¿Qué es ser de hecho pro-vida?

AP Photo/Jorge Saenz

 Magali Cunha, Brasil-

Magali Cunha es periodista y profesora universitaria y escribe con pasión y com-pasión sobre las víctimas de las continuas violencias contra los derechos humanos, especialmente sobre inocentes niños de las periferias de nuestras ciudades. Este año celebramos los 72 años de la proclamación solemne de la Declaración de los Derechos humanos de la ONU. Magali describe cómo esta carta se rompe en nuestros país, marcado por la violencia real que causa muertes y por la violencia simbólica en las redes digitales que difunden odio, maledicencias, mentiras y fake news. Estas hieren el espíritu y vuelven menos humanas las relaciones sociales.

No puede ser solo por las vidas de los que lucran con el gobierno, escribe Magali Cunha.

Emily Victoria, de 4 años, y Rebeca Beatriz, de 7, vieron su vida interrumpida por una violenta intervención policial más en áreas periféricas de Río de Janeiro. Se trata de aquella que “llega siempre tirando”, como relatan los sufridos moradores. Son otras dos familias destruidas por el dolor y por la revuelta, que lloran la pérdida de sus hijas queridas y que se juntan a las de otros diez niños asesinados a tiros en la región metropolitana de Río en 2020, casi todos durante acciones de la policía.

Vida interrumpida brutalmente es también un drama recurrente en las familias de policías militares. Esta misma semana, Río de Janeiro quedó conmocionado con el asesinato del cabo Derinaldo Cardoso, de 34 años, sorprendido con un tiro en la cabeza cuando intentaba impedir un asalto en una tienda de departamentos. En el primer semestre de 2020 hubo 103 policías muertos en Brasil, 23 en actos de servicio. Esas familias enlutadas sufren con la política de guerra y no de seguridad, “la misma policía que mata es la policía que muere”, como dijo un coronel de la reserva de São Paulo. Estos profesionales sufren también con las pésimas condiciones de trabajo a las que están sometidos.

A esas tragedias se suma la de la familia de João Alberto Silveira Freitas, hombre negro muerto en noviembre pasado de forma estúpida por guardias de seguridad del supermercado Carrefour, en Porto Alegre. Una más de las innumerables víctimas del racismo de cada día practicado en Brasil, que, cuando sobreviven, cargan con esta marca en sus trayectorias.

Al mismo tiempo, otras vidas son interrumpidas de forma drástica: llega a casi 178 mil el número de muertos por Covid-19 en Brasil (números oficiales subestimados), con miles de supervivientes de la enfermedad sufriendo secuelas, sin que el país tenga noticia de una política gubernamental que traiga esperanza de superación de esta situación. D

Por el contrario, las políticas anunciadas son desesperanzadoras: esta semana supimos que el gobierno de Brasil escogió la menor cobertura posible en la alianza mundial de vacunas, la Covax. Esta iniciativa fue lanzada como una forma de garantizar que los países en desarrollo pudiesen tener acceso a las vacunas, que no quedasen solamente en manos de los países ricos. Esta alianza ofreció la posibilidad de que los gobiernos hiciesen una solicitud de vacunas que pudiera atender entre el 10 y el 50% de la población de los países. Pues bien, Brasil optó por solicitar el menor cupo de cobertura permitida, para solo el 10% de los brasileros.

Siguiendo en el área de la salud, también supimos que el gobierno de Brasil planea acabar con los programas que atienden a la población con trastornos mentales a través del Sistema Único de Salud (SUS). Cerca de 100 disposiciones, editadas por los gobiernos entre 1991 y 2014, van a ser revocadas y el SUS va siendo desmontando poco a poco. El plan es tan sórdido que puede llevarse a cabo cuando el Supremo Tribunal Federal (STF) entre en receso, lo que dificultaría las acciones contrarias al desmantelamiento.

El gobierno de Brasil también suspendió los exámenes de genotipo del SUS en personas con HIV, con sida y con hepatitis virales. El examen es esencial para definir el tratamiento adecuado para pacientes que desarrollan resistencia a medicamentos. El Ministerio de Salud informó que ofrecerá el examen solo a niños y gestantes con HIV o sida. En febrero, el Presidente de la República había dicho: “Una persona con HIV, además de ser un problema serio para ella, es un gasto para todos aquí en Brasil”. De hecho, cumple lo que dice.

También fuimos informados de que en el último año y medio ha crecido en demasía el número de crímenes en el campo, con su foco mayor en la región de la Amazonia, provocados especialmente por garimpeiros y por agropecuarios. Hay miles de casos de invasión de tierras a punta de pistola, con familias y tribus indígenas siendo forzadas a dejar sus lugares de vivienda y de trabajo para mantenerse con vida. Solamente en 2019 hubo 32 asesinatos, nueve de ellos de indígenas.

