano, lo divide internamente, lo convierte en alguien indiferente al dolor de los demás, lo hace cómplice de la iniquidad. La conversión significa la reconstrucción de la unidad del humano consigo mismo, con los otros, con la comunidad de vida del planeta y con el Dios de la Vida. Entonces, la conversión ecológica es parte de nuestro proceso de vida, para ser mejores, más felices e integrados. Esa conversión se expresa en nuestro compromiso con la ecología integral, que según Laudato Si, articula diversos aspectos: ambiental, económico, político, cultural, de la vida cotidiana, urbana, rural e intergeneracional (capítulo IV de Laudato Si). Y en nuestra cultura Latinoamericana y caribeña, los pasos hacia el “Buen Vivir”.

29. Es necesario comprender las tentaciones relacionadas con el pecado ecológico. Son interdependientes: individuales y colectivas. Por ejemplo, la tendencia al consumismo, la sed de poder y dominación (sobre otras personas y otras criaturas), el espíritu de competencia y no de cooperación, la indiferencia al sufrimiento de los pobres y de la Tierra. De la tendencia se pasa a los actos. Luego suceden en las personas y en la sociedad, a través de gestos, actitudes y patrones culturales. Y cuando se convierten en patrones de comportamiento, justificados por ideologías, ejercen una fuerza negativa sobre las personas.

30. El pecado y la conversión ecológicas están estrechamente relacionadas con la justicia intergeneracional, con la lucha por la continuidad de la red de la vida en nuestro planeta. Y dejamos una pregunta abierta: ¿es conveniente, desde un punto de vista teológico y pastoral, insistir en el pecado ecológico? ¿O no sería mejor acentuar el sueño de Dios para nosotros y otras criaturas, y la necesidad de una conversión ecológica?

IV. ¿Por qué el tema “Pecado ecológico” es tan difícil de ser aceptado por el catolicismo tradicional y el neoconservador?

31. Hay una razón ideológica para no aceptar el pecado ecológico como real. Tener en cuenta que el daño hecho al planeta es un pecado provoca la conciencia individual. La persona debe reconocerse como un pecador y asumir acciones que demuestren la conversión. Y las clases dominantes no aceptan eso.

32. Hay motivos teológicos. El pecado, en el catolicismo tradicional, está limitado a los actos individuales (y no comunitarios e institucionales) que violan objetivamente un estándar definido por la Iglesia y por el sentido común. Para esto, hay una lista de pecados individuales que emanan de una visión adaptada de los 10 mandamientos de la Ley de Dios (que no son los mismos que los de la Biblia, véase Ex 20,1-10) y los 5 mandamientos de la ley de la Iglesia. Además, la doctrina tradicional distingue entre el “pecado mortal”, que quita el “estado de gracia”, y los pecados veniales o leves. Por lo tanto, hay poco espacio para comprender el pecado y el pecado estructural, y mucho menos el ecológico.

33. Según la moral católica tradicional, para que haya un pecado, se necesitan cuatro condiciones: (a) que haya un individuo que lo practique y; (b) que él sea consciente y se sienta culpable cuando comete un error; (c) que él tenga la intención de hacer el mal; (d) que efectivamente realice un acto pecaminoso. Por ejemplo: matar es un pecado contra el quinto mandamiento. Si alguien mata accidentalmente a una persona, él/ella no comete pecado, porque falta la intención. Si quieres matar a alguien, pero no lo haces, tampoco pecas, porque falta el hecho.

34.  Desde este punto de vista, ¿cómo superas el pecado individual, que está relacionado con la culpa y la transgresión objetiva de la norma? (a) A través de la confesión, en el sacramento de la penitencia. El sacerdote, en nombre de la Iglesia, perdona los pecados y propone una práctica de reparación, que suele ser devocional (rezar varios Padre Nuestro y Ave Marías). La reparación no es un gesto o proceso concreto para mitigar las consecuencias negativas del pecado cometido; (b) A través de gestos penitenciales, como privarse de ciertos alimentos y bebidas, peregrinar hasta los santuarios, renunciar a algo agradable… Signos de arrepentimiento y de contrición.

