Habitar un mundo sin fronteras. Parte I

Por Karina Ramos 

Los efectos de la desigualdad social, la concentración demográfica y los desequilibrios en los mercados laborales han empobrecido y vulnerado sistemáticamente a grupos específicos de personas a lo largo y ancho del mundo, expulsando a muchos de ellos de sus territorios, los que han sido arrasados en pro del crecimiento de otros. Esta realidad, junto con la disminución de las barreras geográficas[1], propiciado por el desarrollo tecnológico en el marco de la globalización, son los antecedentes más claros del explosivo crecimiento del fenómeno migratorio en el mundo.

Por su parte, desde hace ya algunos años las calles chilenas comenzaron a transformarse, los acentos y las comidas disponibles para salvar las tardes hambrientas pero apresuradas se diversificaron y -de golpe- nuestros barrios se llenaron de culturas nuevas, algunas veces conocidas pero siempre distantes. Chile, comenzó a percibirse dentro de la región como un país que ofrecía una estabilidad atractiva para quienes deseaban ver concretadas las promesas del desarrollo, esas que también muchos de nosotros y nosotras solo vemos por televisión.

La irrupción de todo este pluralismo en nuestras vidas podría fácilmente convertirse en un escenario perfecto para cualquier serie o película, es cosa de revisar el catálogo de las principales plataformas de streaming y contar todas las ofertas que parten de una premisa como la que acabo de describir, sin embargo, la migración nunca es tan fácil, menos la de los colectivos que hoy ven en el desplazamiento territorial una herramienta para mejorar las condiciones materiales de su vida.

Esta es una realidad que se pierde muchas veces a la hora de gestionar la movilidad humana. Los Estados que se han ido convirtiendo en focos de recepción de flujos migratorios, ven en esta situación una crisis que estaría alterando la posibilidad de alcanzar el desarrollo y han convertido a las y los migrantes en una amenaza que debe ser frenada mediante la creación de nuevas formas de legislación basadas en el control de fronteras. Por otra parte, los estudios acerca de la migración se han concentrado en entender las causas del fenómeno, dejando un gran vacío en el estudio de los efectos de la migración y sus potencialidades para las sociedades de acogida[2].

Hasta ahora, las respuestas políticas que abordan la cuestión migratoria desde una perspectiva de orden han resultado insuficientes, esto porque invisibilizan el verdadero conflicto detrás del desplazamiento humano: la aspiración a mejores condiciones educativas, la concentración de las oportunidades del desarrollo y las crisis políticas y climáticas que obligan a parte importante de la población a salir de sus lugares de origen para asentarse en lugares más privilegiados; razón por la cual parece una mejor idea gestionar esta realidad desde una perspectiva de derechos humanos.

En el caso chileno, los colectivos migrantes representan el 7% de la población total, aproximadamente unos 1.4 millones de migrantes, de los cuales se estima que 5.000 entraron al país de forma irregular[3]. Por su parte, la normativa chilena en cuestiones de migración es la más atrasada de Latinoamérica[4] y no contempla una política migratoria, así como tampoco permite la aplicación de políticas públicas que puedan hacerse cargo de una situación como esta. Puesto que, al ser creada en dictadura, esta ley[5] se encentraba fundamentada en un principio de seguridad nacional, estableciendo una serie de criterios que impedían el ingreso de extranjeros, consolidando procedimientos burocráticos que dificultaban de manera innecesaria la obtención de visas[6].

Y aunque junto con la llegada de la democracia en 1990 también se abrieron las puertas para la migración, las modificaciones que se hicieron a la ley no transformaron el imaginario del migrante detrás ella, por lo que hasta hoy el espíritu de la ley los sigue considerando sujetos extraños y peligrosos, ajenos al colectivo nacional[7]. En la actualidad Chile no cuenta con un sistema de apoyo estructurado que atienda la realidad de las personas migrantes, dejándolos en una situación de tensión y vulneración particularmente crítica. Por otro lado, las modificaciones a la ley de migración impulsadas por el actual gobierno de Sebastián Piñera, solo buscan endurecer las fronteras para frenar la ola migratoria, todo con el fin de “ordenar la casa”[8].

¿Qué tipo de orden es el que se nos está prometiendo con esta ley?, quiero ejemplificar esto con una situación bastante cotidiana. Cuando era pequeña, visitábamos seguido a mis abuelos, que tenían una casa hermosa, con un patio lleno de plantas verdes, bien cuidadas y objetos delicados de porcelana repartido en distintos muebles, todos ellos atractivos a los ojos y manos de una niña que quiere experimentar el mundo, sin embargo entrar en contacto con ellos era reprendido de manera inmediata: “no rompas las plantas, la abuela se va a enojar”, “no toque eso, puedes romperlo y la abuela se va a enojar”. Hoy también veo esa situación en mis sobrinas ¡no toques! ¡no desordenes, que se pueden enojar! La casa ordenada de la que nos hablan es una en que todo tenga una apariencia de orden y homogeneidad, no vaya a ser que la negritud irrumpa en nuestras calles y rompa algo, no vaya a ser que se nos llene de centroamericanos y se nos desordene la casa. Queremos una casa modelo, de esas en las que no se notan las marcas de la vida y la experiencia, menos si está es negra o pobre.

