Martin Luther King, Jr.: El tambor mayor de la justicia

Martin Luther King, Jr.

ESTADOS UNIDOS-

Por Carmelo Alvarez-

El 4 de abril de 1968 fue asesinado el pastor y profeta afroamericano, Martin Luther King, Jr. Su memoria permanece viva y su martirio es un legado universal de lucha por la paz con justicia. Por ello es imperativo retomar, una vez más, su testimonio como evocación y desafío para emularlo en nuestros compromisos y luchas.

Un sermón predicado el 4 de febrero de 1968 (dos meses antes de morir) desde el púlpito de la Iglesia Bautista Ebenezer en Atlanta, Georgia, nos sirve como marco de referencia para destacar una idea que en varios lugares y con diversas metáforas resaltó este profeta negro: el impulso y la urgencia en cumplir el llamado ineludible del evangelio a favor de la paz con justicia.

En esta reflexión Martin Luther King, Jr. se basa en el evangelio de Marcos 10: 35-45. Este texto polémico y crucial subraya un “pedido ambicioso” de dos discípulos, que denota la búsqueda de poder y prominencia. El pastor King destaca que el deseo e impulso de los discípulos podría constituirse en un elemento positivo si se encamina correctamente. En otras palabras, el predicar no-violento advierte que antes de condenar a los dos discípulos por su ambición, deberíamos asumir que un grado de impulso dominante y deseo de reconocimiento, bien canalizado, se constituye el lo que él llamó “el instinto del tambor mayor”. Si se quiere, ser una voz dominante y reclamante con claro compromiso por la justicia, superando la ambición personal.

En el resto del sermón, Martin Luther King, Jr. va llevando a la congregación hacia un punto climático: Cuando llegue la hora de su funeral él quiere ser recordado como alguien que trató de dar su vida en servicio a otras personas. En su excepcional retórica de predicador afroamericano el pastor-profeta Martin Luther King, Jr. trastoca lo que parece ambición desmedida, envidia y egoísmo humano para afirmar que él es “el tambor mayor por la justicia”, la voz que clama a favor de su pueblo oprimido y discriminado. Y lo dice con mucha convicción,

 Si Uds. quieren decir que yo fui el tambor mayor; digan que yo fui un tambor mayor por la paz, que fui un tambor mayor por la rectitud: Y todas esas cosas superficiales no importan. Yo no tendré ningún dinero que dejar. No tendré las cosas finas y lujosas de la vida que dejar atrás. Pero sólo quiero dejar una vida comprometida…pero yo solo quiero estar allí en amor y en justicia y en verdad y en compromiso a otros de manera que podamos hacer de este viejo mundo un mundo nuevo. (James M. Washington, ed. Martin Luther King, Jr. I Have  a Dream. Writings and Speeches that Changed the World (San Francisco: Harper, 1992),191-192).

Toda esta predicación está salpicada de una mezcla de indignación profética, ternura pastoral y un compromiso amoroso, lleno de pasión. Como lo hiciera en todos los sermones de los años 1967-1968 el presagio funesto de su muerte marca la pauta en su pensamiento. No hay trazas de amargura ni resignaciones baratas. Lo que se percibe constantemente es esa consistente convicción del “precio de la vocación profética”, como solía decir el Dr. José David Rodríguez Rivera.

Martin Luther King, Jr.: Viajero de la libertad, profeta de la esperanza

Para Martin Luther King, Jr. hay una relación estrecha entre la libertad como llamado ineludible que busca la justicia incesantemente y su expresión en un amor concreto y eficaz. Todos sus libros, sermones y conferencias se mueven hacia esa constante búsqueda. Más allá del amor sentimental está un amor que se ofrece y se da; se recibe y se promueve. Su propia vida estuvo enmarcada en una vocación suprema de responder al llamado de la libertad y luchar por la liberación de su pueblo afroamericano. Así lo narra en su libro, Viajeros de la libertad.

Una idea fundamental en esa autobiografía teológica es el sacrificio que implica la vocación de servir a una causa y luchar por ella. Toda vocación asume riesgos y acepta el sufrimiento como solidaridad fraterna desde la fe. El amor de Dios (ágape) es la fuerza y el poder que vence todos los prejuicios, remueve todos los obstáculos, particularmente la discriminación racial, y permite amar a los enemigos, siempre en la búsqueda de una sociedad más fraterna y justa.

La paz con justicia como acción concreta de la liberación necesita una dimensión ética que haga efectiva aquella justicia. Por eso Martin Luther King Jr. distinguía claramente entre las leyes justas y las leyes injustas. No basta con tener leyes o aun constituciones si ellas no promueven la vida digna, plena, con igualdad y equidad para todos los seres humanos. Sin plena liberación de todas las ataduras de opresión la libertad es sólo un concepto. En muchas de sus alocuciones aparecía una y otra vez la necesidad de que los y las afroamericanos asumieran su lucha en actos concretos a través de la no-violencia activa y militante.