35. El pecado ecológico no se ajusta a este esquema, porque: (a) no es solamente individual, sino también colectivo y estructural; (b) las personas a menudo conspiran con el daño ambiental o son indiferentes al clamor de la Tierra porque no tienen conciencia ecológica y, por lo tanto, no serían culpables; (c) podemos contribuir a la destrucción del medio ambiente sin tener una intención negativa de hacerlo; (d) a menos que sea el caso de una empresa explícitamente contaminante (como la minería), es muy difícil medir el daño inmediato, ya que las acciones antiecológicas interfieren lentamente en el medio ambiente.

36. La cultura moderna y posmoderna ha introducido un nuevo elemento en la ética, que es la primacía de la subjetividad sobre la ley y la tradición. En otras palabras: lo que el individuo considera correcto o incorrecto es lo que siente que es bueno o malo para él. Esto crea, incluso en grupos conservadores, una dicotomía entre lo que se predica y lo que se vive. Las apariencias se mantienen, pero las prácticas personales son diferentes. La doctrina tradicional se ajusta a las subjetividades y sus grupos de referencia. Por ejemplo: no respetan a Francisco, ni siguen sus instrucciones, a pesar de que es la máxima autoridad de la Iglesia. La obediencia, una de las virtudes más alabadas por los tradicionalistas, se relativiza. Lo mismo vale para los pecados. Algunos se acentúan, especialmente los relacionados con la sexualidad. Otros son colocados en segundo plano, como la capacidad para el diálogo, la caridad y la justicia.

37. El cristianismo neoconservador, católico o evangélico, es a la vez individualista, corporativo e ideológico. Es individualista en su discurso, que está dirigido a cada individuo de forma aislada. La práctica religiosa tiene como objetivo proporcionar consuelo, “paz” y éxito individual para las subjetividades, en la línea de la sociedad de mercado. A Jesús se le predica sin el Reino de Dios. Aunque se concentran grandes multitudes, la predicación se dirige a cada uno. Pero al mismo tiempo, esta versión del cristianismo es corporativa, ya que las personas son guiadas por líderes religiosos (sacerdotes o pastores), quienes indican el comportamiento apropiado a seguir. Además, ese corporativismo lleva a defender no los intereses de la sociedad civil, sino los de las iglesias. Y ellas se asocian con grupos políticos de derecha para mantener o aumentar su espacio público. En este contexto, hay poca sensibilidad a los derechos humanos, las luchas populares, la defensa de las causas indígenas y el compromiso socio ambiental. Aún más grave: los problemas sociales y ecológicos no dan lugar a ningún sentimiento de inquietud. La culpa se transfiere a otros, para justificar los prejuicios y criminalizar los movimientos sociales y ecológicos. Por esta razón, los cristianos neoconservadores son sordos al discurso del “pecado social” o “pecado ecológico”.

V. La contribución de la teología y del magisterio para comprender el pecado y la conversión ecológicas

38. Una nueva visión sobre el pecado. Después del Concilio Vaticano II, varios teólogos en el campo de la ética cristiana (teología moral) ampliaron su reflexión sobre el pecado. Desde la Biblia, destacaron el seguimiento a Jesús como el fundamento de la ética cristiana. Para superar una visión legalista, que figuraba en la “lista de pecados”, elaboraron el concepto de “opción fundamental” u “orientación fundamental”. Si una persona guía su vida hacia el Bien, se dirige hacia Dios. Pero en este camino de fe, que corresponde a la existencia misma, puede desviarse, detenerse o caminar más lentamente.  Los pecados se multiplican y la persona cambia de rumbo, emprendiendo el camino de la indiferencia o el mal. De ahí la necesidad de una conversión constante. O una conversión profunda, cuando la desviación es grande. El límite de reflexión sobre el pecado y la orientación fundamental es que se limita a la persona y no incluye el aspecto social.

