“Laicidad positiva”: la visión vaticana a 30 años de los cambios constitucionales en México

MÉXICO-

El derecho a la libertad religiosa en las sociedades modernas demanda un comportamiento laico al Estado, a los poderes públicos, para establecer la equidad y no favorecer a ninguna confesión en especial ni a una comunidad religiosa en lo particular, aun si ésta es mayoritaria.[1]

Bernardo Barranco

Con escasa publicidad y unos cuantos medios periodísticos que dieron cuenta de ello,[2] se llevó a cabo la conferencia “Laicidad abierta y libertad religiosa: una visión contemporánea”, patrocinada por el gobierno federal y la embajada del Vaticano (puesto que decir Nunciatura Apostólica no aplica, históricamente, para el caso mexicano), para celebrar los 30 años de la reanudación de relaciones diplomáticas entre México y ese país.[3] El evento que tuvo como sede el patio colonial de la Antigua Facultad de Medicina, donde también se ubicó la Inquisición, fue disfrazado como un “Encuentro académico y conmemorativo”. El invitado principal fue el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, y se contó con la presencia del canciller Marcelo Ebrard, Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), y del cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado.

Otra manera de referirse a lo sucedido hace tres décadas consiste en afirmar que en esa fecha se aprobaron los cambios constitucionales (de los artículos tercero, quinto, séptimo, 27 y 130) que otorgaron personalidad jurídica a las iglesias (y demás religiones) bajo la figura legal de Asociaciones Religiosas, acontecimiento que ha sido destacado por estudiosos/as y conocedores del tema. Dicho suceso aconteció luego de largas décadas de simulación en las que el clero católico-romano presionó incesantemente a los gobiernos de turno para obtener su reconocimiento, incluso con un infausto conflicto armado a fines de los años 20 del siglo pasado, la llamada Guerra Cristera.

La subsecretaria de Relación Exteriores, Carmen Moreno Toscano, dio a conocer un artículo en el que realzó, de manera un tanto segada, los “beneficios” de estos años de nueva relación diplomática:

Los vínculos entre México y la Santa Sede presentan características particulares, por la naturaleza sui géneris de la Sede Apostólica [sic], la importancia del catolicismo en México, y los principios de laicidad y de separación del Estado mexicano y la Iglesia.

En este marco, a lo largo de estas tres décadas hemos construido una relación respetuosa, basada en valores comunes y en acciones conjuntas para impulsar el respeto a los derechos humanos y los mecanismos de protección para los más vulnerables.[4]

Se entiende que una alta funcionaria se exprese así, a fin de agradar a sus interlocutores y mostrarse como políticamente correcta, pero lo cierto es que, antes, durante y después de la fecha en cuestión, la abierta actividad política de las cúpulas clericales ha tratado de influir, de una manera o de otra, para que el gobierno mexicano siga administrando privilegios a la Iglesia Católica, con base en su presencia numérica en el país, a contracorriente de la cada vez más visible (y vivible) pluralidad religiosa. En esa línea, el diario oficial Vatican News destacó particularmente el texto de Parolin, quien modificó el tema de la reunión y expuso acerca de la “laicidad positiva” y afirmó que “el cristianismo ‘no es simplemente un culto que afecta la esfera privada de una persona, sino una fe que transforma la manera de interactuar en la vida y en la sociedad’. De hecho, recordó que, a lo largo de los siglos, el Evangelio ha inspirado la filosofía, la política, el derecho o la economía y que la doctrina cristiana ha contribuido a la visión política y económica de las sociedades democráticas de hoy con conceptos como el de la liberación de toda forma de esclavitud, garantizar la justicia social o el concepto teológico de persona y de su sacralidad”.[5]

Parolin (quien vivió en México entre 1989 y 1992) agregó, en el mismo sentido de cuestionar las características de la laicidad, que la denominada “laicidad positiva” consiste en “superar la posible tentación de eventuales incomprensiones entre el Estado y la Iglesia al reconocer mutuamente el papel y los valores que cada uno está llamado a ofrecer en la sociedad” (énfasis agregado).[6] Acotar, de esta manera, una realidad social, política y jurídica que ha costado tanto esfuerzo establecer en este país, muestra una vez más los impulsos integristas que el Vaticano está reciclando nuevamente llevada por el deseo de recuperar la inmensa influencia que ha ejercido sobre los países latinoamericanos, dentro de los cuales su interés por México es sumamente evidente.

Quizá esto se deba a que el Vaticano trata de impedir, a toda costa, que en el país azteca suceda lo que ahora mismo es una gran preocupación en naciones como Brasil, Guatemala o El Salvador, en donde la mayoría católica prácticamente se ha perdido. De ahí que el empuje neocatólico actual también ha retomado el empuje conceptual por el lado de la defensa de la “libertad religiosa”, tal como lo expuso Parolin: “…enfatizó la importancia de la libertad religiosa para que la Iglesia pueda cumplir su función pastoral. Remitiéndose a la declaración Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II […] reiteró que la Iglesia católica reconoce que la libertad religiosa es un derecho humano fundamental que brota de la dignidad de la persona humana, de la naturaleza profunda de cada ser humano y, por lo tanto, protege la necesaria libertad psicológica y de conciencia d toda persona”. Retomó las palabras del papa Josef Ratzinger en las Naciones Unidas, en 2008, cuando señaló que “no se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la religión”.

Como parte de las alusiones históricas trabajadas a su modo, no dejó de referirse al supuesto papel que desempeñó la imagen de la virgen de Guadalupe en los años iniciales de la lucha por la independencia del país. Para eso, citó a los obispos mexicanos: “…no fue la violencia de la espada ni la conversión forzada, sino la misteriosa atracción de María de Guadalupe la que llevó a ambos pueblos y culturas, españoles e indios, a una nueva manera de comprenderse y relacionarse desde la fe en Jesucristo”. También hicieron uso de la palabra los prelados Aguiar Retes y Cabrera López.

