Dolor por la partida del Obispo Ramón Castillo, de la Unión Evangélica Pentecostal de Venezuela

Obispo Ramón Castillo, UEPV (Caracas, 2019/Jim Hogdson)

VENEZUELA-

El pasado 1 de mayo, el Obispo Gamaliel Lugo, de la Unión Evangélica Pentecostal de Venezuela, anunció el fallecimiento del Obispo de Caracas, Ramón Castillo. “Desde la UEPV enviemos toda nuestra energía a la familia para lograr conseguir la paz en medio de la tormenta. Nuestra más profunda solidaridad en esta hora crucial a la familia Castillo y a nuestro Consejo Obispal en el queda un nuevo vacío”, decía ese día.

Hablar de Ramón Castillo, del Obispo de Caracas de la Unión Evangélica Pentecostal de Venezuela, es harto complicado en una hora como ésta, porque el corazón se me arruga de tristeza, pero, a la vez, celebro su vida, su legado, su verticalidad y su compromiso con el Evangelio de vida plena, dice Angel Luis Rivera Agosto, de Ministerios Globales en Estados Unidos.

Nos deja un ser humano cabal, intelectual orgánico de amplio y profundo pensamiento social, comprometido con la justicia. Nos deja un ministro sensible a las necesidades de su pueblo venezolano y de su patria amplia en América Latina y el Caribe. Nos deja un ser humano generoso, afable, buen conversador, agradable y amable. Es de esas personas con las que se podía conversar y aún viajar por horas (lo hice varias veces desde Maracaibo hasta Caracas), y siempre había un buen tema para conversar. Nos deja, ¿por qué no decirlo? uno de esos líderes ecuménicos latinoamericanos que tiene una huella muy profunda en mi corazón. Siempre tendiendo puentes. Siempre reflexionando harto y profundo. Siempre preocupado por el testimonio social de la Iglesia. Siempre preocupado hasta de mi salud, llamándome la atención por mis continuos viajes y desvelos.

A Ramón Castillo, sigue, lo recordaré desde mis primeros tiempos en el CLAI, allá para los eventos regionales previos a la Tercera Asamblea en Concepción, Chile. Lo pude ver en mi último viaje a Venezuela, y compartí con él. Aquél último abrazo lo atesoro, porque siempre lo abracé fuerte, con gratitud, por todo lo aprendido desde su modelaje. Amado Obispo, ya nos juntaremos en El Día del Señor. Creo que cuando llegue, ya tú tendrás una Red Ecuménica montada allá, a la que, con gusto, también me uniré.

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