39. En diversos grados, cada uno de nosotros es santo y pecador. “Por el corazón de cada cristiano pasa la línea que divide la parte que tenemos de justos y de pecadores” (Puebla 253). La santidad es el camino del Bien, de la luz, de la solidaridad, de la unión con Dios, de la harmonía con la creación, que nos purifica y nos hace crecer. La conversión puede significar tanto un cambio fundamental en la dirección hacia el Bien, como el proceso de corregir las desviaciones en la ruta y despertarnos para reanudar el seguimiento de Jesús con pasión. 

40. Pecado social y estructuras del pecado. La Iglesia de los pobres y la teología de la liberación latinoamericana y caribeña, al asumir la opción preferencial por los pobres, desarrollaron el concepto de pecado social. Es un pecado, porque restringe, bloquea y lucha contra el Sueño de Dios, que es la vida en plenitud para todos (Juan 10,10). Es social porque no se reduce al acto practicado por un individuo. El infecta a la sociedad, hasta el punto de crear y mantener estructuras que oprimen a los más pobres y aumentan las diferencias sociales. El pecado social se traduce en mecanismos políticos, opciones económicas complejas, ideologías destructivas. Incluso una persona con una intención correcta puede ayudar a mantener estas “estructuras de pecado”. Así entendido, podemos decir que el pecado ecológico es una forma de pecado social.

41. Oficialmente, la Iglesia latinoamericana, en las conferencias en Medellín, Puebla y Aparecida, asumió el concepto de pecado social y la consiguiente conversión. La conferencia de Medellín (1968) da el primer salto al afirmar sin reservas que las injusticias sociales, que causan pobreza, son un pecado. La conversión incluye tanto a la persona como a las estructuras sociales.

– “Esta miseria, como un hecho colectivo, que margina a grandes grupos humanos en nuestros pueblos, califica como injusticia que clama a los cielos (Justicia 1)”. Tal miseria, causada por injusticias sociales, “expresa una situación de pecado” (Paz 1). La Iglesia “denuncia la falta injusta de los bienes de este mundo y el pecado que lo engendra” (Pobreza en la Iglesia 5).

– (..) La falta de solidaridad “provoca en el campo individual y social, pecados reales, cuya cristalización aparece evidente en las estructuras injustas que caracterizan la situación en América Latina” (Justicia 2).

– Jesús viene “a liberar a todos los hombres, de toda esclavitud a la que el pecado los somete: hambre, miseria, opresión e ignorancia, en una palabra, la injusticia que tiene su origen en el egoísmo humano (Jn 8,32- 34)” (Justicia 3). “Una conversión sincera tendrá que cambiar la mentalidad individualista en una de sentido social y preocupación por el bien común (Pobreza en la Iglesia 9c).

– La Iglesia reconoce que es necesario cambiar las estructuras, pero enfatiza la conversión de cada ser humano. “No tendremos un continente nuevo, sin estructuras nuevas y renovadas, pero, sobre todo, no habrá continente nuevo sin hombres nuevos, que a la luz del Evangelio, sepan ser verdaderamente libres y responsables” (Justicia 3). La paz, fruto de la justicia, implica simultáneamente “cambios en la estructura, cambios en las actitudes, conversión de corazones” (Paz 14b).

42. El documento de Puebla avanza el tema, aunque con algunas declaraciones ambiguas. Utiliza la expresión “pecado social” y “situación de pecado”.

– “Jesús, de una manera original, única e incomparable, exige un seguimiento radical que abarque a todo el hombre y a todos los hombres, involucrando a todo el mundo y todo el cosmos. Esta radicalidad hace que la conversión sea un proceso interminable, tanto a nivel personal como social” (DP 193).

– “El lujo de unos pocos se convierte en un insulto contra la miseria de las grandes masas. Esto es contrario al plan del Creador y al honor que se le debe. En esta angustia y dolor, la Iglesia discierne una situación de pecado social, cuya gravedad es tanto más grave como ocurre en países que afirman ser católicos y que tienen la capacidad de cambiar: “que las barreras de explotación (…) contra el cuáles son sus mayores esfuerzos de promoción” (Juan Pablo II, Alocução Oaxaca 5 AAS LXXI p. 209). (DE 28).

