Una teología que baja

Andrés Contreras Opazo-

CHILE-

No es fácil hablar acerca de este título, ya que, a través de los siglos, ha sido enorme la cantidad de teología, de teólogas y teólogos que han aportado a la humanidad con sus saberes, con su quehacer teológico y con su apertura a construir ciencia teológica, y así, poder buscar esas nuevas epistemes que ayuden a reflexionar y hacer teología contextual para toda la humanidad, el de como buscar esas preguntas que facilitan la reflexión, el dialogo y el debate teológico. Por eso es que le debemos mucho a la historia de la teología, aunque no en toda esa teología estemos de acuerdo.

Por otro lado, hay que agradecer también a la teología el alto nivel de discurso y palabras que elevan el análisis teológico, ligándolo siempre-como ciencia-hacia la filosofía o ciencias sociales. Esta tensión con estas ciencias, no es otra cosa de observar que la teología necesita también entrar en correlación con otras miradas para abrir la discusión teológica, de tal manera de que, al momento de debatir, se obtengan distintas miradas o distintos pisos epistemológicos de un mismo constructo teológico. Así entonces, siempre será bueno el alto nivel de elocuencia en palabras que la teología genera, ya que así, se puede dialogar al más alto nivel académico.

Ahora bien, a pesar de la historia de la teología y de su alto nivel intelectual, cuando miramos a la teología bíblica, vemos a una teología de los evangelios de un lenguaje muy simple y sencillo, centrado en las miradas de un campesino de Galilea llamado Jesús, que, además, era un gran intelectual y un gran líder político-pastoral que enfrentó al imperio romano. Por consiguiente, esta simpleza reflejada en la teología de los evangelios, refleja también lo simple pero profundo de la línea de pensamiento de Jesús de Nazareth, donde su mirada apuntaba entre muchas cosas a que las aldeas de Galilea tuvieran un mejor pasar en temas de justicia, libertad, derecho y verdad. El teólogo Karl Barth afirma: “La justicia de Dios es el ¡A pesar de todo! con el que Dios se declara nuestro Dios y nos considera suyos” (Barth, 2002, p. 142).

 Esto apunta a que la teología de los evangelios, al parecer, no se queda en el balcón, sino que baja a escuchar, entender y empatizar con las clases sociales bajas y populares de Galilea, es decir, en los evangelios se analiza una teología que baja, que se acerca y tiene misericordia de aldeas vulnerables y necesitadas. Por consiguiente, se puede observar en Jesús, a un intelectual hebreo que no construye humanidad para las clases altas, sino lo hace para aquellos que como dice el evangelio “no tienen donde recostar la cabeza” (Mateo 8:20), es decir, un Jesús que quiere humanizar la humanidad, que su praxis es fruto de justicia, libertad y gracia para el ser humano caído y en vulnerabilidad. El teólogo Dietrich Bonhoeffer afirma: “La gracia cara es el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes” (Bonhoeffer, 2004, p. 16).

Así entonces, una teología que baja es buscar actualmente en el interior de la sociedad, donde esta ese núcleo o ese punto de contacto que se pueda teologizar y entrar en un análisis o reflexión teológica cercana a aquellos que la sociedad ha excluido, aquellos subalternos de pobreza extrema que, como Cristo, han sido crucificados simbólicamente por el mundo y la sociedad. Es decir, esta teología que baja hay que buscarla en todas las realidades, experiencias y seres humanos que han sido oprimidos y que no han tenido tantas oportunidades para volver a vivir, a los cuales no se les ha dado una voz política para defender sus derechos. Y es allí donde Cristo está, en las vulnerabilidades y subjetividades propias que nacen de grupos humanos en una sociedad plural, cambiante y en movimiento.

Por eso es que una teología que baja, debe ser pertinente y vinculante a estas necesidades, por consiguiente, pudiera ser bueno por un lado dejar congelado el área tan intelectual de la teología y acercarse a seres humanos en vulnerabilidad, y de esta manera, hacer praxis teológica, no solo desde los paper académicos los cuales son super importantes y necesarios para hacer ciencia teológica, pero que en una teología que baja están alejados de las realidades de extrema pobreza que viven los países de nuestra América Latina. “Por eso es que será bueno generar relecturas del Evangelio desde las realidades propias de cada continente, ciudad, pueblo, barrio, población con problemas y necesidades que suplir” (Contreras, 2019, p. 77).

Finalmente, hay que agradecer la fuerza que tienen los derechos humanos en el planeta y de como también la teología ha hecho cruces para tensionar dialécticamente a la teología con los derechos humanos, y acercarlos a una teología que baja para defender al ser humano, ya que nadie debería dañar a la humanidad, porque a la humanidad hay que escucharla, comprenderla y respetarla, y sin duda que si Jesús estuviera hoy en el siglo XXI, sería un gran defensor de los derechos humanos, pero Jesús siempre esta porque vemos su rostro en el pobre, y ese rostro es el que muchos desde la teología latinoamericana han visualizado como un rostro de un Cristo sufriente y que empatiza con el dolor humano, es decir, un rostro de Cristo que está en el interior de esa teología que baja.

Referencias Bibliográficas

Barth, K. (2002). Carta a los romanos. Madrid: Biblioteca de autores cristianos.

Bonhoeffer, D. (2004). El precio de la gracia: El seguimiento. Salamanca: Ediciones Sígueme.

Contreras, A. (2019). El Cristo holístico de la reconciliación: Hacia una mirada de la sociedad. Mauritius: Editorial Académica Española.

El autor es Magister en Educación Superior mención Pedagogía Universitaria, Postítulo en Innovación y Creatividad Educativa, Bachiller en Teología, Diplomado en Teología, Diplomado en Políticas Públicas y Territorio, Diplomado en Pedagogía Universitaria, Diplomado Formación Pedagógica en Educación Superior, Licenciado en Educación, Profesor de Música. Perteneciente a la Fraternidad Teológica Latinoamericana.

Imagen tomada de Amerindia en Red

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