Lecciones de las elecciones. Volver a mapear

CHILE-

Diego Ramos-

En esta etapa política de la región, hay cambios muy importantes en la configuración del campo popular. La disputa entre las diferentes fuerzas políticas por ver quién se queda con éste es pareja. Este dato es ineludible, especialmente para las fuerzas políticas que tradicionalmente se consideraban exclusivo de dicho campo.  No cabe duda que la fuerza política con mayor creatividad, pedagogía y empatía política es quien está logrando captar la atención de los enojos de los diferentes sectores de la sociedad, que comienzan a moverse en varias direcciones de “preferencia” electoral tratando de descomprimir su descontento. ¿Son suficientes los relatos por la cooptación utilizada en las campañas electorales y fuera de ella? Lo que queda en claro es que las sociedades están dando lecciones en cada elección.

Donald Trump, en Estados Unidos, no pudo reelegir en 2020, Lenin Moreno duró un periodo como presidente en Ecuador y el “favorito” Rafael Correa representado por  Andrés Arauz fue derrotado en las elecciones presenciales del 2021. La misma suerte de Trump experimentó el ex presidente Mauricio Macri quién no logró su reelección en 2019 superado por la fórmula Fernández – Fernández. Recientemente las elecciones presidenciales en Chile, con todo el antecedente de las grandes movilizaciones por equidad, dignidad y libertad que marcaban un cambio inevitable, hoy los resultados expresan que habrá segunda vuelta, colocando al derechista José Antonio Kast primero, seguido por José Gabriel Boric, quien “representa” todo ese movimiento de cambio en Chile. La sorpresa de la jornada es el economista libertario Franco Parisi, quien reside en Estados Unidos y ni siquiera ha viajado a Chile para las elecciones, acumulando el 12,99% de los votos, de acuerdo al último conteo oficial. ¿Qué otras lecturas hay que hacer más allá de derecha y de izquierda? ¿Sobre qué bases se está exigiendo que dialoguen a todo el arco político? 

En las PASO  (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) de septiembre último, en Argentina, los oficialistas  que se proclamaban triunfadores fueron derrotados y, los que se consideraban vencidos fueron ampliamente ganadores, ninguna fuerza política esperaba el resultado obtenido. Previo a las elecciones generales del 14 de noviembre, los que habían logrado un porcentaje amplio en las PASO sobre las demás fuerzas, sostenían que mantendrían e incluso aumentarían la adhesión, el oficialismo por su lado confiaba revertir dichos resultados. Lo números los tenemos a la vista ¿qué estrategia montaron las diferentes fuerzas políticas en plena campaña electoral? Los imaginarios sociales y la construcción de los mismos fueron exhibidos como nunca por las diferentes expresiones políticas: después del 14 de noviembre la oposición profetizaba una gran crisis de gobernabilidad (nada de eso ocurrió), el oficialismo salió expresando “perdimos, pero ganamos” ¿alguien duda que entraron en los imaginarios sociales con picardía política?  Analizando números concretos, hay casi un 30 % del padrón que no fue a votar, esto sugiere pensar que hay un electorado enojado: hay votos que fueron a opciones de derecha como en CABA, y hay otros que como en las PASO de Jujuy dieron un record de voto histórico de la Izquierda. La lección sería que, más allá de una sociedad enojada, aún apuesta al sistema político y cree en la democracia. Pero, sigamos complejizando el mapa; el peronismo perdió en 18 de las 23 capitales provinciales, lugares en donde se concentra la clase media; en provincia de Buenos Aires el senado provincial está más oxigenado por los resultados, no así el Frente de Todos que quedó sin cuórum propio en la Cámara Alta. ¿Qué capacidad tenemos la dirigencia política de poder advertir las lecciones que nos quiere expresar la sociedad argentina en sus diferentes expresiones?

Mas justicia, más política, más distribución son los desafíos que nos quedan en la Argentina de hoy. Necesitamos recuperar la autocrítica. Salir del nicho del auto censura por parte de toda la dirigencia política será un buen síntoma para la madurez democrática y de sus instituciones. Las expresiones políticas están entrampadas en las metáforas, en los relatos posmodernos: optan por el pluralismo (como relato) pero al mismo tiempo por el relativismo (como praxis), transitando en la indiferencia hacia cualquier tipo de verdad, u ocultamiento de las mismas, refugiándose en sus propias trincheras, sin proponer la salida de una política alternativa. Las sociedades cada vez más proponen principios en contra de la cultura política, por ello no es casualidad que las principales fuerzas hayan recurrido a esquemas religiosos, apelando al modelo de la prosperidad y al modelo simplista: echaron mano a elementos mágicos, utilizando ritos y recetas inmediatistas a sabiendas de la urgencia de la sociedad que mantienen una sensibilidad por lo concreto e inmediato. Desde el simplismo se corrieron de la objetividad de proyectos claros y concretos, lanzándose a la exclusividad de afianzar liderazgos: Cuando todo descansa en un líder, si no lo suples con alianzas, aperturas, consensos programáticos, todos se estanca.

No se puede seguir disputando el campo popular sin construir un nuevo mapa. Los cambios vienen de quienes deciden cambiar, no surgen siempre desde abajo hacia arriba. Y no siempre que vienen de abajo son buenos. Lo sabemos por experiencia. Lo sabemos perfectamente, más allá de que nuestras propias matrices ideológicas, allí donde no son matrices políticas, no nos deja ver algo tan elemental. Suponemos que la sociedad está abajo y el Estado está arriba. Y no necesariamente es así. El poder es complejo. No es un ascensor. Hay que pensar cual es nuestra idea de cambio, de cambio democrático y ver qué significa eso en relación a las expectativas que tenemos de todos los distintos sectores. Esto supone buscar maneras de comprender la sociedad y los procesos políticos en toda su complejidad.  No supone abandonar ni desconocer el valor y el sentido de la participación de las mayorías, ni supone un todo vale ético. Pero sí exige una mirada más rigurosa sobre la idea de cambio, sobre el sentido político del campo popular y de la práctica democrática. Ni basismo, ni esencialismo. La sociedad ya nos dio una lección.

           El autor es Politólogo argentino

Imagen: Gobierno de Chile

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