La ilegalidad en la que caen los migrantes es responsabilidad de la institucionalidad misma, la que está construida para obstaculizar la permanencia de las personas migrantes. Y mientras eso pasa, los dejamos expuestos a todas las irregularidades y vulneraciones de nuestro sistema, porque seguimos pensado que la migración es una experiencia de privilegio, esa que solo puede permitirse una persona blanca y con estudios, que recorre el mundo para aprender, para tener nuevas experiencias, pero nunca para sobrevivir.

Entender la migración desde una perspectiva de pobreza nos obliga a mirar a las personas que mueren intentando cruzar las fronteras, también a aquellos que deben trabajar en condiciones de miseria para poder mantenerse en un país ajeno, con el sueño de poder algún día obtener una visa para quedarse en el país y ayudar a quienes no pudieron salir de la sociedad de origen. Cuando privilegiamos el orden, no solo nos quedamos con casas museos, sino que marginamos a quienes necesitan abrirse camino en la vida.

Considerar estas perspectivas nos permiten hacer nuevos cruces, unos que sean más humanos y al mismo más humanizantes. Y quiero aquí hacer un punto, no digo que la experiencia del pluralismo en los territorios sean una cuestión simple, es claro que los Estados deben pensar cómo administrar la diferencia que viene tomada de la mano de los proyectos migratorios, sin embargo, simplificar la cuestión del desplazamiento humano y responder a ella levantando muros o cerrando fronteras tampoco resuelve el problema.

En tiempos en que el pueblo chileno decide comenzar a pensar un nuevo país a partir de la redacción de una nueva constitución[9], se vuelve necesario integrar en la discusión a quienes migran hacia nuestro territorio, para que en conjunto podamos estructurar respuestas e institucionalidades que sean capaces de facilitar la vida de estos colectivos, recoger su aporte al país y evitar someterlos a vulneraciones. También deberíamos integrar las experiencias de las Iglesias, quienes se han convertido en un componente facilitador de la intervención política y social de la inserción de los migrantes en la sociedad, son estas instituciones las que aparecieron y cumplieron el rol que el Estado abandonó, recordándonos que no todo lo religioso es incompatible con el espacio público.

Quizás si partiéramos de aquí podríamos pintar nuestra casa de colores y hacer crecer nuevas plantas, sumar a nuestra colección otros adornos. Permitiéndole a la vida abrirse paso, valorando lo que quiere entregarnos, pero por sobre todo, hacer crecer la mesa, sumar nuevos puestos y platos, porque lo que siempre hubo en la casa de mi abuela fue comida para todos, espacio para el desarrollo y conversaciones en que la diferencia tuvo su lugar para ser procesada con calma y humanidad.

Bibliografía

Bobes, V. C. (2012). El transnacionalismo como enfoque. Una reflexión para construir un modelo análitico. En V. C. Bobes León (Ed.), Debates sobre transnacionalismo (Documentos de Trabajo; Serie Avances de Investigación. ed., págs. 9-23). México: FLACSO México.

Stefoni, C. (2011). Ley política migratoria en Chile. La ambivalencia en la comprensión del migrante. En B. Feldman-Blanco, L. R. Sánchez, C. Stefoni, & M. I. Martínez (Edits.), La construcción social del sujeto migrante en América Latina. Prácticas, representaciones y categorías. (págs. 79-109). Santiago: CLACSO -FLACSO- Universidad Alberto Hurtado.

Walteros, J. A. (2010). La migración internacional: teorías y enfoques, una mirada actual. Semestre Económico, 12(26), 81-99.

[1] Bobes, 2012

[2] Walteros, 2010.

[3] Estimación de personas extranjeras residentes habituales en Chile al 31 de diciembre de 2019 -Departamento de Extranjería y Migraciones.

[4] La ley actual fue formulada durante la dictadura (1973) y el mayor cambio lo tuvo en el año 1990.

[5] El Decreto con fuerza de Ley relacionada con aspectos migratorios es del año 1975, esta ley indica que para obtener la Visa definitiva se debe contar con un contrato de trabajo ininterrumpido de al menos cuatro años, sin embargo cumplido los dos años de contrato se podría solicitar la visa temporal. Todas estas Visas serían revocadas al ausentarse del país por un periodo mayor a 180 días dentro del año.

[6] Razón por la cual tenemos tanta población migrante en condición de irregular.

[7] Stefoni, 2011.

[8] https://www.cnnchile.com/pais/pinera-cuestiono-indicacion-oposicion-ley-migracion_20200820/

[9] El pasado 25 de octubre en Chile defendió de aprobó de forma categórica (78,27% por sobre el 21,73% que rechazaba esta opción)  la necesidad de escribir una nueva constitución bajo la modalidad de Convención Constitucional (78,99% por sobre el 21,01% que apoyaba la opción de Convención Mixta).

Fuente: GEMRIP

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