Proyecto Artigas: “El rol de la tierra debe ser para vivir y producir, no para especular pisoteando dignidades”

Comienza el tiempo de producción en el Proyecto Artigas

ARGENTINA-

Por Diego Mendieta

Durante años la estructura mafiosa de los Etchevehere fue denunciada, pero el dominio histórico sobre el poder político, judicial y mediático les ha permitido garantizarse impunidad, silenciar voces, amasar fortunas, acaparar tierras mediante estafas y “secuestrar” del estado entrerriano.

El “éxito” de esta estructura, nunca se encontró amenazada hasta que Dolores Etchevehere, “una mujer irreverente, la oveja negra de la familia, la mala hija y la hermana loca”, decidiera enfrentarlos desnudando los actos delictivos de una de las familias más poderosas de Entre Ríos, exigiendo sus derechos y compartiendo parte de su herencia con las y los trabajadores rurales con quienes está construyendo el Proyecto Artigas: un proyecto que busca verdad, justicia y reparación, un proyecto agroecológico en el marco de un modelo agrario sostenible, libre de agrotóxicos y explotación.

Dolores Etchevehere, “La Dolo” como le dicen las y los trabajadores rurales del proyecto, es una mujer de fe inquebrantable que, en la lectura de las encíclicas del Papa Francisco, después de años de lucha en soledad, encontró el aliento para salir en búsqueda las y los trabajares oprimidos y organizados, para comenzar a construir “una nueva familia”, como a ella le gusta decir. Al igual que Juana, esposa del intendente de Herodes, Susana y otras mujeres pudientes que se sumaron al movimiento popular de Jesús, colaborando con sus bienes para aliviar las heridas del pueblo campesino y hambreado por el poder opresor (Lucas 8:3); La Dolo es un ejemplo de lucha por la dignidad, que debe interpelar a todas y todos los que abrazamos la propuesta liberadora de Jesús. 

Dolores Etchevehere con jóvenes del Proyecto Artigas

En la Biblia encontramos que el “ser humano, la tierra y el trabajo” están entrelazados. Se presenta a Dios como alfarero, modelando al “hombre” con tierra (Gn 2:7). En ese relato simbólico, el ser humano es instalado en la tierra (hábitat), la cultiva y saca de ella su alimento (trabajo). La tierra es un don de Dios para la humanidad, de ahí que sea derecho de todos/as poseer un pedazo de tierra, un lugar en el mundo, un espacio y hábitat adecuado, necesarios para el desarrollo humano. Desde ahí, junto a Dolores afirmamos que el rol de la tierra debe ser para vivir y producir, no para especular pisoteando dignidades.

Ante la crisis civilizatoria que atraviesa la humanidad, abrir caminos que nos conduzcan a garantizar la soberanía alimentaria es una necesidad; y en la lucha por el acceso a la tierra el rol de las y los trabajadores es fundamental y su capacidad creadora es indispensable para pensar, crear y parir un nuevo modelo de producción que respete los bienes comunes, para poner fin a la crudeza de un sistema injusto y violento que amenaza la vida.

Desde la Pastoral Social Evangélica (PSE), como otros espacios evangélicos y ecuménicos hemos expresado nuestra solidaridad con Dolores Etchevehere y el Proyecto Artigas, con presencia de sus referentes en el lugar compartiendo con las y los trabajadores rurales en Santa Elena, siendo testigos del espíritu comunitario que nace del amor por la tierra, pero también de las amenazas y prepotencia de los hermanos Etcheveheres, ruralistas y sus empleados. Somos testigos del abrazo sororo de las mujeres de las comunidades que integran la PSE, quienes exigieron al Poder Judicial que actúe desde una perspectiva de género que contemple y no agrave los años de violencia y maltrato.

El proyecto Artigas es un acto de justicia que trae reparación, abre la posibilidad para que “los, las más infelices sean los más privilegiados/as…” como decía José Artigas y hace más cercana la promesa de Jesús que “los humildes de la patria heredaran la tierra”.

El autor es pastor de la Pastoral Social Evangélica

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