Mesa de Diálogo Interreligioso de La Araucanía, oportunidad inclusiva para la paz

Pastores metodistas, Benjamín Rodríguez y Jaime Medina, de izquierda a derecha (Voz del Sur)

CHILE-

Una importante instancia que engloba a diversas creencias en la región de La Araucanía, es la Mesa de Diálogo Interreligioso para la Paz, en la que confluyen, entre otras: budistas, judíos, cristiano católicos, musulmanes, cristiano protestantes y bahaíes, cuya presidencia rotatoria le corresponde al pastor metodista, Jaime Medina. El mensaje que subrayan desde la Mesa de Diálogo Interreligioso para la Paz en La Araucanía, que es el identificativo íntegro de esta instancia, es entregado por el pastor Jaime Medina, quien explica que los integrantes llaman a tener fe, y agrega “A creer que es posible una región distinta, una región inclusiva, una región donde no nos miremos con desconfianza”.

Esta convergencia de voluntades funciona desde hace más de seis años, a través de una presidencia mensual intercalada por diferentes credos, y que durante 2021 le ha correspondido llevarla  al pastor Medina, quien, a propósito de la situación que se vive en La Araucanía, abordó distintas temáticas que rescatan y reflejan, tanto el trabajo de la Mesa como su dinámica, a fin de promover el diálogo y el entendimiento entre las creencias y filosofías que la componen.

Medina sostiene que la Mesa se encuentra en un proceso de fortalecimiento, de estrechar vínculos, y también “de retroalimentarnos a partir de comunidades de base, donde estamos, precisamente, para contribuir al diálogo y la buena relación que debe haber en la sociedad con los temas que tenemos acá, que son temas álgidos, como es el tema de la violencia en nuestra región”. Agrega que la Mesa quiere ser un aporte, “porque consideramos que cuando la región sufre, sufrimos todos; aquí no hay católicos, ni musulmanes, ni budistas, aquí sufrimos todos, entonces, para ello, necesitamos de un espacio de diálogo a toda esfera, y también, entender que este es un proceso que vamos a hacer en conjunto, y todo eso es necesario”.

Sobre el rol del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, acota que hace un tiempo atrás las universidades, sus rectores, el obispo de la iglesia Católica llamaron a apoyar la iniciativa noruega que viene, “no se si ayudar, pero sí a acompañar el proceso de diálogo, y nosotros en la Mesa estamos pensando que eso tendríamos que fortalecerlo, pero, también, creemos que aquí no basta la intelectualidad”, y especifica que “esto tiene que nacer de abajo también, y, personalmente, pienso que aquí faltan las voces de las comunidades, de la gente, que está sufriendo por la pandemia, de los que están cesantes, los que están allegados, los que no tienen casa, los que perdieron el trabajo. Entonces, eso es un tema que tiene que abordarse como región, para ayudar a crear confianzas”, agrega el pastor.

Sobre las formas de entendimiento para llegar a la paz, Jaime Medina releva que hay experiencias muy interesantes que se han dado en la propia Mesa. Por ejemplo, añade, “Nosotros en la Mesa hemos visto una muy buena relación entre la comunidad judía y la comunidad musulmana, y que no hay conflictos ahí, y se habla plenamente en un ambiente muy acogedor, y si los musulmanes, por ejemplo, son capaces de ponerse de acuerdo en una Mesa con los judíos, para conversar temas comunes, qué nos hace falta a nosotros para avanzar en eso. En la Mesa, por ejemplo, también hay experiencias de convivencia con nuestros hermanos católicos y los protestantes, y no tenemos problemas nosotros, porque aquí se trata de tener paz social, pero, por sobre la base de la confianza, mirarnos a la cara, de valorarnos y respetarnos mutuamente.

Sobre este punto, el pastor metodista lamenta la desconfianza existente en la sociedad, pues, agrega “…es lo que tenemos que volver a construir nuevamente sobre lineamientos éticos y sólidos, es decir, el descrédito que hay en el mundo político, el descrédito que hay en las Fuerzas Armadas, el descrédito que hay en Carabineros; por los dineros y todas esas cosas, y el descrédito que hay hacia el mundo religioso; por el abuso que hemos hecho de nuestros roles, ha hecho mucho daño. Hay una sociedad muy herida que está muy desconfiada. Medina despeja en tal sentido “Entonces, desde el punto de lo que nosotros vemos, aquí todos tenemos que aportar, todos, y aquí todos nos necesitamos”.

El mensaje que subrayan desde la Mesa de Diálogo Interreligioso para la Paz en La Araucanía, que es el identificativo íntegro de esta instancia, es entregado por el pastor Jaime Medina, quien explica que los integrantes llaman a tener fe, y agrega “A creer que es posible una región distinta, una región inclusiva, una región donde no nos miremos con desconfianza”. En este entendimiento, Medina complementa que es necesario alcanzar “Una región donde ir a la feria Pinto sea lo mismo que ir al moll; a la feria Pinto yo voy, me lleno de colorido y veo a todos mis hermanos mapuche comerciando, pero en el moll no están. Entonces, eso se tiene que terminar, y eso concluye con la integración; con la idea de sentir, por ejemplo, que de avenida Caupolican para el poniente no hay ninguna barrera, pero de Caupolican hacia la cordillera, tampoco. La interculturalidad debe ser un espacio abierto acá. Así que en ese sentido, nosotros abrazamos y nos alegramos de las primeras palabras del alcalde de acá (Roberto Neira), cuando pidió perdón por todo el daño causado a las ñañas que vendían en las calles. Yo creo que por ahí va esto”, puntualiza.

Medina, durante su encuentro estuvo acompañado por el pastor metodista, Benjamín Rodríguez Avendaño, quien denunció algunos de los orígenes de la problemática que afecta al pueblo mapuche. Para Rodríguez Avendaño se “debe hacer un reconocimiento de la historia, la historia no contada, y también, las distintas políticas que se han ido aplicando, la mayor parte de ellas, erradas”. Señaló “Esto de anexar, esto de las reducciones indígenas, redujeron a las personas; 9 millones de hectáreas terminan siendo 40 mil para el pueblo mapuche, y a cada familia mapuche se les daban 10 hectáreas, pero, a cada colono que venía de Inglaterra, se le daban 25 hectáreas a cada varón, es decir, eran tratados de otra manera, y terminamos con ciudadanos de primera y segunda clase, y como dice la historia mapuche, los mapuche se empobrecieron cuando los campesinizaron, pues ellos no eran campesinos” sostuvo. 

Fuente: Voz del Sur

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