Un pastor fiel y honesto

En memoria del Pastor Fabián Kreischer

(1976-2021)

Pastor Fabián Kreischer (Facebook)

BRASIL-

Por Roberto E. Zwetsch –

¿Por qué lo mataron? ¿Por qué tanto odio a un ser humano como al Pastor Fabián?

Son preguntas que cualquier persona puede hacer, sin confrontar con nadie. Pero en el caso, estas preguntas estallan como puntazo, como una ofensa, para quienes son dominados por el odio al otro, sea indígena, mujer, desempleado, negro, extranjero o persona homosexual.

Sí, es un caso extremo de odio al ser humano, a una persona que sirvió a la comunidad y dedicó su juventud a la predicación y práctica del evangelio, y esto honestamente desde su vivencia como una persona homoafectiva, como decimos en Brasil. Esta honestidad y aprecio por la justicia y la verdad al parecer le costó la vida a Fabián. Es un caso de extrema violencia sin atenuantes.

Fabián fue pastor en varias comunidades de la IELU – Iglesia Evangélica Luterana Unida de Argentina y Uruguay. Estudió teología por años en Buenos Aires para después asumir el ministerio pastoral, no sin grandes atropellos, que venció con su verdad y confianza en la justicia de Dios y de la humanidad. Y con determinación y algo de comprensión de su iglesia llegó al ministerio con todos los deberes y riesgos que podría encontrar en su caminata. Al final, hasta fue electo como vice presidente de su Iglesia, un encargo que le exigía mucha responsabilidad. No ha retrocedido un instante en su objetivo y vocación. Esto le costó la vida.

No he conocido a Fabián, lo que lamento profundamente. Pero lo estimo desde lejos y, ahora aún más, cuando desde su nueva vida nos habrá de alentar en el camino de la justicia, de la verdad humana y divina, de la aceptación incondicional del otro, camino de amor, misericordia y compasión para toda la gente, sin discriminar a nadie. Esto es lo que Jesús nos ha enseñado y por lo que – él también – sufrió la cruz de la ignominia y del desprecio.

Fabián nos ha dejado un ejemplo, una señal de que vivir por la fe y en el amor es algo radical. Y puede significar dar la vida para que otros tengan vida y sean más respetados como hombres y mujeres del mismo Dios que nos ama a todas nosotros y nos perdona nuestros pecados. Jesús, puesto frente a una situación muy complicada, preguntó a una turba ortodoxa que se disponía a apedrear a una pobre mujer sorprendida en adulterio: “El que no tenga pecado que lance la primera piedra”. Y la furiosa gente no arrojó ni una sola piedra y se fue, comenzando por los más viejos hasta los jóvenes (Juan 8).

En nuestro tiempo, creo que nuestro Señor hablaría con la misma fuerza a la gente que apedrea simbólica o físicamente a personas homoafectivas. Personas como Fabián que dedican sus vidas a servir con generosidad a las causas de las personas perseguidas por muchos motivos, todos igualmente insanos, odiosos, injustos y deshumanos.           

En defensa de su memoria y de la justicia de su causa, quisiera acá recordar algunas palabras del Reverendo Arzobispo emérito Desmond Tutu, de la Iglesia Episcopal Anglicana de Suráfrica, Nobel de la Paz en 1984, reconocido en el mundo entero por su defensa incondicional de la justicia social basada en la fe cristiana y la tolerancia para con la diversidad religiosa y humana. En un texto magistral sobre gays y lésbicas como gente hija de Dios, él ha escrito:

Yo jamás podría haber luchado contra la discriminación del apartheid sin luchar también contra la discriminación que la gente homosexual sufre, incluso en nuestras iglesias y demás asociaciones de fe. […] La oposición al apartheid fue una cuestión de justicia. La oposición a la discriminación contra la mujer es una cuestión de justicia. La oposición a la discriminación con base en la orientación sexual es una cuestión de justicia. Pero también es una cuestión de amor. Todo ser humano es inestimable. Somos todos – todos nosotros – parte de la familia de Dios. Todos debemos tener el derecho de amar uno al otro con honra. Sin embargo, en todo el mundo, gays, lésbicas, bisexuales y personas trans son perseguidas. Tratamos estas personas como parias y las alejamos de cualquier comunidad. Hacemos con que ellas duden del hecho de que son hijas de Dios. Eso es lo más cerca que podemos llegar a la blasfemia. Culpamos al próximo por lo que él o ella es.

Desmond Tutu termina su artículo con una advertencia llena de sentido para quienes descubrieron el Jesús misericordioso y compasivo: “El Jesús que yo adoro no está propendido a colaborar con quien vilipendia o persigue una minoría que ya es oprimida”.

El Pastor Fabián se ha tornado – contra su misma y honesta opción – un mártir de la fe y la vivencia del evangelio. Hay que honrar su memoria hoy y mañana si somos realmente la Iglesia de Jesús, el Nazareno, Crucificado por causa de su amor y lucha por justicia, pero Resucitado para que tengamos hoy mismo una nueva vida de amor, paz, esperanza y justicia para toda la gente.

El autor es Teólogo y pastor luterano (IECLB), São Leopoldo, 13/02/2021  

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