AIPRAL sobre la situación en Perú: “Vemos a un pueblo como ovejas sin pastor”

Foto: Ernesto Benavides. AFP

URUGUAY-

Nuestra hermana nación del Perú está sumida en una profunda crisis e incertidumbre de muerte y dolor. Víctimas de un alto índice de contagios y mortandad por el covid-19 ahora se suma una profunda crisis política que ha llevado a menoscabar aún más la credibilidad en las instituciones de gobierno y a profundizar la debilidad del sistema democrático”. Compartimos la declaración del Comité Ejecutivo de la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina-AIPRAL-ante la situación en el país andino, e invitamos a las iglesias miembro y demás organismos a acompañar y orar por la vida y la dignidad de las hermanas y los hermanos peruanos.

A continuación, compartimos la declaración emitida ayer por nuestro Comité Ejecutivo, a través de su Secretario Ejecutivo Rev. Darío Barolin.

Nuestra hermana nación del Perú está sumida en una profunda crisis e incertidumbre de muerte y dolor. Víctimas de un alto índice de contagios y mortandad por el covid-19 ahora se suma una profunda crisis política que ha llevado a menoscabar aún más la credibilidad en las instituciones de gobierno y a profundizar la debilidad del sistema democrático. Vemos a un pueblo “como ovejas sin pastor” (Mc 6:34), mientras sus líderes festinan cuotas de poder y arman conciliábulos a espaldas de la vida de su pueblo (Mc 6:21-29). La destitución del Presidente Martín Vizcarra y la renuncia del designado parlamentario, Manuel Merino, no son iguales. El primero es destituido por un parlamento que lo acusa de corrupción al mismo tiempo que muchos de sus miembros buscan sepultar causas de corrupción en su contra. El segundo se ve forzado a dimitir por las manifestaciones populares y la violencia con las que se las reprimió.

El sistema político no podrá encontrar respuestas si se continúa privilegiando la corrupción, su impunidad y los grandes negocios económicos que extraen las riquezas naturales del Perú y dejan escasos beneficios para la mayoría de su población. Jesús comparó al liderazgo de su tiempo como aquellos que se disfrazan de pastores de ovejas, pero vienen a robar, matar y destruir (Juan 10: 10a) y la situación en el Perú no parece una imagen lejana.

Oramos por la población peruana para que Dios levante en medio de ella liderazgos al servicio de su pueblo, con compasión por las personas más vulnerabilizadas, con sensibilidad por la creación de Dios y apego a la justicia. Oramos para que sus dirigentes puedan trazar en medio de tanta injusticia nuevos caminos donde “corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo” (Amos 5:24). Oramos por quienes han perdido seres queridos en las manifestaciones y esperamos un rápido esclarecimiento y justicia por las acciones que causaron heridos, muertes, y desaparecidos.

Invitamos a nuestras iglesias miembros, iglesias hermanas, y otras comunidades de fe a acompañar al Perú en oración y también a toda persona de buena voluntad a mantenerse activos y atentos ante la situación en nuestro hermano y querido Perú.

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