– “La realidad latinoamericana nos hace experimentar amargamente, hasta los límites extremos, esta fuerza de pecado que es la flagrante contradicción del plan de Dios (DP 186).

– La realización del servicio evangelizador “siempre será arduo y dramático, porque el pecado, la fuerza de la ruptura, debe evitar constantemente el crecimiento del amor y la comunión, tanto desde el corazón de los hombres como desde las diferentes estructuras creadas por ellos, en el cual el pecado de sus autores imprimió su marca destructiva” (DP 281).

– Hay “situaciones de pecado que, a nivel mundial, esclavizan a tantos hombres y condicionan negativamente la libertad de todos” (DP 328). Tanto el capitalismo liberal como el comunismo son sistemas “claramente marcados por el pecado” (DP 92).

– Hay dos elementos complementarios e inseparables: la liberación de todas las servidumbres de pecado personal y social, y la liberación de crecimiento progresivo en el ser, a través de la comunión con Dios y con los hombres, que culmina en la comunión perfecta de los cielos (DP 482).

– “El pecado corrompe el uso que los hombres hacen del poder y conduce al abuso de los derechos de los demás” (DP 500).

– “El cristianismo debe evangelizar la totalidad de la existencia humana, incluida la dimensión política. Por esta razón, la Iglesia critica a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar, excluyendo el orden profesional, económico, social y político, como si el pecado, el amor, la oración y el perdón no fueran importantes allí “(DP 515).

– Existen (..) profundas interrelaciones entre las objetivaciones del pecado en el campo económico, social, político e ideológico-cultural (DP 1113). “Hay muchas causas de esta situación de injusticia, pero en la raíz de todas ellas se encuentra el pecado, tanto en su aspecto personal como en las estructuras mismas” (DP 1158).

– “En vista de la situación pecaminosa, la Iglesia tiene el deber de denunciar, que debe ser objetiva, audaz y evangélica; quien no intenta condenar, sino salvar al culpable y a la víctima ”(DP 1269). Una Iglesia misionera y de servicio “denuncia situaciones de pecado, llama a la conversión y compromete a los fieles a la acción transformadora del mundo” (DP 1305).

– La Iglesia en América Latina “se ha esforzado por llamar a las personas a una continua conversión individual y social. Pide que todos los cristianos colaboren en la transformación de estructuras injustas, comuniquen los valores cristianos a la cultura global en la que se insertan y, conscientes de los resultados ya obtenidos, se les anime a continuar trabajando para su mejora (DP 16).

43. Veamos cómo aparecen los temas del Pecado Social y la conversión en la Conferencia de Aparecida. La conferencia incluye la “conversión pastoral”, de una “iglesia en salida”. Por lo tanto, la Iglesia necesita cambiar sus paradigmas y su práctica evangelizadora.

– “Nuestro servicio pastoral a la vida plena de los pueblos indígenas requiere que proclamemos a Jesucristo y las Buenas Nuevas del Reino de Dios, denunciemos situaciones de pecado, estructuras de muerte, violencia e injusticias en el hogar y en el extranjero y fomentemos el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico” (DAp 95).

– “Con el pecado, elegimos un camino de muerte. Por esta razón, la proclamación de Jesús siempre llama a la conversión, lo que nos hace participar en el triunfo del Resucitado e inicia un camino de transformación (DAp 351).

– “La conversión (..) es la respuesta inicial de aquellos que escucharon al Señor con admiración, creyeron en Él a través de la acción del Espíritu, decidieron ser sus amigos e ir tras Él, cambiando su forma de pensar y vivir” (DAp 278).

– Todos estamos “llamados a asumir una actitud de conversión pastoral permanente, lo que implica escuchar atentamente y discernir” “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Apoc 2,29) a través de los signos de los tiempos en que Dios se manifiesta (DAp 366) “La conversión pastoral de nuestras comunidades requiere que vayamos más allá de un ministerio pastoral de mera conservación a un ministerio pastoral que sea decididamente misionero” (DAp 370).

