Fundamentalismos como ideología y práctica contraria al reino de Dios y su justicia

Henry Gómez-

Al momento de escribir este artículo viene a mi memoria la reciente muerte de dos jóvenes mujeres, oriundas del pueblo de la Misión, municipio Turén, estado Portuguesa, Venezuela, quienes fueron violentadas y asesinadas de forma brutal, engrosando la lista de femicidios en el país. Seguro estoy que el Estado Venezolano, y el Gobierno Bolivariano, han hecho todo lo necesario para el esclarecimiento de este caso en cumplimiento de la responsabilidad establecida en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Sin embargo, cabe resaltar, que si bien, los resultados de la investigación policiaca han dado resultados, no menos cierto es, que el caso no es solamente policial, sino que atañe a toda la sociedad, a las leyes, al respecto a la dignidad de todas las mujeres, a la formación de la sociedad venezolana en cuanto a los derechos de la mujer, a la promoción de una educación en valores y justicias a nuestras niñas, niños y adolescentes, y esto debería ser una exigencia diaria y permanente. 

Desde el Movimiento Cultural Cristiano Caleb y su revista digital “Entre la Vida y la Palabra”, nos solidarizamos con las familias que han sufrido esta terrible pérdida y nos hemos propuesto, a propósito de la celebración del Día Internacional de la Mujer, abordar como tema de profundo interés, el resurgimiento de los fundamentalismos y cómo estos han llegado a convertirse en obstáculos e impedimentos que socavan las conquistas y reivindicaciones logradas por las luchas de todas las mujeres del mundo, en cuanto al reconocimiento de sus derechos. Con el resurgimiento y acceso al poder de grupos fundamentalista, como resultado de alianzas políticas, económica y religiosas entre sectores religiosos conservadores, partidos políticos principalmente de derecha, sectores económico con mucho poder e incidencia, así como toda una élite intelectual a su servicios en las áreas de la religión, teología, pensamiento económico,  político, cultural, y medios de comunicación, la anhelada igualdad y reconocimiento de los derechos de la mujer logrados por años de ardua luchas, se ven amenazados e incluso con visos de  de retrocesos.

El Fundamentalismo principalmente religioso, es un discurso ideológico que se manifiesta en una práctica de sometimiento, dominación y exclusión de la mujer, basada en la interpretación literal, descontextualizada e intransigente de algunos libros sagrados. Vale señalar que este discurso de sometimiento, dominación y exclusión de las mujeres no es exclusivo del fundamentalismo religioso, sino que también, es una práctica e ideología de otros fundamentalismos que se manifiesta desde la política, la ciencia, la economía y la producción intelectual.

Históricamente, a las mujeres se les han asignado ciertos roles que limitan su desarrollo integral y su participación activa y protagónica en la construcción de una sociedad más justa. Esta asignación de roles se impone desde un poder estructurado y justificado desde el campo religioso, político y económico, sustentado en una pretendida “naturaleza u orden natural”, de la mujer. En realidad, esta asignación e imposición de roles es el resultado de un sistema económico, político y patriarcal que somete a la mujer, al varón y a un sistema de explotación y exclusión.

En la actualidad, los fundamentalismos y sus ideólogos han construido conexiones e intereses entre ellos. En la práctica se observa a líderes religiosos de iglesias conservadores apoyar y pactar con políticos conservadores, principalmente de derecha. Algunas veces, estos sectores religiosos conservadores pactan con políticos que no son tan conservadores, sino un poco más liberal, no tan de derecha y si un poco más de izquierda, pero que sirven a sus intereses y hacen causa común en temas específicos, tales como el aborto y la igualdad de derechos de la mujer por mencionar algunos de ellos. Esto significa, que los fundamentalistas participan activamente del juego de la política para imponer su agenda ideológica e impulsar acciones contrarias a los logros alcanzados por las luchas emprendidas por las mujeres. De igual forma, los fundamentalismos han servido de base para justificar la explotación económica de las mujeres, en alianzas con sectores empresariales conservadores.

El fundamentalismo principalmente religioso (pero no exclusivo de él), ha sido señalado en algunas investigaciones como un fenómeno de múltiples dimensiones y debemos aproximarnos a él desde la complejidad que representa. Este, utiliza instrumentos, técnicas y conocimientos de las ciencias sociales (psicología, sociología y la lingüística entre otras), en su despliegue y desarrollo. Factores como pobreza, condiciones sociales, clases sociales, religiosidad, espiritualidad y militancia política, niveles educativos, son analizados con detenimiento, por estas razones y otras más, los fundamentalistas son grupos que tienden a crecer en una América Latina caracterizada por profunda desigualdades sociales y económicas. En algunos casos, iglesias conservadoras con prédicas fundamentalistas despliegan su accionar donde el Estado Nación no llega. La gente tiende a asumir estos discursos y prácticas fundamentalistas, ante las ausencias de alternativas, y como herramientas para enfrentar las crisis.

El fundamentalismo como ideología de sometimiento, dominación y exclusión, justifica la violencia (física y mental) contra la mujer (no de forma explícita, pero sí a través de sus prédicas y prácticas conservadoras), provenga esta violencia desde un varón, o un empresario explotador (la explotación económica es otro tipo de violencia). El fundamentalismo al servicio de un sistema de explotación culpa a la mujer de su situación, pues hace todo un trabajo psicológico en ellas, las  familia (así como en los varones) y la sociedad, que terminan justificando su situación. Este trabajo no es solo desde el campo de lo psicológico, es también bíblico, teológico y pastoral en el caso de las iglesias evangélicas conservadoras.

El Movimiento Cultural Cristiano Caleb, identificado históricamente con la lucha por los derechos de la mujer, ha denunciado estas ideologías de sometimiento, dominación, explotación y exclusiones de la mujer al seno de las iglesias evangélicas conservadoras, sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer. Algunos retos quedan por asumir, tales como:

  • Formación de nuestras niñas y niños y todos los Caleb Miembros y amigos en cuanto a los derechos de la mujer y sus luchas históricas.
  • Estudio sobre la Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
  • Los derechos de la mujer establecidos en la Ley Orgánica del Proceso Social del Trabajo.
  • Construcción de nueva masculinidad y
  • Derechos reproductivos entre otros temas.

Los fundamentalismos están en ofensiva, por lo tanto, los cristianos que buscamos el Reino de Dios y su justicia no podemos quedarnos cruzados de brazos, debemos emprender acciones en favor de un mundo más posible para todos y todas, incluyendo a la tierra toda y todo lo que en ella habita.

El autor es Magister en Economía

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