En su turno, el canciller Ebrard destacó “la coincidencia de posturas” de ambos países en el ámbito internacional y agradeció a la cúpula católica su apoyo durante la pandemia: “‘Una participación destacada, decidida y desinteresada que permitió salvar muchas vidas’, dijo el diplomático al reiterar que este tipo de acciones conjuntas son un reflejo concreto de las relaciones entre la Iglesia y el Estado mexicano”.

Bernardo Barranco (quien en días pasados dedicó su programa radiofónico al aniversario en el que lo acompañó el especialista Roberto Blancarte, www.youtube.com/watch?v=Yzu4S9ZHYeI) se refirió a este evento y subrayó el énfasis de la ponencia de Parolin, en el sentido de adjetivar a la laicidad a partir de una visión ya superada de la presencia del catolicismo a nivel mundial y, especialmente en México, a la luz de los avances de la secularización. Hacer algo así, advirtió: “…es un acto de provocación política e intelectual. Los principios que rigen a una sociedad democrática y moderna son el respeto a la pluralidad, la tolerancia y el acatamiento al régimen de libertades”.[7] Al inicio de su artículo, observa: “Llamó la atención que casi todas las intervenciones de personajes católicos que hicieron uso de la voz en el acto que conmemoró el trigésimo aniversario del restablecimiento de las relaciones entre México y la Santa Sede, reivindicaron una laicidad positiva y laicidad abierta. Como si la laicidad fuera negativa y cerrada” (énfasis agregado) […] La laicidad es, ante todo, un instrumento jurídico de convivencia en sociedades modernas. Nunca ha sido antirreligiosa”.

Finalmente, explicó el origen de esta adjetivación tan tendenciosa:

El origen de la laicidad adjetivada está en Benedicto XVI, quien el 9 de diciembre de 2006, ante la Unión de Juristas Católicos Italianos, reflexiona sobre la creciente hostilidad antirreligiosa, propone la redefinición de una “sana laicidad”, definiéndola así: “La sana laicidad implica que las realidades terrenas ciertamente gozan de una autonomía efectiva de la esfera eclesiástica, pero no del orden moral”. Por tanto, la Iglesia en el espacio público debe defender y sostener sus convicciones morales. Ser portadora e imponer sus certezas sobre el matrimonio, el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, las parejas igualitarias. Para ello, necesitan mayor libertad religiosa; una libertad sana, abierta y positiva.

Y remató, certeramente, con un apunte directo hacia las preocupaciones católicas de la más reciente actualidad: “Es innecesario rebautizar la laicidad. La decadencia católica no está en redefinir la laicidad ni ampliar la libertad religiosa de la Iglesia católica, sino en los desafíos de la secularización de la cultura. A 30 años de los cambios constitucionales y del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Vaticano, la secularización es el tema determinante en el futuro del catolicismo”.

Quien esto escribe, testigo directo (desde el protestantismo histórico latinoamericano) del proceso que desembocó en los cambios constitucionales de hace 30 años, puede dar fe de los interminables intentos del catolicismo oficial por minar los avances de la laicidad en un país que no ha logrado sacudirse del todo, a estas alturas, de sus supuestos privilegios para seguir redefiniendo la “identidad cultural” de una sociedad plural e irreversiblemente respetuosa de todas las formas en que se encarna la fenomenología religiosa.[8]


[1] B. Barranco, “Por una laicidad sin adjetivos”, en La Jornada, 11 de mayo de 2022, www.jornada.com.mx/2022/05/11/opinion/014a1pol.

[2] Cf. “Llega a México cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano”, en El Universal, 24 de abril de 2022, www.eluniversal.com.mx/nacion/llega-mexico-cardenal-pietro-parolin-secretario-de-estado-del-vaticano; Héctor Figueroa, “Cardenal se reúne con políticos previo a conmemoración de relaciones México-El Vaticano”, en Excélsior, 27 de abril de 2022, www.excelsior.com.mx/nacional/cardenal-parolin-se-reune-con-politicos-previo-a-conmemoracion-de-relaciones-mexico-el; Diana Benítez, “AMLO recorre réplica de la Capilla Sixtina con Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano”, en El Financiero, 26 de abril de 2022, www.elfinanciero.com.mx/nacional/2022/04/26/amlo-recorre-replica-de-la-capilla-sixtina-con-pietro-parolin-secretario-de-estado-del-vaticano/.

[3] Alina Tufani Díaz, “Parolin en México. Abrir nuevos espacios de diálogo entre Iglesia y Estado”, en Vatican News, 27 de abril de 2022, www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2022-04/parolin-mexico-nuevos-espacios-dialogo-entre-iglesia-estado.html.

[4] Carmen Moreno Toscano, “Treinta años de relaciones entre México y la santa Sede [sic]”, en El Universal, 26 de abril de 2022, www.eluniversal.com.mx/opinion/carmen-moreno-toscano/30-anos-de-relaciones-entre-mexico-y-la-santa-sede.

[5] A. Tufani Díaz, op. cit.

[6] A. Tufani Díaz, “Parolin en México: Desafiar las ideologías que pretenden suplantar los valores evangélicos”, en Vatican News, www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2022-04/parolin-mexico-desafiar-ideologias-pretenden-suplantar-evangelio.html.

[7] B. Barranco, op. cit.

[8] Cf. Roberto Blancarte, Laicidad en México. México, UNAM/Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2013 (Colección de cuadernos Jorge Carpizo, 37, https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/7/3325/2.pdf.

Foto: https://siete24.mx/

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