44. El papa Francisco, en Laudato Si, insiste en la conversión ecológica. No utiliza el término “pecado ecológico”, sino que ha ampliado el tema del Pecado Social, incluido en él el daño que causamos al planeta. Pues existe solamente una crisis, que es socio-ambiental. Y se requiere “una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (LS 139). Veamos algunas citas.

– “La violencia que existe en el corazón humano, heredada por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el agua, en el aire, en los seres vivos. Por lo tanto, entre los más pobres, los más abandonados y maltratados, hay una tierra oprimida y devastada, que “gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22) (LS 2).

– “El Patriarca Bartolomé (…) se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconsiderar nuestros pecados contra la creación: “Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degradan la integridad de la tierra y contribuyen al cambio climático, despojando a la tierra de sus bosques naturales y destruyendo sus humedales; que los seres humanos contaminan el agua, el suelo, el aire. Todos son pecados”. Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios (LS 8).

– “La existencia humana se basa en tres relaciones fundamentalmente estrictamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado. (…) La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, negándonos a reconocernos como criaturas limitadas (..) La relación originalmente armoniosa entre los seres humanos y la naturaleza se ha convertido en un conflicto (cf. Gn 3,17-19) (..) El pecado de hoy se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en guerras, diversas formas de violencia y maltrato, abandono de los más frágiles, ataques a la naturaleza (LS 66).

44b. Francisco dedica parte del Capítulo VI de Laudato Si (Educación y espiritualidad ecológica) al tema de la conversión ecológica. Deja en claro cómo se combinan las actitudes personales con las acciones comunitarias. Y propone elementos para el cultivo de una espiritualidad ecológica, de gratitud, cariño y cuidado. Brevemente:

– “Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe. Porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir. (..) La espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea” (LS 216).

– “La crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior. Les hace falta (a muchos cristianos)  una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana (LS 217) “.

– Una sana relación con lo creado como una dimensión de la conversión integral de la persona (..)  implica también reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias, y arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro” (LS 218).

– “No basta que cada uno sea mejor para resolver una situación tan compleja (..) Los individuos aislados pueden perder su capacidad y su libertad para superar la lógica de la razón instrumental y terminan a merced de un consumismo sin ética y sin sentido social y ambiental. A problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales (..) Se requerirán una reunión de fuerzas y una unidad de realización. La conversión ecológica que se requiere para crear un dinamismo de cambio duradero es también una conversión comunitaria” (LS 219).

– La conversión ecológica supone diversas actitudes que se conjugan para movilizar un cuidado generoso y lleno de ternura.

(a) Ella implica gratitud y gratuidad, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos aunque nadie los vea o los reconozca.

(b) Requiere la amorosa conciencia de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo se contempla desde desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres.

(c) La conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo, para resolver los dramas del mundo (LS 220).

– Diversas convicciones de nuestra fe ayudan a enriquecer el sentido de esta conversión:

(a) la conciencia de que cada criatura refleja algo de Dios y tiene un mensaje que enseñarnos;

(b) la seguridad de que Cristo ha asumido en sí este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, rodeándolo con su cariño y penetrándolo con su luz;

(c) el reconocimiento de que Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que no podemos ignorar (LS 221).

45. Todo el documento final del Sínodo para el Amazonas está estructurado en torno a “nuevas formas” y “conversión”. Una conversión integral (cap. 1), que promueve nuevos caminos pastorales (cap. 2), culturales (cap. 3), ecológicos (cap. 4) y sinodales (cap. 5). No trataremos estos temas aquí, ya que son bastante conocidos.

VI. Conclusiones provisionales

46. La declaración del Sínodo para la Amazonia, en el número 82, reúne de manera sintética y adecuada los elementos teológicos acerca del pecado ecológico, como presentamos en esta reflexión.

– Una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el ambiente. Aquí se enfatiza su aspecto objetivo y complejo. El pecado ecológico rompe el pacto con Dios, daña a las personas, a las comunidades y al medio ambiente que nos rodea y del cual somos parte. Tal pecado es efectivo en acciones humanas visibles. Pero el ser humano también forma parte de él cuando calla ante la injusticia socio-ambiental o es cómplice de ella.

