Ecclesia reformada et semper reformanda- Iglesia reformada siempre reformándose

Llegamos a otro 31 de octubre. Este Día de la Reforma nos encuentra con múltiples desafíos en el ser iglesias en un mundo golpeado por la pandemia, donde aumentan la pobreza, la violencia, las desigualdades, el dolor.

¿En qué, cómo nos interpela la Reforma de hace 503 años hoy? Esta fue la consigna de ALC Noticias para diferentes personas de la región, de diferentes contextos y comunidades de fe. Algunos pensamientos salieron en formato de flyers y aquí compartimos otros.

Reforma, acción de dar forma nuevamente o de rehacer a algo. ¿Acaso la Iglesia Cristiana necesita re-formarse, volverse a hacer…? Carmen Margarita Sánchez De León, Pastora de las Iglesias de la Comunidad Metropolitana, Puerto Rico, nos trae estas preguntas ante la consulta de ALC.

Carmen Margarita Sanchez de Leon

“Normalmente las jerarquías religiosas se han sentido más cómodas con los dogmas, con las opiniones que se cierran, que no permanece abiertas, que no se pueden volver a hacer, que se dan por buenas porque sí, porque la tradición lo dicta, lo demanda y lo ordena. Y en ese ejercer el dogma, en ese cierre, muchxs han quedado fuera, sobre todo las mujeres con quienes las jerarquías eclesiásticas han contraído una deuda que todavía esperar ser pagada. Pero la pregunta sigue siendo, ¿acaso al igual que Nicodemo la Iglesia tiene que nacer de nuevo? Podemos responder quizás con otras preguntas: ¿con quiénes las jerarquías eclesiásticas no se solidarizan, con quiénes, aún no es sororal? ¿A quiénes la Iglesia silencia? ¿Quiénes son la Iglesia?”

“Es allí a donde tenemos que mirar y preguntarnos: ¿quiénes aún no se sientan en la mesa sororal? Lo lindo de hacerse de nuevo, lo lindo de re-nacer es afirmarse en un proceso que nunca concluye, que nunca se cierra, en un devenir continuo no dogmático en el útero maravilloso de la Divinidad, en dónde no hay una palabra final. Así como el universo no deja de crecer, así debería ser la Iglesia siempre reformada.” 

Lucia Maureliz, de la Juventud de la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de AL- AIPRAL, responde:

Lucia Maureliz (Facebook)

Como iglesias surgidas de las Reformas del siglo XVI, la Reforma continua de la Iglesia sigue interpelándonos, porque la Iglesia es una realidad contextual y no solamente una institución religiosa.  Esto es, anunciar el hecho de que la Iglesia está insertada en medio del devenir histórico y que lo que le pasa al mundo le atañe y le concierne a ella. Los tiempos en que la Iglesia se desinteresó por el mundo nunca fueron buenos, ni para el mundo (al que ella estaba llamada a servir), ni para los miembros que la conformaban. Como la Iglesia no es algo ya dado una vez y para siempre, sino algo por hacer, y ya que ella está conformada por personas imperfectas, la reforma de la Iglesia es también un trabajo ineludible que cada generación está llamada a hacer. 

Los tiempos complejos por los que está atravesando la humanidad debido al Covid-19, han hecho que la iglesia sufra una fuerte transformación en su manera de celebrar sus cultos y de relacionarse con sus miembros, pero también con el mundo. Aquella reforma inexcusable es una oportunidad inigualable para que la Iglesia con la fuerza del Resucitado y con la compañía de su Espíritu pueda tener una contribución significativa a la reconstrucción de la fe en el Dios de la vida, que ama y procura el bien de sus criaturas. En este sentido, la Iglesia como comunidad tiene que encarnar en su ser y hacer los valores del Reino para consolar y bendecir a un mundo azotado por esta terrible pandemia. La Iglesia Reformada siempre reformándose, tiene que volver a hacer resonar la palabra profética con toda la fuerza del Espíritu, para proclamar al mundo caído, que Dios hará algo con aquellos huesos secos como en la visión del profeta Ezequiel (37). ¡Ven Espíritu y sopla! . (Apocalipsis 22:17)

Isabel López Meza, comunicadora en Perú de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú – ONAMIAP

Isabel López (facebook)

A puertas de cumplir 200 años de vida “republicana” en el Perú y con una pandemia que sigue sin irse, yo me pregunto: ¿Dónde está la Iglesia mientras miles se infectan y fallecen por el COVID-19? ¿Qué hace la Iglesia para ser consuelo de quienes pierden el trabajo o no tienen para comer? 

Hoy más que nunca, necesitamos comunidades de fe que aterricen el Evangelio en ese que además de palabras se haga pan para quienes más lo necesitan. Y también que deje de vivir la fe y el amor en cuatro paredes y vía Zoom para luchar por la reactivación de derechos de millones que para diciembre vivirán con menos de dos dólares al día. 

El 31 de octubre conmemoramos un aniversario más de la Reforma, ese hito en nuestra historia que denunció la venta de la fe y empezó la democratización de la Teología. Y sin embargo, con esta pandemia que ya tiene ocho meses en el país, me ha dolido que más haya percibido el silencio de la Iglesia que sus obras para encarnar el Evangelio, como Jesús lo hizo cuando estuvo en la Tierra. Y es que si no vivimos la fe en comunidad y no somos consuelo para el prójimo que es el próximo (y no solo el o la hermana de la iglesia) es imposible agradar a Dios.

Jocabed Solano, del Pueblo Gunadule, Misionera y Directora en Memoria Indígena en United World Mission

Jocabed Solano

Me interpela para seguir una búsqueda de reconciliación desde una teología intercultural que reconozca la pluralidad en las diversidades del ser iglesia, comunidades de fe  en Abya Yala. Librándonos de participar en el régimen de injusticia cultural y sometimiento de los más vulnerables promovido por las ideologías y los imperios de globalización y homogeneización dominantes presentes hoy en el mundo. 

Me interpela en la búsqueda de reconocer el rostro indígena de Dios en la iglesia que nos permita profundizar una espiritualidad comunitaria, en complementariedad con una convivencia con toda la creación, incluyéndonos a nosotros los seres humanos, que nos invita a proponer relaciones sociales basadas en la equidad e igualdad en contraste contraste con las formas de vidas  que permean el cristianismo actual, las cuales están fuertemente impregnadas por el  capitalismo, utilitarismo, individualismo, consumismo, el patriarcado y con una competitividad caníbal. Además reconocer el encuentro, con otras culturas, no desde las colonialidades sino desde la convivencia, reconocimiento y valorización desde lo plural y diverso, tal como nos llama el evangelio. Ya no hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos ustedes son uno con Cristo Jesús. Gálatas 3:28. 

Fernando Primo Forgioni, Ingeniero argentino, evangélico; Observatorio Regional de Cambio Climático, Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC)

Fernando Primo Forgioni (Facebook)

Este aniversario de la reforma se presenta muy especial. En un mundo de terraplanismos, antivacunas y cuestionamientos inútiles. En una nueva realidad donde hemos recibido una cachetada por parte del covid para demostrarnos lo insostenible que era nuestra forma de vivir. La cuestión que hace ruido es como nuestras iglesias sucumben a la marejada de pensamientos sin sentido y los fundamentalismos baratos con la excusa de la “sana doctrina”.

Iglesia reformada y siempre reformándose es un camino al que tenemos que acostumbrarnos, la vastedad del creador debería ser un motor que nos impulse a crecer en la fe, como comunidad como cuerpo de Dios, con cristo como nuestra cabeza. Pero siempre caminando…

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