La tierra, por cierto, y toda la vida que la rodea, han sufrido horriblemente en el Brasil de hoy. El Pantanal sigue ardiendo, la Amazonia tiene una deforestación récord, no hay recuperación de la destrucción causada por los crímenes ambientales de Mariana y Brumadinho. El Ministerio de Medio Ambiente planea privatizar los parques nacionales y liberar la pesca y la explotación de las zonas preservadas.

La vida que se pierde, la vida que se pone en peligro El derecho a la vida que se niega, especialmente a los pobres. En Brasil, históricamente, los pobres son ignorados y desechables. No importa la edad, el sexo, el color, la etnia, la escolaridad, si son “gente de bien”; si son pobres, no cuentan. Considerando la política económica actual, no es necesario que tengan un presente o un futuro. Por eso, las personas de familias pobres pueden ser fácilmente asesinadas en la puerta o incluso dentro de sus casas, en las escuelas, en los supermercados, en las comisarías y prisiones, en enfermerías abarrotadas.

Mientras tanto, leemos una publicación de la Ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos en Twitter: “Para aquellos que todavía pretenden sorprenderse, voy a reiterar lo que ya he dicho a la prensa, a Brasil e incluso en la ONU: este es un gobierno conservador, pro-vida y pro-familia que no mide los esfuerzos para combatir la violencia. Sí, nombramos a gente pro-vida en el gobierno. Y seguirá siendo así”.

¿”Pro-vida” de quién? ¿Vida para quién? A través de los discursos y acciones del actual gobierno, de quienes se benefician de él y de sus partidarios, no es por la vida de los niños asesinados por las balas de los fusiles de la policía o la de los policías colocados en una guerra, ni la de los negros golpeados o humillados por los guardias de seguridad, ni la de los contaminados por Covid o la de los enfermos mentales, ni la de los enfermos de VIH-SIDA, ni la de los trabajadores rurales ni la de los pueblos indígenas, mucho menos la vida de los bosques, los ríos, los mares y los animales.

El derecho a la vida es un elemento fundamental para cualquier ser humano, sin distinción, sin diferenciación, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), que ha celebrado este 10 de diciembre sus 72 años.

Los 30 artículos de la declaración representan un gran paso adelante para la humanidad al afirmar que todos los seres humanos tienen los mismos derechos, independientemente del color, sexo, credo, nacionalidad o cualquier otra distinción. Por lo tanto, la declaración es “universal”, es decir, se refiere a quienes viven en cualquier país, bajo cualquier tipo de gobierno, de cualquier condición social, género, edad, religión o color de piel.

En este sentido, por ejemplo, cuando el artículo 3º establece que todo el mundo tiene derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal, se refiere tanto a quienes viven en mansiones o condominios y desean circular libremente por las ciudades, como a las poblaciones de las periferias que desean igualmente vivir en paz y tener libre acceso a todos los lugares.

La declaración ha servido de inspiración para las Constituciones Nacionales, parámetro para las acciones de la comunidad internacional frente a conflictos localizados, y ha generado asociaciones de derechos en todo el mundo. Sin embargo, las visiones y posturas extremistas en todo el mundo, alimentadas por los líderes políticos, han reducido la declaración a algo ideológico, como si fuera sólo bandera de la izquierda política.

Todo esto refleja el resentimiento de los segmentos conservadores, exclusivistas, machistas, racistas, explotadores de la población empobrecida, de quienes quieren mantener los privilegios y sostener la desigualdad entre los humanos. En este “quiénes” están los empresarios, los ruralistas, los banqueros, los propietarios y los profesionales de los medios de comunicación, que apoyan este discurso. Él está recibiendo la bienvenida de mucha gente que simplemente ignora los artículos de la declaración.

El desconocimiento del documento y su aplicación en la Constitución brasileña, por ejemplo, se refleja en la ignorancia de que los derechos humanos abarcan la seguridad alimentaria, el derecho al voto, las condiciones de trabajo justas, el derecho a la propiedad, la participación en la vida cultural y el progreso científico en una sociedad, y los deberes que cada ser humano tiene con su comunidad. Esta lista es sólo para citar algunos artículos ignorados por aquellos que nunca han leído la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la critican sólo de oídas.

Cabe recordar que las iglesias cristianas contribuyeron significativamente a la aprobación de la declaración a través del movimiento ecuménico, que trabaja por la unidad de las iglesias en el diálogo y la cooperación con otras religiones en busca de la paz con justicia.

Muchas de estas iglesias siguen comprometidas en el diálogo y la cooperación y activas en la defensa de la aplicación de los principios de la declaración. Esto es el resultado de la comprensión de fe de que los derechos y garantías de dignidad para los seres humanos corresponden a la voluntad del Dios Creador, que “ama el mundo y a los que en él habitan”, que quiere “que todos tengan vida y vida en abundancia” (Evangelio de Juan).

En estos tiempos difíciles, vale la pena renovar la esperanza de que la ignorancia instalada por la maldad de los agentes de los privilegios inhumanos, tristemente apoyada por algunos líderes religiosos, puede ser superada en pro de la vida, la vida verdadera, la vida plena.

Traducción de Jose María Gavito Milano



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