– Un pecado contra las generaciones futuras. Somos responsables de la continuidad de la vida en nuestro hogar común, en toda su extensión. La ecología evoca un compromiso con el presente y el futuro. La solidaridad intergeneracional se aplica no solo a la comunidad humana, sino también a otras especies de seres vivos que habitan nuestro planeta.

– Él se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del ambiente. El pecado ecológico se expresa en acciones que causan impactos negativos que se acumulan lentamente con el tiempo (contaminación) o tienen un efecto inmediato (destrucción). Proviene de hábitos y percepciones que tienen su raíz en la desviación del corazón humano y se exterioriza en estructuras de pecado, que rompen el equilibrio de los ecosistemas.

– Incluye “transgresiones contra los principios de interdependencia y la ruptura de redes de solidaridad entre criaturas y contra la virtud de la justicia. Aquí se señalan cuestiones más profundas relacionadas con el pecado ecológico. El individualismo moderno y la globalización de la indiferencia frente al dolor de los pobres y el planeta tienen su causa humana en el paradigma antropocéntrico desordenado. Rompe con la solidaridad básica entre las criaturas, y pone la competencia, y el éxito individual como valores supremos. En el lenguaje de las escrituras judías, diríamos que es una forma de idolatría, una forma de abandonar el camino de la vida y seguir los rastros de la muerte.

(47) Tengo dudas sobre si el concepto de “pecado ecológico” es el más conveniente para abarcar el conjunto de situaciones y estructuras, actitudes y actos, a nivel personal, comunitario, institucional, corporativo, económico y político, contra Dios y nuestro hogar común. Quizás sería mejor hablar de: “pecado contra la madre tierra”, o “pecado contra la ecología integral”, o ” pecado socioambiental”. La noción de pecado ecológico es una extensión de la noción de pecado social o pecado estructural, cuando incorpora el nuevo paradigma de la conciencia ecológica.

(48) Creo que el objetivo principal del discurso debe ser la conversión ecológica, que requiere reparación real de los daños causados en contra la biosfera y sus miembros: los seres abióticos (agua, aire, suelo y energía) y los organismos vivos (microorganismos, plantas, animales y nodos humanos). Esto implica simultáneamente actitudes personales, colectivas y un nuevo proyecto de sociedad.

(49) Cada uno de nosotros, en diferentes grados y esferas de existencia, participa en la condición de peregrino(a) en el camino de la vida, que llamamos santidad, así como del pecado. Por lo tanto, debemos “mirar y orar” (Mt 26,41). Con humildad, examinemos nuestras actitudes y gestos, a la luz de la misericordia de Jesús y su llamado a la conversión. Esta conversión significa pasar del mal al bien, así como pasar de bueno a mayor bien. La oración nos conecta con el Dios de la Vida y fortalece en nosotros la vocación de discípulos y misioneros. Actuamos en grupos, para defender el medio ambiente y las comunidades afectadas por la minería. Fomentamos una espiritualidad ecológica, que implica lucha por la justicia socio-ambiental, pero que no es solo de lucha y confrontación. Ella incluye la meditación de la Palabra de Dios, el cultivo de la paz interior, la gratitud hacia los demás y la naturaleza, la alegría de saborear las pequeñas cosas de la vida cotidiana, la alabanza y la acción de gracias a Dios, la experiencia de la comunión con el suelo, el agua, el aire, plantas, animales y personas.

(50) Específicamente en relación con el pecado y la conversión ecológica, en el campo de “Iglesias y la minería” hay mucho a desarrollar. Arriesgo algunos puntos:

– Cada tipo de minería tiene un impacto negativo diferente en el medio ambiente y las comunidades circundantes. Este impacto socio-ambiental se extiende y se diluye en todo el planeta, ya que todo está interconectado.  sobre el pecado ecológico. Debemos habar de una situación de pecado, o pecado estructural, que es la iniquidad de la “sociedad del mercado” y la forma como se desarrolla la minería en el contexto de neo-colonialismo.  Pero también hay que mostrar cómo y dónde la minería impacta sobre el agua, el suelo y el aire; y en qué medida compromete la continuidad de la vida en biomas, plantas, animales y humanos en los territorios concretos. Especialmente, en comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes. Hay que evitar el discurso demasiado generalizado. 

