Nota de CONIC: preocupación con contexto polarizado y belicoso

BRASIL-

“Vi, la opresión de mi pueblo en Egipto, y los oí gritar bajo los golpes
de los jefes de la corvée. Sí, conozco sus sufrimientos”.
(Ex 3.7)

El Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil (CONIC), se une a las voces de líderes e instituciones democráticas que expresan su preocupación por el contexto polarizado y belicoso previsto para el Día de la Independencia. Nos referimos a la iniciativa del Consejo Nacional de Derechos Humanos que solicitó a las Naciones Unidas y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el seguimiento de las manifestaciones del 7 de septiembre para denunciar las violaciones de los derechos humanos de las personas y organizaciones que defienden la democracia. Asimismo, destacamos la alerta y la preocupación de personalidades académicas y políticas internacionales de las consecuencias de los actos antidemocráticos.

Expresamos nuestro total repudio a los líderes religiosos que utilizan su carisma para inflamar la polarización y poner a personas contra personas. La vocación religiosa exige un compromiso con la paz y la justicia, como se expresa en Mateo 5. La alianza entre la religión y el poder ha desencadenado históricamente profundos procesos de violencia. Los líderes religiosos que invocan la fe para justificar y llamar al uso de las armas y para inflamar los conflictos sociales deben adoptar esta posición en su nombre y no en el de Dios.

Hace más de seis años que Brasil está estancado económica y socialmente. Las desigualdades sociales se profundizan, nos enfrentamos a una pandemia que ha matado a casi 600 mil personas hasta ahora, debido a una total falta de compromiso de las instituciones que deberían velar por la vida y la salud de la población. Es urgente garantizar políticas públicas para atender a las personas que quedaron con secuelas del COVID-19, así como el apoyo a los huérfanos de la pandemia. También es urgente que el país vuelva a crecer. El PIB de Brasil ha promediado una tasa de crecimiento negativa del -1% estos últimos seis años (2015-2020). Este resultado se refleja en el aumento del desempleo, que alcanza a 14,4 millones de personas. El estancamiento económico se combina con la peor inflación, el aumento de los precios de los alimentos, que en julio de este año comprometió aproximadamente el 62,95% del salario mínimo neto. A modo de comparación, en los seis años anteriores, entre 2009 y 2014, el PIB de Brasil creció una media del 2,8%, lo que es muy poco teniendo en cuenta un país que lleva más de 40 años sin poder salir de su condición de renta media.

En la ciudad de Brasilia, frente al STF, acompañamos diariamente las peregrinaciones y los rituales de los pueblos indígenas, que viven la tensión entre garantizar el derecho a su territorio o perderlo. Nuestros problemas son la confrontación con el racismo estructural, la falta de soberanía, la ausencia de seguridad alimentaria, camuflada por la polarización entre comprar un fusil o comprar frijoles.

Necesitamos urgentemente una agenda política y económica soberana para construir soluciones colectivas para nuestro desarrollo económico inclusivo y sostenible. Este debate es esencial para un proyecto de nación. Brasil es un gran ejemplo de cómo la suma entre la riqueza y la desigualdad da lugar a la pobreza. Las inversiones sociales en sanidad y educación no son un gasto ni un despilfarro, sino quizá una de las inversiones más rentables. Un estudio del Banco Mundial de 2018 señala que los rendimientos obtenidos por las inversiones en educación son elevados. Por cada 100,00 BRL invertidos por el Estado en educación se estima un retorno de 110,00 BRL.

En este sentido, la mayor autocrítica que pueden hacer las élites brasileñas es contribuir a la construcción de un proyecto de nación orientado a fortalecer la educación y la salud públicas y universales, el crecimiento económico, la reducción de las desigualdades y la sostenibilidad ambiental.

Los movimientos sociales, populares, indígenas, ecologistas, de mujeres y negros llevan muchos años indicando alternativas para salir del círculo vicioso que nos lleva siempre al mismo lugar: concentración de la riqueza y el lujo para las élites a costa del desempleo, la destrucción del medio ambiente, el racismo y el hambre.

Vislumbrar la esperanza de Brasil requiere necesariamente lo que profetizó el profeta Amós: que el justo no se venda por dinero, que el indigente no se venda por un par de sandalias, que la cabeza del débil no sea aplastada en el polvo de la tierra y que la vida del oprimido no se haga imposible (Am 2,6-8).

Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil – CONIC


Otras iglesias históricas que también se han posicionado con fuerza:

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