Breve historia del movimiento cristiano antivacuna

“Anhelamos un estado laico, pero no dejemos de considerar el impacto de lo religioso en la formulación de políticas públicas”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

PERÚ-

Guillermo Flores Borda-

Según el teólogo Paul Martens, Metallica es “una banda enfáticamente religiosa”, con canciones cargadas de sensibilidad teológica. “Creeping Death” relata el éxodo del pueblo de Israel. “Leper Messiah” critica a quienes predican para enriquecerse. En “The God that Failed”, James Hetfield expresa su frustración ante la muerte de su madre, quien se negó a recibir tratamiento médico debido a su fe: “Christian Science”, un conjunto de creencias y prácticas religiosas que enfatizan el poder sanador de la oración.

La historia estadounidense contiene diversos momentos de fricción entre ciencia y fe. Desde 1923, estados sureños adoptaron leyes antievolución que impedían enseñar darwinismo en colegios públicos. En el caso Scopes (Tennessee, 1925), un profesor de biología sería inicialmente declarado culpable. Pero, ante la opinión pública, el progreso venció al pasado.

Massachusetts sería el primer estado en aprobar la vacunación obligatoria (1809) y requerirla a estudiantes de escuela pública (1855). Con la obligación legal nacería la oposición. En Jacobson v. Massachussets (1905), la Corte Suprema confirmó que los estados podían requerir la vacunación por razones de salud pública, ante la negativa de un pastor a vacunarse o pagar una multa. En los 60, las leyes de vacunación ya contenían exenciones por razones religiosas, gracias al cabildeo de los Christian Scientists.

Dado que la doctrina cristiana no contiene objeciones contra la vacunación, la oposición de sectores minoritarios estaría principalmente basada en creencias personales. Reich (2016) sostiene que los padres opositores dudan de que las vacunas sean seguras, cuestionan sus componentes (o el uso de células fetales) y sospechan de su necesidad al ser producidas por compañías con fines de lucro. Solo los Christian Scientists mencionaron su religión como factor de rechazo. Aunque los evangélicos mencionaron formas en que las vacunas violaban su entendimiento bíblico, estas no eran la razón principal para rechazarlas.

Para unos, el rechazo derivaría de una percepción de “antinaturalidad”, al considerar las vacunas como “inmunidad artificial”. Las explicaciones expresadas en lenguaje académico solo ratifican su “base antinatural”. Para otros, oponerse al conocimiento científico mayoritariamente aceptado es un ejercicio de libertad, permitiéndoles verse como librepensadores en medio de una sociedad “menos iluminada”.

Muchas veces, las creencias personales son revestidas de simbolismos religiosos para dotarlas de autoridad divina. Con el triunfo de Trump, resurgiría el Nacionalismo Cristiano: la creencia de que EE.UU. es una “nación cristiana” con una identidad “cristiana” conservadora que debe ser preservada. Sus seguidores no abogan por una teocracia, pero consideran que su ideología debe tener una posición privilegiada en la esfera pública. Tienen demandas políticas que consideran “bíblicas”, pero que realmente son extrapolaciones culturales de sus creencias religiosas.

Al respecto, Perry y Whitehead (2020) sostienen que los cristianos nacionalistas son los más dados a cuestionar la seguridad de las vacunas, incluso luego de controlar influencias como raza, educación, ideología política o religiosidad. Perry, Whitehead y Grubbs (2020) demuestran que el Nacionalismo Cristiano es un predictor principal de que una persona ignorará medidas preventivas ante el COVID-19, porque confía en la protección divina, desconfía de científicos y prensa y siente devoción por Trump. Baker, Perry y Whitehead (2020) señalan que estos cristianos nacionalistas consideran que los científicos son hostiles a la religión y que el país se apoya demasiado en la ciencia y poco en la religión. Aunque estos argumentos provienen de análisis estadounidense, en un estudio reciente (2020) demuestro que, luego del triunfo de Trump, diversos políticos latinoamericanos importaron discursos teológicos que apelan al “mito de la nación cristiana” con la finalidad de atraer a creyentes conservadores que perciben que su identidad es amenazada por cambios culturales y demográficos. Las “soluciones a la pandemia” propuestas por la candidata Beatriz Mejía basadas en “aprender a orar”, “leer la Biblia en voz alta” y la sanidad mediante “las llagas de Cristo” para oponerse a “instrumentadores globalistas interesados en exterminarnos con (…) vacunas” son prueba de que el Nacionalismo Cristiano ya está en Perú.

En su búsqueda de sentido en medio del caos, muchos creyentes reafirmarán su identidad cultural mediante discursos religiosos, por lo que el Gobierno debería considerar el factor religioso al desarrollar sus estrategias comunicacionales, coordinando con los líderes de organizaciones y denominaciones religiosas para presentar la vacunación como un acto de altruismo basado en la fe en lugar del temor y utilizar los templos (en que los creyentes se sienten más cómodos) como centros de vacunación.

Aunque podría estimarse que este es un problema que afecta exclusivamente a la comunidad cristiana, el pastor King recordaría que “estamos atrapados en una red inescapable de mutualidad”. Anhelamos un estado laico, pero no dejemos de considerar el impacto de lo religioso en la formulación de políticas públicas.

El autor es Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico

Publicado en https://elcomercio.pe/

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