– “Iglesias y minería” articula diferentes lenguajes. Lo que la ecología llama degradación ambiental y explotación humana, a la luz de la fe denominamos “pecado ecológico” o socio-ambiental. Son dos formas diferentes y complementarias de entender la misma realidad. En nuestra práctica, mesclamos la indignación ética con el saber científico y la perspectiva de la fe.

– La mayoría de los proyectos mineros se ubican en áreas rurales, lejos de las grandes ciudades, donde se concentra la gran parte de la población. Entonces, la minería se convierte en algo distante para la mayoría de las personas, que están preocupadas por los problemas urbanos. Además, las compañías mineras utilizan argumentos poderosos y publicidad efectiva para ocultar los efectos negativos de su explotación y para sobrestimar las consecuencias positivas del “progreso”. En ese sentido, el pecado yace en el engaño y la mentira. Hay que tornar visible, con la denuncia, estos mecanismos perversos, desde las víctimas, como lo hicieran los profetas bíblicos.

– En la confrontación con las empresas mineras, las comunidades están sujetas a muchas tentaciones y a veces ceden ante ellas. Los líderes pueden traicionar al grupo afectado y aceptar ofertas seductoras de las compañías mineras. En lugar de intereses comunes, se busca el beneficio inmediato, para sí y su familia. Los miembros de las comunidades están sujetos a la tentación del desánimo, la desconfianza, el individualismo, la división debido a pertenencia a diferentes iglesias y religiones. Pero creemos en la fuerza de la fe en Jesús y en la solidaridad entre nosotros. E oramos insistentemente: “No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal”.

– En algunas regiones, las compañías mineras se alían con líderes religiosos, católicos o evangélicos. Con un discurso religioso convincente, los sacerdotes y pastores refuerzan la culpa, el escrúpulo, y alientan el espiritualismo desencarnado. Promueven la división interna en las comunidades. Dicen que la conversión consiste en intensificar las prácticas piadosas. A cambio, reciben beneficios económicos de las compañías mineras. A la luz de la fe, denunciamos que estas posturas son una verdadera idolatría, ya que manipulan el nombre de Dios en favor de la iniquidad y del poder religioso y económico.

– Las diversas luchas a favor de la justicia socio-ambiental son una forma comunitaria de combatir el pecado ecológico y promover la conversión. En la medida en que las personas se involucran en esta causa, desarrollan valores importantes, como el aumento del cuidado, la capacidad de resiliencia, el espíritu de cooperación, la esperanza, la confianza en las otras personas y la fe en el Dios de la Vida. Al lograr victorias, aunque sean pequeñas, indican que es posible otra forma de organizar la sociedad. E celebran con gratitud eses signos del Reino de Dios entre nosotros.

Referencias bibliográficas

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FRANCISCO, Papa. Discurso aos participantes no 3º encontro mundial dos movimentos populares (2016), http://w2.vatican.va/content/francesco/pt/speeches/2016/november/documents/papa-francesco_20161105_movimenti-popolari.html

FRANCISCO, Papa. Exortação Apostólica Evangelii Gaudium. A Alegria do Evangelho. São Paulo: Paulinas, 2013, (cap. IV: a dimensão social da evangelização).

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LÓPES AZPITARTE, E. Conversão. In: TAMAYO, J.J (org.). Novo Dicionário de Teologia. São Paulo: Paulus, 2009.

El autor es Pedagogo, activista ambiental y doctor en teología. Hermano
marista, profesor e investigador de la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología y del ISTA, en Belo Horizonte.
Publicó: Ecoteología, un mosaico; María toda de Dios y tan humana.
Colabora con Iglesias y minería y REPAM.

Artículo publicado en Revista EcoTeologia #2

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