La necesidad de una política del Vivir Bien

BOLIVIA-

Nelson Gutiérrez Rueda

La política moderna se caracteriza por un deseo irrefrenable de poder, esto condice con el monoculturalismo, el cual lleva en última instancia a una especie de supra-culturalismo donde caben ideas tan descabelladas como la existencia de una cultura o idioma desde la cual se comprenda todas las demás culturas o idiomas del mundo entero, así para el primer Wittgenstein por ejemplo el inglés sería el idioma más racional del mundo. Pero también la versión saussureana del estructuralismo direccionó su interpretación del universo en la idea de que el lenguaje está antes que todo, incluso antes que la vida. La búsqueda de un lenguaje universal y más racional también fue un proyecto del nacional socialismo de Adolf Hitler con consecuencias ya conocidas por todo el mundo. En América Latina, se ha dado del mismo modo un proyecto de homogenizar a todas las culturas, entendiendo sólo una cultura (la occidental) como la más racional, en el fondo esto sólo se basa en el asalto al poder mundial que Anibal Quijano le llama justamente la colonialidad del poder.

Sólo un rasgo de esta política moderna, justifica que desde Bolivia se esté visualizando la necesidad de una política del Vivir Bien, que tome muy en serio el “pensar desde los pueblos indígenas” y que por ello sea una contrapropuesta a los procesos de modernización y de globalización cultural. En principio, porque la modernidad y sus epígonos se abocaron a la dominación monocultural, intentando homogenizar a los pueblos del mundo como fue la amarga experiencia histórica que los pueblos del Abya Yala sufrieron frente al proceso de invasión colonial. Este es un problema tan profundo que hoy en día sigue manteniendo sus consecuencias, por ello un eje importante a discutir es justamente la “descolonización”. 

El sentido de la acepción de “vivir bien” está presente en diferentes épocas de la historia de los pueblos, pero por causa del colonialismo actual es difícil reconocer dado que estamos todavía atravesados colonialmente, de tal forma que el horizonte actual es sólo una burda alienación cultural. Por ejemplo, es el caso del uso del sentido de Suma Qamaña realizado por autores incluso bolivianos, que a nombre de los pueblos aymaras indicaron que este Suma Qamaña era una traducción del “desarrollo”, en el fondo lo único que pretendían era encajar la ideología del desarrollo en el mundo rural indígena, esto a favor de las agencias de cooperación internacional pertinentes al proyecto de globalización de los años 90’s del siglo pasado o en todo caso para el neoliberalismo mundial y por ello tendían a homogenizar o monoculturalizar al mismo pueblo aymara, partiendo de la misma pretensión de dominio y control que proviene de la política moderna. Por ello, plantear el cambio o transformación es hoy en día un camino pedregoso, en el que se debe siempre estar en constante diálogo con el pueblo y su vida cotidiana y mantenerse al día en la discusión a nivel internacional porque es un tema que está presente cada vez más en las distintas academias a nivel mundial, se constata por ello una tendencia a incrementar la preocupación global sobre este tema. Como lo había indicado también Aníbal Quijano, que para fin del siglo XXI todo el mundo tenderá a reconocerse indígena, porque los pueblos son milenarios, mientras que la modernidad solo lleva unos siglos de dominación, en todo caso la mentira tiene patas cortas. 

La política del Vivir Bien, es el “a propósito” de defender la Vida. Por ello involucra a todas las culturas del mundo, pero no intentará dictarles o adoctrinarles en cómo deben vivir, sino será parte de la recuperación de la Vida en su nivel plural, por ello hay una dimensión incluso espiritual en esta propuesta. Para muchas de las culturas milenarias, en ese sentido, la forma de relación era -y es todavía- comunitaria, esto sin embargo no tiene absolutamente ninguna vinculación al comunismo del siglo XX que es parte de la política moderna, más por el contrario en la vida comunitaria el “poder” no puede ser sino algo que circula, algo que además se adeuda y está subordinado a la naturaleza, a la Pachamama, al pueblo, el poder debe servir para un fin mayor, que es la búsqueda del equilibrio y la armonía, lo que podría traducirse en una nueva propuesta de política a nivel mundial.  

El autor es Antropólogo e investigador

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