Efectos y desafíos de la pandemia en la Amazonia brasileña

Aldeia Santa MariaCréditos das fotos são da Comunidade Anglicana de Manaus.

BRASIL-

Obispa Marinez Bassotto

Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, que ellas te enseñarán; Y a las aves de los cielos, que ellas te lo mostrarán;
O habla a la tierra, que ella te enseñará;

Los peces del mar te lo declararán también.
¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo?
En su mano está el alma de todo viviente, Y el espíritu de toda carne humana. Jó 12:7-10

Estamos viviendo un tiempo muy desafiante en la región amazónica, la cual siempre ha estado carente de inversiones y políticas públicas, pero la situación se ha agravado tras las ultimas elecciones presidenciales en Brasil. La única mirada echada por los gobiernos sobre la Amazonia es la mirada de la codicia y el extractivismo, nunca la mirada de la preservación o de la valoración de la vida. Desde el inicio del nuevo gobierno venimos sufriendo con la perdida de derechos y la falta de inversiones, y en 2019 todo se ha agravado con el peor período de incendios forestales de los últimos tiempos. Desde entonces la Amazonia concentró 52,5% de los puntos de quema en Brasil, y los incendios perduran hasta hoy. Los informes del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) siguen alertando sobre el aumento de quemas en la región amazónica, especialmente en los estados de Pará y en el sur de Amazonas.

Todos sabemos que los incendios en Amazonia no son solamente consecuencia de la sequía, ni el resultado de un proceso natural – son, en gran parte, acciones planificadas por representantes del agronegocio, de la minería y ocupación ilegal de tierras. También son el resultado del desmantelamiento de las políticas socioambientales y de las instituciones de protección ambiental, así como de la designación de personas inadecuadas al Ministerio de Medio Ambiente. Se suman a eso las violaciones de derechos y muertes de poblaciones indígenas, y el sufrimiento de comunidades de orillas de ríos y quilombolas. Las poblaciones que ya venían sufriendo con la falta de acciones de protección y políticas para atender a sus necesidades se han vuelto todavía más vulnerables en los últimos 2 años.

La pandemia de Covid-19 expuso todavía más las desigualdades existentes en la región amazónica, y me refiero a todos los aspectos de la desigualdad. Hay un número enorme de personas desempleadas, y un número creciente de personas hambrientas. El Covid-19 llegó en las aldeas indígenas más lejanas de los centros urbanos y causó la muerte de muchas personas, especialmente lideresas y personas mayores, quienes, en su tradición, llevan el conocimiento y la sabiduría. Así, encima de todas las dificultades, hay el sentimiento de pérdida de identidad y de orfandad.

Los pueblos indígenas que viven en regiones urbanas también están en gran vulnerabilidad. Hay falta de alimentos, medicaciones, materiales de higiene y protección, y muchos líderes murieron sin la debida asistencia. La situación es realmente alarmante. Según la página de la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), el 26 de octubre había 37.777 casos confirmados de Covid-19 entre personas indígenas, 862 indígenas muertos y 158 es el numero de pueblos indígenas afectados por la Covid-19 hasta la fecha. El estado con el mayor número de personas indígenas contaminadas y también con más muertes es Amazonas.

Aldeia Yupirungá- Créditos das fotos são da Comunidade Anglicana de Manaus.

De acuerdo con una investigación de la Universidad Federal de Amazonas (UFAM), la tasa de letalidad de la enfermedad en comunidades quilombolas de la región llega a 17%, mientras el promedio mundial es entre 0,9% y 1,2%. Eso hace visible el hecho de que el discurso irresponsable y el intento de disminuir las consecuencias de la Covid-19, así como la falta de acciones rápidas, tienen impacto directo en la vida de las comunidades más pobres.

Los datos arriba denotan un proceso de necro-política (política de muerte), vuelto a matar simbólica y físicamente a las poblaciones vulnerables. Como si no fuera suficiente, nos aproximamos del juicio del Marco Temporal[1] por el Tribunal Superior de Justicia de Brasil. Es urgente tener la conciencia de que lo que está sobre la mesa es el reconocimiento o la negación del derecho a la tierra, el cual es el derecho más fundamental para los pueblos indígenas. Esa decisión tendrá impacto sobre el futuro de centenas de poblaciones indígenas, y puede tornar las demarcaciones – que son esenciales a su supervivencia – todavía más difíciles. Nos aproximamos de este juicio con la alerta de que los intentos de minimizar las consecuencias de un juicio favorable a la tesis del Marco Temporal configuran una estrategia sistemática de un gobierno que defiende la flexibilización de las leyes e ignora la violencia resultante de invasiones de tierra y actividades ilegales, como minería y extracción de madera en tierras hasta ahora protegidas.

Como resultado de esta coyuntura el mundo observa el fuego a destruir parte del bosque que contiene la mayor diversidad biológica y cultural del planeta, bien como la muerte de las poblaciones que allí habitan.

