¡Ven Espíritu de Vida! ¡Renueva a tu Iglesia!

CUBA-

Por Francisco Rodés-

El atardecer, cubierto de oscuras nubes como tenebroso manto, presagiaba tormentas;  así fue el final de un esplendoroso día de verano. Mi vista se extasió en la contemplación de la lejanía, cuando mis ojos captaron la visión de una bandada de palomas volando presurosas, realizando caprichoso giros,  pero en perfecta formación. Me hizo preguntarme, ¿cómo lograban ese vuelo tan concertado, tan unido, aún en aquella tarde de oscuros nubarrones? No parecían atemorizarse, no se separaban; tal vez un instinto de unidad les daba valor y confianza.

Los seres humanos también, al enfrentar tiempos oscuros, atemorizantes, buscamos mas que nunca sentir la presencia, el apoyo de los semejantes. En el día de hoy recordamos a aquella primera comunidad de seguidores de Jesús que enfrentaba un momento difícil, su Señor, su Maestro se había despedido y partido a la compañía del Padre. Ahora tendrían que aprender a vivir sin su presencia, tenían, además, una sagrada encomienda, un compromiso de que el movimiento iniciado por Jesús debía no solo sobrevivir sino  extenderse por todo el mundo. Contra viento y marea, aquella tarea sobrehumana tendría que realizarse.

Un desafío más les dejó el Cristo, no debían de irse de Jerusalén hasta haber alcanzado la promesa que él les dio. ¿Permanecer en Jerusalén, la ciudad donde fue crucificado, cuyas calles vieron a los discípulos esparcirse, esconderse en puro pánico? Es difícil esperar cuando uno está incómodo, rodeado de enemigos, cuando nos sentimos en tierra extraña.  Así pasaron aquellos días reunidos, “Todos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María, la madre de Jesús y sus hermanos”  (Hechos cap. 1.14). La oración les daba fuerza para estar unidos y resistir.  Igual que ahora, a pesar del distanciamiento, estamos unidos resistiendo y perseverando en oración. La pandemia es una escuela de oración.

Pero la finalidad no es solo resistir, sino abrirnos a un momento nuevo. Y ese momento nuevo llegó durante la fiesta judía de Pentecóstes, tiempo de acción de gracias por las cosechas. Mientras oraban algunos fenómenos físicos y otros espirituales ocurrieron. Un ruido ensordecedor que les hizo pensar en un viento muy fuerte. Se percibieron como lenguas de fuego sobre las cabezas de todos los reunidos. El ruido los habrá atemorizado, el fuego sagrado les despertó. El fuego es poder que se esparce, que purifica, que transforma. Era la señal de la transformación de aquellos humildes galileos, en instrumentos de Dios. Así quedaban empoderados para salir del miedo y el encierro, de abrirse al mundo con un mensaje liberador.

Pronto se había reunido una multitud de curiosos. Por cierto la ciudad estaba llena de peregrinos judíos y simpatizantes venidos de todos los rincones del imperio romano a la fiesta de Pentecostés. Y sorpresa de todos, el mensaje de amor y de vida podía ser entendido en las diferentes lenguas que allí se hablaban. La señal del inicio de la misión mundial de la Iglesia había resonado, una misión que incluye a todos y todas, un nuevo lenguaje de amor y de inclusión que se entendía. La esperanza de la unidad que es diversa en su colorido, que no excluye a nadie, ahora se hace realidad en Pentecostés. La Iglesia de Dios no puede ser secta cerrada y excluyente, es la expresión del amor universal de Dios.

Bien cierto es el canto que tanto nos gusta, “Dios nos llama a un momento nuevo, a caminar junto con su pueblo, ven entra en la rueda con todos, tú eres muy importa, Solo y aislado ninguno es capaz”. Hoy el mundo necesita una comunidad de amor y de reconciliación, de perdón y de paz. Felizmente no estamos solos para realizar este sueño, estamos revestidos del poder del Espíritu Santo, quien nos capacita, pone palabras en nuestros labios, llena nuestro corazón de paz, nos libra de nuestros temores y ansiedades. Solo tenemos que dejar a un lado nuestro ego, “no vivo ya yo, sino que vive Cristo en mí” (Gálatas 2.20), dejar nuestra soledad y volar, al igual que las palomas, en armonía y unidad, en medio de la oscuridad y la tormenta. ¡Ven Espíritu de Vida!!Renueva a tu Iglesia! Amén.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *