8 de marzo, día de reconocer nuestra fuerza

Dos integrantes de un piquete durante la huelga de las camiseras de Nueva York de 1909, precedente del Día Internacional de la Mujer. / ARCHIVO

CHILE-

Por María Elena Hermosilla-

El origen del 8 de marzo, es de sangre,  lucha y lágrimas.  El origen de esta fecha especial que tanto nos conmueve, no está   en los salones  de las damas de alcurnia, ni en las aulas u oficinas de las intelectuales. Nació en  los  talleres  en que las  explotadas mujeres obreras de la revolución industrial  se hacinaban trabajando de sol a sol por un mísero salario, a comienzos del siglo XX. El 8 de marzo de 1908, ocurrió un hecho trascendental en la historia de la lucha sindical: 129 mujeres murieron  en un incendio en la fábrica Cotton de Nueva York, EEUU, luego que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo.  Motivo del paro? Reducir su jornada de trabajo a 10 horas y un salario igual que el que percibían los hombres a igual trabajo. El dueño de  la fábrica ordenó cerrar las puertas y las trabajadoras murieron sin poder escapar.

En 1910, en una conferencia internacional realizada en Copenhague – objetivo, conquistar el derecho universal a voto para las mujeres- se proclamó oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en homenaje a las caídas en 1908. En 1977, la Asamblea  General de Naciones Unidas, designó oficialmente este día  como Día Internacional de la Mujer. El resto de la historia lo hemos construido nosotras, a punta de vivir, caernos  y aprender.

¿Cuántas veces he relatado  esta trágica historia que me llena de tristeza y a la vez de orgullo? Innumerables. La primera vez, en máquina de escribir (no había computadores), con calcos, tipeando cartas para todos los medios de comunicación del país, contando la historia del 8 de marzo. Decenas de cartas, a las radios más lejanas, a los periódicos más artesanales, agencias y los pocos canales de TV que había. Contando a los colegas que íbamos a conmemorar una fecha que no era para claveles y rositas en celofán. Era nuestro Día, para honrar nuestras luchas, exigir respeto y reconocimiento, destacar lo específico de nuestra identidad como género, mostrarnos como sujetas sociales, exigir nuestros derechos,  mostrar nuestra fuerza,  exigir igualdad y  el fin de las  discriminaciones.

Como periodistas, sabíamos la importancia que los colegas y  los  medios nos entendieran y a la larga o a la corta, se transformaran en nuestros aliados. Hemos crecido enormemente  en conocimiento sobre estas temáticas y en metodologías transformadoras  de trabajo. Pero muchos años han pasado y aún no logramos esa comprensión, esa interacción, ese compromiso que significa una comunicación social no sexista. Este año, los retails anuncian en TV rebajas en el “Mes de  la Mujer” y  el colmo es un spot de TV en que una super modelo, puño en alto nos dice “Arriba Mujeres”.  Impensable hace  30 años. La publicidad comercial nos “secuestró” nuestro 8 de marzo y no sé si reirme o llorar cuando recuerdo nuestros modestos  sobres con cartas mecanografiadas  a las radios.

La identidad de género y  los derechos de las mujeres tienen una relación muy importante con los medios de comunicación. Así como  aprendemos en familia, en el sistema educacional, con el grupo de amigos y amigas, los medios también nos educan. Nos van señalando,  a veces sutilmente, otras con violencia, qué es ser mujer, qué es ser varón, que es pertenecer a las nuevas opciones genéricas que existen en nuestro entorno. Qué se espera de nosotros, cuál debe ser nuestro comportamiento. Nos muestran estereotipos de género, que muchas veces  podemos descifrar, otras no. Sin duda alguna, influyen en niños y niñas, y las feministas tenemos allí un tremendo trabajo que realizar por una educación con visión de género.

Para periodistas y comunicadores,  el desafío sigue en pie.  El discurso de los medios debe cambiar, los medios deben cambiar, incluidas las redes sociales  y  los medios digitales. Las mujeres continuamos siendo protagonistas minoritarias de las noticias, el lenguaje de la comunicación es sexista,  las mujeres somos menos en puesto de alta decisión comunicacional. El Capítulo “J” de la Plataforma de Beiging (documento que fija objetivos y metas a los países del mundo  en materia de igualdad y no discriminación), que se refiere a la comunicación social, es el que MENOS LOGROS TIENE A TRAVÉS DE LOS AÑOS. Así, nuestra área de trabajo que es  la cultura  cotidiana en que nos movemos como comunidad,  ha llegado a ser  un tóxico enjambre de  mensajes y significados que van y vienen que no contribuye, más bien sofoca, nuestra identidad de género, nuestras demandas y nuestros logros. DERECHO A LA COMUNICACIÓN, por allí viene el cambio.

Sin duda tenemos mucho que conmemorar el 8 de marzo. Homenajearemos a nuestras mártires, recordaremos a nuestras Amanda Labarca,  Elena Caffarena, Olga Poblete, Ernestina Pérez, Gabrielas y Violetas, y marcharemos, como todos los años, convencidas que somos capaces, creativas,  potentes y que el futuro es nuestro.

La autora es periodista, miembra de WACC ALC

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