Más humana que nunca

Visita a campo tras el huracán ETA (W.Vision)


Catherine Turcios-World Vision

Hace una semana me preparaba para viajar a una de las zonas más afectadas por el Huracán Eta. El escenario era muy incierto, a decir verdad, llevaba muchos posibles escenarios en mi mente de lo que quizás podría ver, ninguno me preparó lo suficiente.

Domingo. Mi primer día en campo terminó con una escena terrible, dos niñas desesperadas llorando porque su mamá había sido atacada por unos mareros. Al parecer ellos intentaban llevarse a una de las jóvenes y su madre salió a defenderla, dejándola con algunos golpes tras la pelea mientras sus hijas lloraban desconsoladas por no saber qué hacer. Todo ocurrió en la acera donde están viviendo.

Lunes. Sentí un dolor en el corazón luego de escuchar a José Miguel, un niño de aproximadamente 7 años, relatar cómo luego de pasar 4 días atrapado en su casa sin nada para comer, lo perdieron todo. Adicional a esto, uno de sus perros, Oso Grande no logró salir y murió ahogado. Y como si esto no fuera suficiente para un niño, vio cómo su hermana casi muere ahogada por la corriente de agua que estuvo a segundos de arrastrarla.

Martes. Vi a Marlon sacando sus juguetes llenos de lodo y familias que tenían ataúdes flotando en los patios de las casas.

Miércoles. Escuché el relato de Wendy, una mujer emprendedora que había conocido hace un par de meses. Esta vez, con una voz cansada y entre lágrimas contaba como a gritos le pedía a Dios que conservara la vida de sus hijos. Ella no quería verlos morir.

Jueves. Vi a César, un bebé recién nacido llegar a su nuevo hogar, un albergue. Aun con limitaciones, todos apoyaron para que César se sintiera en casa. Había globos, una cama, una cuna y un rótulo que, aunque no podía leer, le daba la bienvenida al miembro más nuevo de albergue.

Por cierto, ese albergue es manejado por Heydi, una joven emprendedora que perdió el negocio que había inaugurado en abril de este año. La emergencia le hizo cerrar el negocio que con tanto esfuerzo había comenzado, para abrir 7 albergues y ayudar a otras personas con mucha necesidad.

Viernes. Conocí a Omar, un niño de aproximadamente 5 años que se encontraba llorando detrás de unos sillones viejos y húmedos, porque los niños más grandes no le dejaban jugar pelota. Estaba cansado de ese vivir en el albergue y lo único que quería era volver a su casa, ver “pichingos” y jugar con sus carritos.

Finalmente, volví a ver a Ariel. Un niño que conocí desde el primer día que llegué. El agua destruyó por completo su casa. Lo rescataron en una lancha, pero como iba demasiado cargada con otras personas, la misma se dio vuelta y él casi se ahoga. Una vecina lo rescató, pero el miedo a ahogarse era algo que no había desaparecido. Estuvo varios días durmiendo en una acera, en el suelo, y con su ropa llena de lodo, hasta que un amigo de su papá les llevó un colchón.

Niño hondureño damnificado por huracán Iota

Debo confesar que nunca antes en mi vida sentí tanta culpa por comer o tener un lugar para dormir. Tratamos de hacer algo para aliviar un poco las pérdidas de las personas que acabo de mencionarles. En ocasiones fue agua, comida, un lugar para dormir, servimos de taxi, llevamos una oración o palabras de ánimo para dejar el escondite y salir a jugar fútbol.

Trabajo en una organización de respuesta humanitaria, pero esta semana, José Miguel, Marlon, Wendy, César, Omar, Ariel y todas las personas con las que tuve la oportunidad de conversar, me hicieron más humana que nunca.

Quiero compartir una frase que me sigue dando vueltas en la cabeza. Mientras finalizaba mi entrevista con José Miguel, le pregunté qué le decía a Dios en estos días y su respuesta fue, “Gracias Señor porque salvó a mi mamá, a Joselyn, a mi papá y a Oso pequeño.”

Con un nudo en la garganta le dije: “Dios es bueno”, y él respondió: “Así como ustedes también.”

Dios ha sido bueno, demasiado bueno con nosotros. Sé que muchos se han desbordado en solidaridad, pero todavía hay más que podemos hacer. Se vienen días difíciles, pero no me cabe la menor duda que Dios seguirá siendo bueno aun en la tormenta, así como ustedes también.

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