De evangélicos y democracia

Movimiento Cívico Evangélicos por la Democracia. Foto archivo de G. Vargas

PERÚ-

Germán Vargas Farias-

Hacía fines de los 90, y realmente durante toda esa década y particularmente a partir del golpe de Estado dado por Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992, un importante sector de la comunidad evangélica se pronunció de diversas maneras, denunciando pacífica y democráticamente la manipulación y el envilecimiento del Congreso de la República, Poder Judicial, Ministerio Público, es decir, de prácticamente toda la institucionalidad democrática.

Fueron tiempos en los que se compró –no es una expresión figurativa- a congresistas, jueces, fiscales, generales y no pocos personajes del espectáculo y periodistas, todos con dinero del Estado, es decir, plata nuestra.

Entre las manifestaciones evangélicas que referí, hubo una muy activa expresada en el Movimiento Cívico Evangélicos por la Democracia (MED). Allí se juntaron jóvenes, estudiantes, pastores y activistas de derechos humanos (esos que algunos cacasenos llaman caviares), que en aquellos tiempos dieron testimonio de su fe, y expresaron la incompatibilidad total que existe entre el mensaje del Evangelio y un régimen corrupto y criminal como el encabezado por Fujimori padre, y su socio Vladimiro Montesinos.

Evoco ese tiempo acompañando una de las pocas imágenes que quizás existan de la movilización del MED, para decirles que no tiene nada que ver con ese grupo de señores que han emitido un reciente comunicado respaldando la candidatura de Keiko Fujimori.

Afirman creer que Keiko Fujimori es “la persona que más seguridad nos ofrece para fortalecer la democracia y la estabilidad del país”, sin referir que se trata de la candidata que reivindica ese periodo nefasto de nuestra historia, y que, por si quedara alguna duda, incluye en su equipo a algunos de los más prominentes alfiles –y secuaces- del dictador.

No hay que dejarse engañar por los cantos de sirena, ni caer en la ingenuidad de otros que se persignan creyendo que Castillo representa la amenaza del totalitarismo en el país, cuando quien la encarna tan desembozadamente, y es el mayor y real peligro para la democracia, es la señora Fujimori. Parafraseando al buen Guillermo Giacosa, no sé si Castillo hará un gobierno democrático, pero estoy seguro que Keiko Fujimori no lo hará.

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