Adviento: Tiempo de espera y esperanza

Por Ofelia Miriam Ortega

El tiempo de Adviento (Lat. Adventus, advenimiento, venida o llegada) fue señalado desde los primeros siglos del cristianismo como una época especial de preparación para la fiesta de Navidad o Natividad de Jesús, el Hijo de Dios.

Durante este tiempo, la iglesia se prepara para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Jesús. Este evento ha tenido un carácter penitencial muy marcado con un llamado al arrepentimiento. Sin embargo, en los tiempos presentes en que vivimos con tantas preocupaciones y nuevas dificultades que enfrentamos de la alimentación, cambios climáticos, enfermedades y pandemia, la nota de la esperanza gozosa de la venida del Redentor nos anima y fortalece.

El tiempo de Adviento ha sido considerado como la primera estación litúrgica del año; de tal manera que con este tiempo se inicia el año litúrgico: Adviento, Navidad, Epifanía, Cuaresma, Pascua, Pentecostés. Es todo un peregrinaje espiritual caminando con Jesús.

Para marcar el paso de la semana de Adviento y acompañar las reflexiones y acciones se usa la corona de Adviento. Este símbolo consiste en una corona de follaje verde.  La forma circular simboliza la vida eterna; el verde representa la esperanza y la vida. En el follaje se insertan cuatro velas moradas, color de espera y de penitencia, o rojas,que simbolizan el amor de Dios (si no las encuentran de colores, pueden usarse las blancas). El rito consiste en encender cada semana de Adviento el número de velas correspondiente: una la primera semana, dos la segunda; etc. En la Navidad se enciende la vela mayor en el centro, después de haber encendido las anteriores. La luz y el calor de las velas representan la proximidad del nacimiento de Jesús, la Luz del mundo. 

Antonio Machado nos inspira con su concepto de la esperanza: “vivir es devorar tiempo, esperar; y por muy trascendente que quiera ser nuestra espera, siempre será espera de seguir esperando”.

La espera es a la vez una disposición y una actividad primaria del ser humano. La función primaria y más esencial de la vida. En cuanto ser viviente, el ser humano no puede no esperar, existe y tiene que existir esperando. La espera es vivir en esperanza, porque la vida sin esperanza es difícilmente pensable.

 Durmiendo o en vigilia, vivir es para el ser humano espera, y esperar es moverse apasionadamente hacia el futuro con esperanza.

Así que, la época de Adviento nos invita a esperar y a vivir con la seguridad de la esperanza que nos proporciona la llegada del Niño de Nazaret.

Sugerimos para esta etapa de Adviento la reflexión de varios pasajes bíblicos que nos motivarán para una espera esperanzadora.

1-Adviento nos brinda esperanza: Isaías 9:1-7:“Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo, al cual se le ha concedido el poder de gobernar, y le darán estos nombres: Admirable en sus planes, Dios invencible, Padre Eterno, Príncipe de la paz” (Isaías 9:6).Leer también Romanos 4:18: ” Cuando ya no había esperanza Abraham creyó y tuvo esperanza” .Adviento es la estación que nos da esperanza.  Tiempo de vivir la fe con esperanza. Sentir a Dios como futuro absoluto.

2-Adviento nos brinda paz: Lucas 2:8-14: “! Gloria a Dios en las Alturas! Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor” (Lucas 2:14)

3- Adviento nos ofrece alegría:Lucas 2:15-20:” los pastores , por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho”. Adviento, tiempo de vivir la fe con alegría.

4- Adviento nos ofrece amor: Lucas 3: 10-18:” De este modo y con y otros muchos consejos, Juan anunciaba la buena noticia a la gente”(Lucas 3:18). Adviento nos anuncia el peregrinaje del amor en la compañía de Jesús de Nazaret.

5- Adviento es tiempo de consolación: Isaías 40:1-11: ” El Dios deustedes dice: consuelen, consuelen a mi pueblo; hablen con cariño…”(Isaías 40:1). Adviento es tiempo de consolar, de confortar y de animar. Que nuestros sermones y liturgias en esta estación litúrgica incluyan esa animación que hoy necesitan nuestras comunidades.

Meditemos en este poema de Tagore:

Él viene siempre

Viene sin cesar nuestro Dios encarnado

Él vine de día, Él viene de noche

Lo espero por la puerta, Él viene por la ventana

Lo espero en la alegría, Él llega con su cruz

Él viene en la abundancia,

Y aún más en la pobreza

Él viene cuando es deseado,

Y surge cuando ya no lo espero

Él viene por su Palabra y la Eucaristía,

Con todos sus misterios.

Él viene en el silencio, en la brisa apacible.

Él viene también en la multitud y en el ruido.

Él viene en todos esos rostros reencontrados,

A través de las horas

Él viene a cada instante,

Mas mis ojos son incapaces de reconocerle.

Él viene, él viene siempre…

Yo siento sus pasos de oro sobre el camino.

Él viene, Él viene, Él viene siempre.

Imagen: Gerd Altmann en Pixabay

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