Como Iglesia cristiana, clavada en el suelo amazónico, la Iglesia Episcopal Anglicana de Brasil, a través de la Diócesis Anglicana de Amazonia, rechaza la política de muerte, denuncia todas las actitudes de violencia socioambiental y busca testificar, por palabras y obras, la vivencia del amor y la busca de vida plena para todas las personas según el mandamiento de Cristo. Por eso solidariza con el dolor y el sufrimiento de los pueblos de Amazonia; es una presencia amiga y consoladora con las familias indígenas en luto y comunidades en extrema vulnerabilidad. Eso significa tener valentía y audacia de ponerse como voz profética en defensa de la vida y sumar fuerzas para que los derechos de las poblaciones más vulnerables sean respetados, así como acompañar a esas comunidades de forma amiga y solidaria.

Eso fue lo que pasó en el funeral de un líder indígena fallecido por Covid-19 en los alrededores de Manaus. El señor Paulino, de la etnia Karapãna, era miembro de otra iglesia y sus pastores se han negado a acompañar el funeral y sus familiares por la distancia, ya que el cuerpo tendría que ser transportado para su aldea y allí ser enterrado, en medio de la selva, ocho horas de viaje por el Río Negro hacia Río Cuieiras. El hermano Iuri Lima, anglicano de Manaus, lleno de amor misionero se dispuso a acompañarlo, orar con la familia del cacique, ofrecer consuelo y ser un signo de la presencia anglicana en aquel lugar y momento de tristeza. Encontrar y contemplar la vida divina en el más profundo de la realidad es una misión de esperanza, confiada a los anglicanos y anglicanas.

La presencia y misión de la Diócesis Anglicana de Amazonia nos hace entender que la Amazonia es una tierra de sufrimiento y redención. Estar junto al pueblo de Dios es una experiencia de seguimiento al Cristo que lleva la cruz, y eso significa que debemos abrirnos, con Él, a todo tipo de sed que aflige hoy a la humanidad. Cristo es el alimento por excelencia, la respuesta a toda hambre y toda sed. Es el pan de la vida que, al saciar a las y los hambrientos, les reúne y les pone en comunión. Junto a Jesús nadie tiene hambre. Y él nos convoca, nos envía a los más pobres y nos ordena: “Dadles vosotros de comer!” (Lucas 9. 13).

El 31 de agosto la Comunidad Anglicana de Manaus, con la ayuda del Fondo  del Arzobispo de Canterbury, el intermedio del Servicio Anglicano de Diaconia (SADD) de la Iglesia Episcopal Anglicana de Brasil y el aporte logístico de la diócesis Anglicana de Amazonia, realizó la distribución de canastas básicas a familias indígenas en los alrededores de Manaus que todavía sufren con los impactos de la pandemia de Covid-19. Con esta acción social y misionera, la diaconía anglicana ha logrado contemplar familias de cinco comunidades de distintas etnias: Asociación de Mujeres Indígenas del Alto Río Negro, Comunidad indígena Wotchimaücü (Tykuna), Parque de las Tribos (Tarumã), Comunidad Indígena de Tarumã-Açú Aldea Gavião y Aldea Yupurangá) y algunas familias indígenas que habitan la región del Río Cuieiras.

La misión anglicana en Amazonia supone el servicio de fe y promoción de la justicia; nunca una sin la otra. Las personas necesitan el alimento, alojamiento, amor, verdad, relaciones, significado para sus vidas, promesa, esperanza. Los seres humanos necesitan un futuro en el cual pueden asegurar su plena dignidad. Eso ya está presente en el centro de la misión de Cristo, misión que, como era particularmente evidente en Su ministerio de cura, era siempre más que física. Nuestra misión como anglicanos y anglicanas en el corazón de Amazonia encuentra su inspiración en el ministerio de Jesús. Siguiendo a Jesús, nos sentimos llamadas y llamados no solamente a llevar ayuda directa a las personas que sufren, sino también a restaurar la integridad de las personas, acogiéndolas en la comunidad y ofreciendo apoyo pastoral. Es aquí donde, ayudados y ayudadas por la gracia y activando todas nuestras capacidades, dones y talentos disponibles, buscamos ofrecernos totalmente, a Dios, para Su mayor servicio.

La autora es Obispa Diocesana de la Diócesis Anglicana de la Amazonia.


[1] Tesis jurídica en disputa en el Tribunal de Justicia de Brasil, según la cual las tierras indígenas solamente tendrían su derecho reconocido en caso de ocupaciones indígenas anteriores a 5 de octubre de 1988, fecha de promulgación de la Constitución.


Os créditos das fotos são da Comunidade Anglicana de Manaus.

Aldeia Santa Maria e na Aldeia Yupirungá (ambas da etnia Karapãna), região do Rio Tarumã-Açú em Manaus.

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