Roe vs. Wade: Diversidad no es garantía de progresismo

ARGENTINA-

Por Federico Mare-

Hace medio siglo, allá por enero de 1973, una Corte Suprema de los Estados Unidos all-men, íntegramente formada por varones, en la cual, además, ocho de los nueve magistrados eran blancos (gerontes de «raza caucásica» con apellidos de «respetabilísimo» origen anglosajón o norteeuropeo), proclamó, al dictar sentencia en el caso Roe vs. Wade, que el aborto es un derecho constitucional para todas mujeres.

Hace apenas unas horas, en pleno siglo XXI y en plena posmodernidad, el mismo órgano colegiado, con una membresía mucho más diversa y multicultural que antaño –y mucho menos gerontocrática en su promedio de edad– revocó aquel veredicto. Entre los seis votos «provida» hay una mujer, un negro de la sufrida minoría gullah, un ítaloamericano con humildes ancestros inmigrados desde Calabria y Basilicata, y dos descendientes de irlandeses sin ninguna prosapia aristocrática: Amy Coney Barrett, Clarence Thomas, Samuel Alito, Brett Kavanaugh y John Roberts, cinco jueces de fe católica. Vale decir que la gran mayoría de lxs chupacirios retrógradas que han conculcado el derecho de las estadounidenses a interrumpir voluntariamente el embarazo no pertenecen, por una razón u otra, al canon hegemónico yanqui de la masculinidad racista y/o puritana. Únicamente Neil Gorsuch es un hombre típicamente WASP (White Anglo-Saxon and Protestant, como se suele decir jocosa o informalmente en EE.UU.).

No hay ninguna duda en relación a la ideología de quienes votaron en contra de la autonomía reproductiva de las mujeres, ya sea en mayoría (Coney Barret, Thomas, Alito, Kavanaugh y Gorsuch) o con un dictamen aparte, parcialmente disidente (Roberts, el presidente del máximo tribunal): fundamentalismo cristiano asociado a la derecha neoconservadora del Partido Republicano. De  hecho, lxs seis jueces militan en esta agrupación política. Tres accedieron a la toga suprema por gentileza de los Bush, y tres por gentileza de Trump. Moraleja de la paradoja: no hay que esencializar las identidades de género, «raciales», étnicas y etarias. Ni en el caso de las víctimas, ni tampoco en el caso de quienes pertenecen al grupo opresor o privilegiado.

Diversidad no es garantía de progresismo, algo que ya había quedado evidenciado con la política exterior del demócrata Obama, tan nefasta como la de su predecesor (Bush hijo) y peor que la de su sucesor (Trump).

Una acotación final: Thomas, el catón afroamericano de la Corte, ha dicho públicamente que ahora viene el turno de ajustar cuentas con la homosexualidad, el matrimonio igualitario y los métodos anticonceptivos, así que prepárense…

El autor es Historiador, ensayista, docente, divulgador, en la provincia de Mendoza

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