Algunos comentarios sobre el mensaje del obispo de Arauca en respuesta a la crisis humanitaria de la región

COLOMBIA-

Por Miguel Estupiñán-

Conocidas las noticias de las confrontaciones armadas entre grupos insurgentes presentes en la región de Arauca, el obispo de esta Jurisdicción, monseñor Jaime Abril González, en un comunicado manifestó su preocupación ante estos hechos que agudizan la crisis humanitaria y social que por décadas allí se ha vivido.

Lamentó que una vez más sea la población civil la que salga afectada, por lo que expresó su cercanía y solidaridad con ellos. Además, exigió a quienes generan esta violencia dejar por fuera de estas confrontaciones y hostilidades a las comunidades.

Hizo un llamado a “serenar los espíritus, «pensar con cabeza fría», mirar el bien común y no dejarse llevar por un torbellino de violencia que nunca se sabe qué más consecuencias pueda generar“. Igualmente, exhortó al diálogo como camino para superar las diferencias “poniendo como base fundamental la verdad y claridad de los hechos“.

El prelado pidió a las autoridades se verifiquen los hechos de lo sucedido y se haga lo necesario para proteger la vida e integridad de la población civil donde se están generando estos enfrentamientos. Así como también, les solicitó se establezcan planes de contingencia y ayuda humanitaria donde sean necesarios.

Algunos comentarios sobre el mensaje del obispo de Arauca en respuesta a la crisis humanitaria de la región


El prelado (Jaime Abril) se inscribe dentro del grupo de obispos jóvenes que han sido enviados por el Vaticano a ejercer su rol en zonas de conflicto. Ver el caso del actual arzobispo de Tunja (antes en Catatumbo), o el de Barreto en Quibdó. Este último, de un liderazgo creciente en la CEC.


Abril es experto en liturgia. La situación de Arauca lo obliga a ponerse de cara al altar de la realidad social y lo hará experto en DIH. Ya empieza a apelar a este, ofreciendo la disponibilidad de la diócesis para la “superación de todas nuestras realidades”. Matiz.


El conflicto armado en el departamento es sólo uno de los problemas. Como dice el padre Mariño (exdefensor del pueblo a nivel regional), buena parte de la ciudadanía aparece en el registro como víctima. Pero también hay informalidad y pobreza.


De hecho, más allá del narcotráfico y de la minería ilegal en zona de frontera, los grupos armados ilegales están involucrados con la extorsión y el contrabando. El extractivismo ha sido también un factor del conflicto, al tiempo que aumenta la marginalidad.


Además del DIH, cuenta el obispo con la doctrina social de la Iglesia como herramienta. Por ejemplo, Laudato si, documento de Francisco sobre el cuidado de la casa común. Llama la atención que en el comunicado el prelado privilegie las referencias a Pablo VI y a Juan Pablo II.


A través de la referencia a este último, la diócesis lleva años encarnado la devoción a la patrona de Polonia, como motivación a la esperanza: la necesaria sanación de las heridas que a diario se abren en la región por cuenta de la violencia. Me refiero a la morenita del Piedemonte, cuya cara aparece con cicatrices en la imagen. Una advocación a la que se le construyó un santuario en Fortul. 


De modo que también Abril sabe (y así lo ha manifestado) que la violencia es solo uno de los problemas de Arauca. Esta se alimenta de otros en una larga lista, que ya estaba presente cuando cayó muerto su antecesor, monseñor Jaramillo.


Aquí mi nota sobre la dificultad para la construcción de memoria histórica en torno a este personaje, debido a la persistencia del conflicto armado: https://www.elespectador.com/colombia-20/conflicto/la-muerte-de-monsenor-jesus-emilio-jaramillo-un-dolor-mudo-en-arauca-article/


Hubo un tiempo en que el ELN prohibió actos en recuerdo de este obispo asesinado, entre otros, por Pablito (según ha revelado @InSightCrime_es). Impedir la memoria, otra de las heridas abiertas en la región.


Ahora monseñor Abril refiere nuevamente a Jaramillo, en su intento por hacer llegar su voz de cercanía a quienes más directamente están sufriendo el impacto de la guerra. 


“No están solos, estamos con ustedes”, manifiesta el prelado, al tiempo que trasmite una exégesis en perspectiva de paz, sobre el relato bíblico de la navidad. En el pesebre nace también una esperanza para quienes buscan que brille la paz y la reconciliación.


A los responsables del derramamiento de sangre les pide el obispo “explorar caminos de acercamiento y de diálogo”; pensar en el bien común y en el bien también de ellos, actores armados.


Al Gobierno, el obispo pide una respuesta “mucho más integral” ante la situación; acciones más eficaces y reales. Se suma, así, el prelado a quienes en Arauca exigen mucho más que destacamentos militares. La militarización no ha sido garantía de seguridad a lo largo de los años.


“Ojalá nos brillen tiempos mejores”, añade monseñor Abril, dirigiéndose principalmente a quienes se sienten con temor y riesgo. También la Iglesia está expuesta. Líderes religiosos prefieren no ser citados en los informes periodísticos. Pero su jefe pone la cara. Está presente.


Y esto hay que valorarlo. En el conjunto del episcopado colombiano hay quienes no han temido asumir una decidida actitud en favor de la paz. A ellos se suma ahora Abril, abrazando la defensa de los derechos humanos como parte de su ministerio.

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