Martin Luther King, Jr. fue un profeta visionario. Se ha insistido mucho en su “sueño” y hubo quienes creían que esa era una consigna que escondía un proyecto revolucionario, posiblemente armado. Lo profético en Martin Luther King, Jr. está planteado, a mi entender, en tres dimensiones fundamentales: el llamado, la visión y el destino.

El llamado hay que discernirlo correctamente para aceptar, seguir y perseverar en la voluntad de Dios. Es una actitud y una apertura cotidiana donde la existencia misma se encuentra arropada y atrapada por el amor de Dios. Santa Teresa de Ávila, cuya vida y pensamiento Martin Luther King, Jr. conoció bien, hablaba del “arrobamiento”, es sentirse atada por cuerdas de amor, en obediencia libre y graciosa ante el Misterio. Monseñor Oscar Romero hablaba mucho de este mismo sentido de urgente reclamo de Dios. Y en medio de ese reclamo se siente una confianza plena. Por eso a Martin Luther King, Jr. le inspiraba mucho aquel viejo himno del movimiento de santidad: “Cuan tiernamente Jesús hoy nos llama con insistente bondad”.

El profeta es un testigo que asume los riesgos de emitir juicios y proclamar la verdad de Dios porque es portador de una nueva visión para el pueblo. Por eso el martirio. Se es mártir no porque se muera. El martirio es producto del testimonio de vida y palabra; mensaje y acción. ¡Y se acepta la tarea de anunciar y denunciar en nombre de Dios!

El destino del profeta y pastor está en las manos de Dios. Esa convicción tiene una dinámica muy compleja entre la urgencia y la ansiedad. El llamado radical es urgente y exige una respuesta también radical. Aunque la familia, los colegas, los amigos y amigas, y la iglesia no lo entiendan. Sólo Dios lo sabe. Y por ratos hay incertidumbre, duda, desasosiego. Pero también hay resoluciones ciertas y firmes en ese peregrinaje en fe que Dios va revelando. La responsabilidad de ejercer un liderato que Dios le ha encomendado al profeta es una carga pesada. Intuir y atisbar que la muerte prematura asedia, es también asumir un destino.

En su último discurso oficial como presidente de la Conferencia Sureña de Liderato Cristiano en agosto de 1967, a menos de un año de su martirio, Martin Luther King, Jr. tituló su discurso, “¿Hacia dónde vamos desde aquí?”. Hacia el final de la alocución expresó, como pasaba en casi todos sus discursos y sermones, con elocuencia y profunda convicción:

Recordemos que hay una fuerza creativa en este universo, trabajando para derribar las gigantescas montañas del mal, un poder que es capaz de crear una salida donde no la hay y transformar los ayeres oscuros en mañanas luminosas. Vamos a realizar que el arco de la existencia moral es largo, pero se doblega hacia la justicia.

Esto es para esperanza para el futuro, y con esta fe seremos capaces de cantar en un mañana no muy distante con un tiempo cósmico pasado: “Nosotros hemos vencido, nosotros hemos vencido, corazón adentro, yo creí que nosotros venceríamos”.

Martin Luther King, Jr. profeta, pastor, pensador vigente. Hoy más que nunca su mensaje de libertad y esperanza es necesario. No olvidarlo y actuar desde esa vida y pensamiento es nuestro constante reto. Para poder vencer y lograr la justicia en la tierra tenemos que hacerlo. Y Dios nos llama con su amor y hacia el compromiso con su reinado a ser fieles a la causa de la libertad en acciones constructivas de liberación, con mucha esperanza.

Al recordar este día en que Martin Luther King, Jr. entregó su vida por la causa de la justicia, y enmarcado por el seguimiento consecuente al Jesús de Galilea que lo llamó y abrazó para siempre aquel 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, es un imperativo ético no olvidarlo.

Nos acompaña la acertada palabra de una poeta cubana, Fina García Marruz, de honda espiritualidad cristiana, que inspirada en este sermón y tras recibir la trágica muerte de Martin Luther King, Jr. nos ha regalado este poema. Que en su última estrofa dice:

En la muerte de Martin Luther King. Yo soy el tambor mayor de la justicia

Un minuto antes que asesinaran a Martin Luther King.

Poco antes que bajara a la muerte el manso hombre.

Salomón Jones se lo dijo que los tiempos eran malos.

Él iba a buscar un abrigo.

No dejaron que lo hallase.

Entonces, lo abrigó el Señor.

Go down, Moses.

¡El tambor mayor de la justicia sigue retumbando! ¡Y no deberemos descansar jamás, y oír su voz para caminar en su huella! En esa vida hemos de encontrar el amor, la libertad y la paz con justicia que nos conduce a la plenitud del reinado de Dios.

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